<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691</id><updated>2012-02-15T22:53:51.198-08:00</updated><title type='text'>A la suerte de la olla</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>55</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-804890932340776700</id><published>2011-07-23T16:12:00.000-07:00</published><updated>2011-08-07T14:45:48.879-07:00</updated><title type='text'>Confianza</title><content type='html'>Primero fue Grecia, después España: más tarde Portugal. Cuando todos los ojos miraban a Irlanda, las malas noticias llegaron de Italia. Su economía padece de una severa crisis de confianza que afecta a sus mercados. Es un trance complejo, de difícil solución. La Europa del estado de bienestar, y de la integración regional, agoniza lentamente. Las sucesivas inyecciones de capital no llegan a atacar la enfermedad –sólo hacen más leves sus síntomas. Nadie quiere amputar, los días pasan y la gangrena avanza, inexorable. Muchos factores explican que se haya llegado a esta situación. Quiero detenerme en uno de ellos, que excede a esta crisis puntual. Me refiero a la falta de confianza: esa reacción tan humana, que amenaza toda relación social. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo definir a la confianza sin recurrir a otros términos, tan escurridizos como ella? Tener la seguridad o la certeza de algo, no es lo mismo que confiar. Cuando confiamos, a lo más creemos o esperamos algo -y en la mayoría de los casos, lo creemos o lo esperamos de alguien. Al depositar nuestra confianza en otra persona, tan falible como nosotros, aceptamos ese ineludible margen de error que acompaña a todo hecho humano. Lejos del reino de las certidumbres, la confianza habita en el bosque de las posibilidades. En ese contexto, ¿por qué tenemos la necesidad de confiar? Vivimos en un mundo incierto, que hiere nuestros sentidos a diario. Para sobrevivir en este ambiente hostil, requerimos de otros. Por eso todos pertenecemos a un grupo, lo sepamos o no –lo queramos o no. A nuestra propia fragilidad, se une la de nuestro entorno: ya no el terruño, sino ese mundo virtual que nos acerca y nos aleja de todo, y de todos. El efecto mariposa no es un simple proverbio chino o una teoría esotérica, es hoy una realidad. Esto explica que las agrupaciones que conforman la densa red de nuestra hiperconectada sociedad actual, no respondan a los patrones de antaño. Y, sin embargo, todas estas agrupaciones parten de la misma creencia. Todas se basan en la confianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorprende que nuestra vida social se fundamente en algo tan frágil. Son innumerables las relaciones de pareja o amistad, profesionales o comerciales, y por cierto políticas, que corroídas por la desconfianza han terminado en nada. ¿Qué hacemos cuando la esperanza que hemos depositamos en alguien se desvanece? Confiar no es opcional: sin esperanza, no hay vida posible, sea individual o social. Tenemos que volver a creer en los demás, como lo tenemos que hacer respecto de nosotros mismos, una y otra vez. No es una tarea fácil. La desconfianza nos golpea donde más duele; deja heridas profundas, que demoran en cicatrizar. Hay males que no tienen recetario asociado –la falta de confianza es uno de ellos. No obstante, hay pequeños gestos que ayudan, con el tiempo, a superarla. Una persona herida espera dos cosas: el reconocimiento de la falta, y la promesa que no se repetirá. Necesitamos confiar de nuevo, y no podemos hacerlo solos. Quien provocó el daño tiene que ayudarnos. Por desgracia, muchas personas no son capaces de reconocer sus faltas. Erradamente, ven debilidad en un gesto que requiere justamente lo contrario: mucho coraje. También están los que reconocen sus errores, e incluso prometen no repetirlos. Sin embargo, lo hacen sin convicción, sólo por dejar tranquilos a los demás. Para que no los molesten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero los hay que se equivocan, y no temen decirnos que lo hicieron. Aun cuando saben que pueden fallar de nuevo, se comprometen a hacer todo lo posible por no volver a hacerlo. Es una promesa valiente, destinada nada menos que a torcer la ley de las probabilidades. Sobre este compromiso podrá volver a crecer la esperanza, en la medida que sea aceptado. Lo que depende de cada cual.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-804890932340776700?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/804890932340776700'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/804890932340776700'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/07/confianza.html' title='Confianza'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-7105954254019117205</id><published>2011-07-03T22:51:00.000-07:00</published><updated>2011-08-07T14:29:33.726-07:00</updated><title type='text'>La novia triste</title><content type='html'>Veo imágenes del matrimonio del príncipe de Mónaco con una ex–nadadora sudafricana. Mucho blanco y mucho rojo, ambos tirando para rosado; famosos y famosillos completan un recargado escenario. Es una verdadera recreación del final de una película de Walt Disney, donde todo tiene que ser perfecto. El príncipe viste un impecable uniforme blanco, pero su pelada y sus cachetes colorados delatan el paso de los años, que una sonrisa hierática no logra ocultar. La futura princesa tampoco es muy joven, pero sí está muy bien conservada. Es una mujer bonita, y un sobrio traje de novia realza su figura. Sin embargo, de su velo blanco y transparente se escapan unos ojos tristes. Y lo que no podía pasar, ocurre: la pompa y el &lt;em&gt;glamour &lt;/em&gt;de la ceremonia no pueden ocultar una mirada huidiza, que se cuela en los lentes de todas las cámaras que registran el producido evento. Es una pena irreductible, que se toma las pantallas, y tiñe de azul la ceremonia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El matrimonio continúa, implacable. Los novios se ponen mutua y torpemente las argollas, y un desabrido beso delata a los actores en escena. Las fingidas sonrisas que esboza la novia, de tanto en tanto, no logran ocultar la pena de su mirada. Son ojos desolados, que ningún palacio en miniatura, alfombra semi–rosada, niñitas en trajes ornamentales, soldados de opereta, curas y coros varios, innumerables &lt;em&gt;socialités&lt;/em&gt;, ni miles de pétalos de rosa, pueden esconder. La mirada de la novia, su dignidad perdida, sobrecogen. Ante ella, el príncipe se desfigura. Con sus años de más, y sus alegrías de menos, la novia triste es mejor que cualquier princesa de Walt Disney. Sus irresistibles ojos llorosos son un destello de humanidad, en el peor de los desiertos: el que está lleno de gente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-7105954254019117205?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7105954254019117205'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7105954254019117205'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/07/la-novia-triste.html' title='La novia triste'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-2735249537048080844</id><published>2011-06-30T20:06:00.000-07:00</published><updated>2011-08-15T14:09:03.802-07:00</updated><title type='text'>Manejar en la lluvia</title><content type='html'>Como en otras ciudades grandes, el tráfico en Santiago se altera cuando llueve, y hay que andar con cuidado. Pero si se tiene un poco de calma, manejar en esos días puede ser una experiencia particular, diferente. Hablo de esos días en que el agua cae a raudales: como si en la bóveda del cielo alguien hubiera abierto una esclusa horizontal, por la que escurre el infinito a través de una enorme, intrincada e invisible rejilla. Entonces, uno se sube al auto, cierra la puerta y sale en busca de un destino próximo, que la lluvia transforma en lejano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el agua afuera, y la humedad adentro, el auto rápidamente se convierte en una cápsula, aislada y a la vez inserta en la realidad circundante. Es un pequeño mundo de cuatro ruedas que contiene todo lo que necesitamos, en  ese momento. Por las empañadas ventanillas vemos sucederse micros enormes; autos, de todos los tamaños y colores; conductores anónimos, algunos apurados, otros enardecidos; transeúntes que van raudos al Metro, o que esperan impasiblemente su micro. Son días grises, un poco oscuros, en los que las luces de los vehículos se desfiguran, alterando por completo a la ciudad, y a su gente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese ambiente tan peculiar, uno puede abstraerse y manejar sin rumbo aparente. Se recorren calles sin nombre, y se divisan casas y edificios irreales, habitadas por desconocidos. Pensamientos y sentimientos vienen a nuestro encuentro, y se van –como las calles, las casas, y los edificios. Lo mejor que uno puede hacer es dejarse llevar por ellos, pero sin desconcentrarse. No vaya a ser que un topón nos aterrice de golpe a esa realidad deformada que vemos a través de los vidrios de nuestro auto. Sin tropiezos, impulsada por melodías y letras de canciones, la cápsula avanza con nuestros recuerdos e ilusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solos, en un auto encendido bajo la lluvia, somos la metáfora de nosotros mismos. Por esta cápsula calefaccionada, temporalmente vacía, han pasado tantos, y en las más diversas circunstancias. Cada trayecto recorrido ha tenido su comienzo, y su fin. Los pasajeros y los viajes se suceden, mientras el auto y su conductor permanecen. Pero ¿por cuánto tiempo? Tan efímeros como la lluvia que nos rodea, sólo nos queda seguir manejando en ella. Gozando del paseo, sin apuro: mientras dure.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-2735249537048080844?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2735249537048080844'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2735249537048080844'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/06/manejar-en-la-lluvia.html' title='Manejar en la lluvia'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-7649595430974168535</id><published>2011-06-10T14:45:00.000-07:00</published><updated>2011-08-15T14:14:16.722-07:00</updated><title type='text'>Boleros</title><content type='html'>Estaba casado con una mujer bonita, ingeniero como él. Partieron al extranjero, a hacer un postgrado en la misma universidad. Por primera vez, a él le costó estudiar. Los resultados no fueron los de siempre: le iba bien, pero no era el mejor del curso. Su mujer, en cambio, no tuvo problemas –ni  con la primera guagua, ni con la  segunda. Acostumbrado a sacarse excelentes notas en la universidad donde estudió su pregrado, esta nueva realidad fue un duro golpe a su ego. Terminado el postgrado, volvieron a su país de origen, donde ambos encontraron rápidamente trabajo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su nueva pega le tocó viajar mucho. Pasaba largas temporadas en el extranjero. Lejos de casa, era el seductor de antaño. Al principio, fue sólo un juego: miradas, uno que otro coqueteo, pero nada más. Una mujer en particular lo cautivó con su alegría contagiosa, con su sensualidad y aire exótico. Las largas jornadas de trabajo juntos hicieron que pasaran de colegas a amigos, y de amigos a confidentes -al borde de la complicidad. De vuelta en su país, todo seguía igual. Su mujer trabajaba y se hacía cargo de los niños, ordenadamente. Él la quería mucho, tanto como a sus hijos. Sin embargo, la sombra que ella proyectaba sobre él lo iba marchitando de a poco. Conversaba con su mujer, pero de asuntos menores: cómo te fue; qué hiciste; te acordaste de; no te olvides qué; supiste lo de. Rara vez reían juntos –a lo más sonreían. Sus niños traían toda la alegría que esa casa de revista de decoración iba perdiendo, inexorablemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En unas de esas largas jornadas laborales en el extranjero, pasó lo que tenía que pasar. A las miradas cruzadas, se sumaron los cuerpos. Primero fue un roce, después otro. Al brazo alrededor de la cintura, le siguió una media vuelta. Sin saber cómo, terminaron fundidos en un inolvidable beso. De ahí en adelante, nada fue lo mismo para él. Los viajes al extranjero eran un oasis de vitalidad perdida, que le quitaban el sueño y le transformaban la vigilia. Era feliz de nuevo, pero se sentía profundamente culpable. Su vida tomó entonces dos rumbos. Afuera era una persona llena de vida -divertido, atractivo, valorado en lo personal y en lo profesional. En su país era un tipo apagado, del montón, con una vida hecha, que no se atrevía a deshacer. Un avión lo llevaba a uno de esos rumbos, y un avión lo traía de vuelta al otro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que no pudo más. Una tarde de otoño decidió contarle todo a su mujer. Fue sincero: no escondió detalles, pero no fue cruel. A ella le tomó un tiempo entender lo que ocurría. Cuando finalmente comprendió la gravedad de los hechos, él ya le había comunicado su decisión de irse de la casa. Y así lo hizo. Se llevó unas pocas cosas a un hotel, donde lo recibió una pieza, como cualquier otra. Dejó sus bolsos, y se fue al bar del primer piso. Rodeado de viajeros, pidió un ron solo –de esos que tomaba con su amor exótico, en otras latitudes. El dulzón trago le supo amargo, como nunca. Unos parlantes ocultos emitían canciones que había escuchado en más de una oportunidad. Sin nada más que hacer, puso atención a sus letras, por primera vez. Una tras otra, hablaban de amores frustrados, y de ilusiones perdidas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras miraba el vaso de ron que tenía en la mano, sonrió. Con una vida que entonces terminaba, y otra que estaba por comenzar, ya no encontraba cursi las letras de esas canciones. De alguna manera, todas hablaban de él. Años escuchándolas, sin haberlas oído: tanto estudio, tanto trabajo, tanto viaje, y sólo ahora venía a entender los boleros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-7649595430974168535?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7649595430974168535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7649595430974168535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/06/boleros.html' title='Boleros'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-3033099256700840059</id><published>2011-05-29T17:45:00.000-07:00</published><updated>2011-07-01T12:05:34.811-07:00</updated><title type='text'>Rankings universitarios</title><content type='html'>Hace unas semanas, entregué el siguiente texto para su publicación en la revista de difusión de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Habla sobre los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;universitarios, y se titula como tal:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El 2010 fue un buen año para la UC: lideró en todos los listados relevantes de universidades, tanto nacionales como internacionales. En el &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;mundial elaborado por la Universidad Jiao Tong de Shangai, empatamos con la Universidad de Chile. Ambas instituciones quedaron ubicadas entre los lugares 401 a 500 –ninguna otra universidad nacional fue incluida en dicho listado. Por su parte, en el &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;QS (antiguamente &lt;em&gt;Times Higher Education Supplement&lt;/em&gt;-QS) la UC se situó 331 en el mundo, seguida por la Universidad de Chile en el lugar 367. Las otras universidades nacionales incluidas en este listado fueron las universidades de Santiago (dentro de las 501-550 mejores) y de Concepción (entre las 551-600), además de las universidades Federico Santa María, de Talca, Católica de Valparaíso, Austral, Adolfo Ibáñez  y Diego Portales (todas en el grupo de las 601-700). En el área de las ciencias sociales del &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;QS, la UC volvió a estar primera entre los planteles chilenos, ocupando el lugar 283 -junto a la Universidad de Chile- entre las 300 mejores del mundo. No hubo más instituciones nacionales en ese listado. En los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;nacionales, el resultado no fue distinto. La UC apareció primera en el listado de universidades chilenas preparado por la revista AméricaEconomía. Y en su listado de facultades de derecho, también fuimos la mejor el año pasado. Finalmente, en el &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;de la revista Qué Pasa del 2010, la UC nuevamente ocupó la primera ubicación entre las instituciones nacionales de educación superior, liderando asimismo su listado en el área de derecho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Motivos para celebrar, entonces, tenemos –y muchos. Sin embargo, no se debe olvidar que los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;simplifican realidades, en base a criterios que no siempre las reflejan con justicia. Esto produce distorsiones en sus resultados, lo que no puede ser de otro modo: ningún instrumento único podría dar cuenta, con precisión y equidad, de las distintas regiones geográficas y áreas del conocimiento hoy cubiertas por la educación superior. En mayor o menor medida, todos los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;ya mencionados, adolecen de este problema. El de la Universidad Jiao Tong y el QS son los más antiguos y respetados a nivel internacional. Se publican en &lt;em&gt;internet &lt;/em&gt;desde el 2003 y 2004, respectivamente, y ambos están dominados por las instituciones de educación superior de EEUU, cuyos cuantiosos recursos hacen muy difícil al resto de las universidades del mundo competir con ellas. A esta circunstancia se suma el hecho que los dos listados señalados privilegian la investigación científica en inglés, lo que explica que las universidades de otros países anglo-parlantes, como el Reino Unido, Canadá y Australia, también ocupen buenos lugares en ellos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de sus defectos, los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;chino y británico han prestado un importante servicio a la educación superior en Asia, Europa y América Latina. Las universidades de estas regiones se han visto forzadas a reformular sus estrategias de desarrollo, invirtiendo más en investigación; fomentando los estudios de postgrado entre sus profesores, preferentemente de doctorado; ampliando y mejorando la infraestructura física; y abriéndose al exterior, a través de diversos programas de intercambio académico. Los asiáticos decidieron hace años competir de igual a igual con las universidades de habla inglesa, por lo que no es raro encontrar hoy instituciones chinas, japonesas o indias entre las mejores del mundo. Las universidades europeas, golpeadas en su ego desde las primeras ediciones de los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;de Jiao Tong y QS, también han tomado cartas en el asunto. A las universidades británicas ubicadas en los primeros lugares de cada listado, se han ido sumando progresivamente instituciones de Europa occidental, más que nada de la zona centro-norte. Y en cuanto a América Latina, los mejores planteles en ambos &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;han sido generalmente instituciones públicas gigantescas, como la Universidad Autónoma de México, la Universidad de São Paulo, o la Universidad de Buenos Aires. Hasta el momento: ya que no sorprendería que esta situación empezara a cambiar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no sólo los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;internacionales tienen vicios y virtudes. En el caso de los elaborados en Chile, el de la revista Qué Pasa privilegia en exceso el prestigio de las universidades, según lo perciben empleadores principalmente de Santiago, lo que perjudica a las buenas instituciones de regiones. Aunque se han hecho esfuerzos por moderar esta distorsión en sus últimas ediciones, el efecto persiste en su conjunto. El &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;de AméricaEconomía, en cambio, utiliza criterios más objetivos, como porcentaje de docentes de tiempo completo, y con doctorado; puntaje en la Prueba de Selección Universitaria de los alumnos matriculados; áreas acreditadas, etc. Por lo mismo, simplifica mejor la realidad de la educación superior en nuestro país –lo que no significa que la refleje tal como es. Así y todo, ambos listados han ayudado a transparentar la información disponible sobre las universidades chilenas. En la competencia por subir en estos &lt;em&gt;rankings&lt;/em&gt;, las autoridades que manejan las universidades nacionales han debido asumir que no basta la simple reinversión en infraestructura física, teniendo que destinar recursos al fomento de una investigación de calidad, y la mantención de un profesorado calificado y productivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;universitarios han ayudado al desarrollo de la educación superior, siguen siendo indicadores generales, que a lo más sirven como términos de referencia. Por tanto, no son ni pretenden ser la última palabra respecto de la calidad de la educación impartida, o de la investigación realizada, en una universidad incluida en un listado, o excluida de éste. Al ser indicadores generales, lo que mejor reflejan los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;son las tendencias que se manifiestan a lo largo de los años –y esto lo hacen bastante bien. Desde ese punto de vista, la UC y su Facultad de Derecho pueden estar legítimamente orgullosas de los puestos ocupados. Nuestra universidad fue incluida por primera vez en un &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;internacional en el 2005, en concreto en el elaborado conjuntamente por el &lt;em&gt;Times Higher Education Supplement &lt;/em&gt;y QS. En esa oportunidad, ocupamos el tercer mejor lugar entre las universidades latinoamericanas listadas. El 2006 volvimos a ser la primera universidad chilena mencionada en dicho &lt;em&gt;ranking&lt;/em&gt;, y nos ubicamos como segunda entre las latinoamericanas. Los años siguientes, la UC mantuvo su lugar en los listados publicados por THES-QS: primera entre las chilenas el 2007, 2008 y 2009; cuarta entre las latinoamericanas el 2007 y 2008, y tercera en la región el 2009. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el primer &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;del área de ciencias sociales, elaborado por THES-QS el 2007, la UC  fue la única institución nacional incluida entre las 300 mejores del mundo, y se ubicó en el cuarto lugar entre las universidades de Latinoamérica. Los años posteriores hemos seguido ocupando las posiciones señaladas, con la salvedad que el 2009 la Universidad de Chile ingresó a este &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;de ciencias sociales, quedando segunda entre las universidades chilenas. El 2010, la UC quedó sexta entre las instituciones latinoamericanas listadas por QS en su &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;general, y quinta en su listado de ciencias sociales. Respecto del &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;publicado por la Universidad Jiao Tong, la UC entró por primera vez a éste el 2007, como primera entre las instituciones nacionales, junto a la Universidad de Chile.  La UC mantuvo su lugar el 2008 y el 2009: el año pasado volvimos a ocupar el mismo puesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los &lt;em&gt;rankings &lt;/em&gt;nacionales, los buenos resultados obtenidos por la UC también han sido constantes. La revista Qué Pasa realizó el primero de estos listados el 2000. Ese año, la UC lideró en el &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;general, y desde entonces nuestra universidad ha ocupado invariablemente el primer lugar en este listado anual. Qué Pasa hizo su primer &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;específico por carreras el 2001. En el área de derecho, nuestra Facultad ocupó el segundo puesto en esa oportunidad, lo cual se siguió repitiendo hasta el 2006, cuando pasamos al primer lugar. Aun cuando el 2008 volvimos al segundo puesto, a contar del 2009 no hemos bajado del primero. Al igual que en su &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;general, la revista Qué Pasa únicamente mide el prestigio de las facultades de derecho allí mencionadas. La medición de AméricaEconomía por carreras es, por tanto, nuevamente más objetiva que la de Qué Pasa, pues considera aspectos como la calidad de alumnos y docentes, índices de investigación e internacionalización, la oferta de postgrado respectiva, y la infraestructura a disposición de estudiantes y profesores. La primera versión de este listado fue publicada el 2009, y la UC ocupó el segundo lugar de su &lt;em&gt;ranking &lt;/em&gt;general, al igual que nuestra Facultad en el área de derecho. El 2010 lideramos en ambos listados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésa es, justamente, la tendencia que debemos mantener. Lograrlo es trabajo de todos: autoridades, profesores, estudiantes de pre y postgrado, personal administrativo, y ex alumnos. Nos queda todavía mucho por hacer en docencia y en extensión, y particularmente en investigación, para que nuestra universidad se sitúe entre las mejores del mundo. Gracias a Dios, vamos bien encaminados".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-3033099256700840059?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3033099256700840059'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3033099256700840059'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/06/rankings-universitarios.html' title='Rankings universitarios'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-7023594754908123931</id><published>2011-05-07T19:11:00.000-07:00</published><updated>2011-07-23T18:52:55.639-07:00</updated><title type='text'>Placer culpable</title><content type='html'>Todos tenemos gustos que nos cuesta reconocer. En mi caso, tengo varios: uno de ellos es ABBA. No recuerdo la primera vez que escuché alguna de sus canciones, pues fueron famosos durante toda mi infancia. Con la música de este grupo sueco, vuelvo a esos días atemporales, casi oníricos, de posibilidades infinitas. Vienen a mi mente imágenes borrosas de cuatro jóvenes paliduchos, de tenidas hoy ridículas y coreografías acartonadas, cuyas amplias sonrisas escondían más de una pena. ABBA volvió con fuerza a la radio y televisión unos años atrás, a raíz del omnipresente &lt;em&gt;revival&lt;/em&gt; de los años sesenta, que precedió al de los ochenta, de igual intensidad y corta duración. Tuve entonces la oportunidad de ver de nuevo esas viejas imágenes de mi niñez, transmitidas junto a grotescos &lt;em&gt;remakes &lt;/em&gt;de las canciones y videos de ABBA. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué tienen estos temas, que todavía logran cautivarme? En sus inicios, los suecos cantaban canciones de consumo masivo. Eran melodías pegotes con letras simplonas, que permanentemente coqueteaban con el &lt;em&gt;disco&lt;/em&gt;. Por esos años, los cuatro integrantes conformaban dos parejas: la del sueco sin barba y la rubia, y la del sueco con barba y la morena. En otras palabras, Björn y Agnetha, y Benny y Anni-Frid, mejor conocida como Frida. Juntos formaban el acrónimo ABBA. De esta primera etapa son “Fernando”, “&lt;em&gt;Dancing Queen&lt;/em&gt;”, “&lt;em&gt;The Name of the Game&lt;/em&gt;”, “&lt;em&gt;Take a Chance on Me&lt;/em&gt;”, y “Chiquitita”. Personalmente, me quedo con “&lt;em&gt;SOS&lt;/em&gt;” y “&lt;em&gt;Knowing Me, Knowing You&lt;/em&gt;”, cuyas letras anticipan rupturas venideras, y sus consiguientes dolores.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas estas canciones configuran el preámbulo necesario al que es, probablemente, el mejor tema de ABBA: “&lt;em&gt;The Winner Takes It All&lt;/em&gt;”. El fantasma del reciente divorcio de Agnetha Fältskog y Björn Ulvaeus, ronda cada de las estrofas de este tristísimo tema cantado por Agnetha, y compuesto por Björn y Benny. Poco tiempo después, Benny Andersson y Anni-Frid Lyngstad también se divorciaban. Los suecos musicalizaron esta segunda separación a través de “&lt;em&gt;When All Is Said and Done&lt;/em&gt;”, cantada por Frida, y compuesta por Benny y Björn. Sin embargo, la canción que más recuerdo de ABBA, es una de las últimas que grabaron. Apareció un poco después de “&lt;em&gt;One of Us&lt;/em&gt;”, otro de los grandes temas melancólicos del otrora alegre grupo sueco. Me refiero a “&lt;em&gt;The Day Before You Came&lt;/em&gt;”. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Escuché esta canción muchas veces, en las largas noches de mi niñez y adolescencia. No supe por esos años que era de ABBA. De esto sólo me vine a enterar en la universidad –y no sin sorpresa. La melodía tiene un ritmo deliberadamente monótono, ejecutado con sintetizadores ochenteros, que me llena de nostalgia. La historia que narra se resume con maestría en una de las frases de su letra: “&lt;em&gt;It's funny, but I had no sense of living without aim / The day before you came&lt;/em&gt;”. Pena, ternura y esperanza son las palabras que mejor describen esta canción, de un grupo brutalmente sincero -que registró la alegría y la tristeza, por igual.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-7023594754908123931?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7023594754908123931'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7023594754908123931'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/05/placer-culpable.html' title='Placer culpable'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-434463258777501718</id><published>2011-04-23T15:14:00.000-07:00</published><updated>2011-07-23T19:01:07.712-07:00</updated><title type='text'>Gonzaga</title><content type='html'>Spokane es una pequeña ciudad al oeste del estado de Washington, en Estados Unidos. En ella se ubica una universidad que lleva por nombre Gonzaga. Casi al borde de Idaho, cerca de Canadá y lejos de todo, la Compañía de Jesús decidió fundar en 1887 un &lt;em&gt;college &lt;/em&gt;para educar a los indígenas. Curas católicos, en un joven país en el que eran minoría, optan por ocuparse de quienes nadie se acordaba –de los derrotados de la conquista, y posterior colonización de América. El Gonzaga College se construyó lentamente en torno a la iglesia de su santo patrono, el jesuita lombardo de nombre Luis, y de noble apellido español. La nueva institución se fue llenando de alumnos de origen europeo y el ímpetu misionero original se perdió. Hoy Gonzaga es una universidad docente de prestigio nacional, con un buen equipo de &lt;em&gt;basketball &lt;/em&gt;en una de las competitivas ligas deportivas universitarias de Estados Unidos. Sus profesores y alumnos comparten una particular mística que se deriva de la visión otro santo, también jesuita, de nombre Íñigo, y apellidos López de Recalde: San Ignacio de Loyola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gonzaga es en la actualidad una universidad pequeña que cuenta con un colegio de artes y ciencias, una escuela de administración, una de educación, otra de ingeniería y ciencias aplicadas, una de estudios profesionales, y una escuela de derecho. En cada sala de clases de Gonzaga hay un crucifijo. Lo que podría ser un pequeño detalle en un país de tradición católica, no lo es en uno de raigambre protestante y formas laicas. Conversando con los profesores y alumnos de su escuela de derecho, me llevé más de una sorpresa. A pesar de ser una institución profundamente gringa, Gonzaga me recordaba a cada rato al muy chileno Colegio San Ignacio El Bosque de mi adolescencia. Al preguntar a los profesores y alumnos de esta escuela de derecho, qué los había llevado a trabajar o estudiar en ella, se repetían las mismas respuestas. Según ellos, lo que distingue a Gonzaga es el ambiente de genuina camaradería entre sus miembros, y el fuerte sentido social de la actividad académica que allí se desarrolla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de sus diferencias, los profesores y alumnos de Gonzaga no sólo se toleran, sino que se respetan. Esto no es del todo raro en una escuela de derecho gringa. Sin embargo, no es una característica que se dé en todas las universidades que se denominan católicas. Lo del sentido social impresiona aún más. Gonzaga está ubicada en uno de los países más ricos del mundo, sin duda el más poderoso. En ese contexto, es fácil olvidar que un porcentaje nada menor de la población de Estados Unidos tiene enormes carencias materiales. No será miseria, pero sí pobreza encubierta, y ésta se extiende a lo largo de todo el país. En Gonzaga se acuerdan de esta gente, reflejando así una constante de la universidad, desde su fundación. La impronta jesuita impide prescindir de los necesitados: de los vencidos. El catolicismo en Gonzaga va más allá de un simple crucifijo en una sala de clases. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es quizás eso lo que más sorprende de esta universidad. Como en el resto del mundo, la comunidad jesuita de Gonzaga disminuye de manera irreversible. No es difícil imaginar el día en que ésta desaparezca del todo. Pero la impronta permanece. La Iglesia San Luis Gonzaga sigue siendo el símbolo de la universidad, en torno al cual gira su campus. La estatua de san Ignacio de Loyola en el frontis del antiguo Gonzaga College no es sólo una figura de metal. Y el gran Cristo del estadio techado de &lt;em&gt;basketball&lt;/em&gt;, donde el equipo de los &lt;em&gt;Zags &lt;/em&gt;hace delirar a profesores y alumnos, es más que un adorno. De alguna manera, el sentido ignaciano de comunidad académica ha penetrado a la universidad a tal punto, que es hoy parte esencial del sello de Gonzaga. Por lo mismo, allí me sentí en casa. A pesar de estar a miles de kilómetros de la mía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-434463258777501718?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/434463258777501718'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/434463258777501718'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/05/gonzaga.html' title='Gonzaga'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-7353149243919581148</id><published>2011-04-04T20:20:00.000-07:00</published><updated>2011-05-29T16:15:45.711-07:00</updated><title type='text'>Hablar o escribir bien</title><content type='html'>Uno podría pensar, con toda razón, que un buen orador es un buen escritor, y viceversa. Pero lo cierto es que esto no es así –al menos, necesariamente. De hecho, muchas veces ocurre lo contrario. Me ha tocado constatarlo, y no sin desilusión. Por ejemplo, en mi área de trabajo -y contra todo pronóstico- algunos libros o artículos de grandes abogados son mediocres, o derechamente malos. Asimismo, conferencias o presentaciones de conocidos investigadores jurídicos son triviales, o francamente anodinas. ¿A qué se debe esto? Tiendo a pensar que la respuesta está en el esfuerzo que involucra para el orador o escritor expresarse de una manera u otra, así como en la audiencia a la que se dirige cada uno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchar a un buen orador es un placer, tanto como leer a un buen escritor: ambos tienen facilidad de palabra. Sabiéndose un prestidigitador de la lengua, al orador de fuste le gusta improvisar. Arriesga su discurso en todo tipo de piruetas verbales que mantienen a la audiencia en vilo. Envueltos en este embrujo, suspiramos aliviados cada vez que cae de pie, vuelve a equilibrarse y sigue su camino. Nos sube a una montaña rusa compuesta de sustantivos, verbos y adjetivos, de cambios de tono y de velocidad, de breves y estudiados silencios. Acción, suspenso, humor, intriga e incluso, a veces, romance –todo, en un solo discurso. Es difícil que el buen orador no sorprenda a la audiencia de turno con su talento. A esta habilidad los británicos la llaman “&lt;em&gt;the gift of the gab&lt;/em&gt;”, y es tal que termina por sorprenderlo a él mismo, creando un placer espurio. El buen orador es un individuo al que le gusta escucharse. Y le gusta mucho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transformar cualquier charla en una disertación es muy fácil para el orador innato. Escribir, en tanto, requiere esfuerzo y dedicación. Es un trabajo solitario, alejado de las luces y de los aplausos. Si el buen orador se acerca al equilibrista, el buen escritor se parece al escultor. Armado con un lápiz o un teclado, se enfrenta día a día con la página en blanco, debiendo amasar, dar forma, tornear y pulir palabras, antes de poder cincelarlas con esos nunca definitivos toques finales. Para esculpir frases y párrafos hay que tener paciencia y ejercerla. El buen orador no tiene tiempo para esto. Lo llaman los cantos de sirena del aplauso que sigue a un discurso que hipnotiza al propio hipnotizador. Así se queda el orador hablando a su audiencia, y el escritor a la suya –que no son las mismas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El buen orador cautiva a los grupos, pero aburre profundamente a una sola persona. Necesita una audiencia que lo escuche, no que lo interrumpa, rompiendo la frágil magia creada por su artificio. El buen escritor, en tanto, se empequeñece ante los reflectores, y se agiganta ante una simple lámpara. No conoce de muchedumbres: lo suyo es la intimidad y el diálogo, aunque sea virtual. Si bien su lector puede multiplicarse en números que provocarían la envidia del mejor orador, éste no pierde su individualidad. Nunca deja de ser una persona. Más que anónima, innominada. Pero persona al fin.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-7353149243919581148?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7353149243919581148'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7353149243919581148'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/04/hablar-o-escribir-bien.html' title='Hablar o escribir bien'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8612381046221038344</id><published>2011-01-03T19:08:00.000-08:00</published><updated>2011-01-10T12:35:00.548-08:00</updated><title type='text'>Ese alumno</title><content type='html'>Estudia en una universidad de segunda, o quizás de tercera, y lo sabe. No estuvo en un buen colegio, no vive en un buen barrio, pero sí tiene buenos amigos y una mejor familia (a veces, ni eso). Se levanta temprano todos los días de la semana, va a clases pase lo que pase, toma apuntes y aprovecha de hacer preguntas a los profesores, cada vez que puede. Para sus compañeros, es un bicho raro. En cada curso al que asiste es uno de los dos, tres o cuatro alumnos (a lo más) que tienen interés por aprender la materia. A los otros treinta, cuarenta o cincuenta estudiantes de la sala, sólo les interesa pasar el ramo, terminar la carrera, y chao. No comparte esa visión: por lo mismo, lo encuentran medio ahuevonao. ¿Qué tanto afán por ir a clases, tomar apuntes, hacer preguntas, y estudiar? Muchos de sus compañeros pertenecen a la primera generación de sus respectivas familias que llega a la universidad. Detrás suyo hay hombres y mujeres que se sacrifican día a día para que el pequeño príncipe (o princesa) tenga mejores oportunidades que las que ellos tuvieron. Pero eso no importa: a la universidad se va a pasarlo bien, y a recibir un cartón que habilite para ganarse unas lucas, que permitan el día de mañana pasarlo mejor todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De tanto en tanto, aparece un pesado de universidad tradicional que lo mira a huevo, y se lo hace sentir (o se lo dice derechamente a la cara). Ese alumno sabe que su grado académico, así como su título profesional, valdrán poco en un mercado cada vez más competitivo, cada vez más saturado. Ya empieza a vislumbrar que tendrá que trabajar el doble (y ganar la mitad) durante sus primeros años de vida laboral. Está consciente de no tener buenos pitutos, y que por lo mismo no está en la misma situación que el alumno de privada precordillerana. Al momento de graduarse, tendrá que trabajar en lo que encuentre, y de ahí irse cambiando de pega (y de a poco). Ese alumno intuye, además, que tendrá que volver a estudiar en las tardes, después del trabajo y de su bolsillo, para agregar un postgrado a un débil currículum. Mientras tanto, apura el paso para llegar temprano a la próxima clase. Indiferente a un entorno mediocre, hace lo que tiene hacer, contra viento y marea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No exagero si digo que ese alumno, me resulta simplemente heroico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8612381046221038344?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8612381046221038344'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8612381046221038344'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2011/01/ese-alumno.html' title='Ese alumno'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-3062706139972363720</id><published>2010-12-12T19:38:00.000-08:00</published><updated>2011-01-12T18:57:29.931-08:00</updated><title type='text'>Algunas profesionales</title><content type='html'>Tanto le había hablado de Chile, que cuando supo que venía estaba de lo más entusiasmada. “¡Voy a Chilito!”, me decía al teléfono con su acento andaluz. Por ese entonces, yo no vivía en esta &lt;em&gt;finis terrae&lt;/em&gt;, sino al norte de la “pérfida Albión”. Quedamos de juntarnos lo más pronto posible, donde pudiéramos, para que me contara cómo estuvo su viaje. Así lo hicimos. Cuando finalmente pude ver a mi amiga española, y le pregunté por su estadía en mi país, me dijo algo que me obligó reflexionar sobre un tema rara vez comentado. Menos, analizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Son todas las chilenas serias?” En un principio, la pregunta de mi amiga me descolocó. “Por supuesto que no”, le dije. Mientras contestaba esto, pensaba qué le podría haber llevado a una conclusión tan alejada de la realidad. Las chilenas no son muy distintas al resto de las latinoamericanas. En nuestro continente abunda el llanto, es cierto, pero también la risa. ¿A qué se debía, por tanto, su pregunta? Después de darle unas vueltas al asunto, esbocé una respuesta: “probablemente sólo te relacionaste con chilenas en un ambiente de trabajo”. Así había sido: de ahí la visión distorsionada que se llevó mi amiga de Chile. Al menos, de la mitad de su población.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi respuesta sigue, necesariamente, otra pregunta: ¿por qué tienden a ser serias las profesionales chilenas que ocupan cargos de cierta relevancia? Para entender nuestro medio laboral hay que haber pasado antes por un colegio local que tenga un buen número de hombres entre su alumnado. Ambos son hábitats primitivos, en los que generalmente sólo hay dos alternativas disponibles –depredador o presa. En buen chileno, o eres de los que huevean, o eres de los que son hueveados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para estar en la cima de la cadena alimenticia, se deben seguir ciertas reglas. La primera: el qué dirán lo es todo. Nada de andar diciendo o haciendo cosas raras por ahí. Se dice y se hace lo que impone la mayoría. La clave está, por lo mismo, en pertenecer a la elite que controla esa mayoría. Y para eso, hay que empezar por opinar y actuar como ellos. Se puede intentar pasar por excéntrico, pero se corre el riesgo de ser identificado como presa. Lo que en mi colegio llamábamos material pa’l hueveo. Obviamente, de los depredadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La segunda regla se relaciona directamente con la primera: hay que ser siempre simpático y divertido. Nada de andar por la vida circunspecto; todo tiene que ser motivo de talla. No hablo de buena disposición, jovialidad o agudeza, sino derechamente de sarcasmo. Ser simpático y divertido no consiste, por tanto, en reírse con los demás, sino en reírse de los demás. Hay que ser mordaz y cáustico. El humor se transforma así en un arma: el sarcasmo permite ridiculizar a los enemigos, y congraciarse con los amigos. Siempre a costa de alguien. O de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este difícil hábitat se repite en la universidad, y después en el trabajo. Con matices. Quien quiera mantenerse en dicho ambiente, y subir sus rústicos peldaños, debe ser racional y frío en todo momento. Además, hay que estar dispuesto a recibir palos -y darlos de vuelta. En este contexto, la sensibilidad es un signo de debilidad imperdonable. Los hombres, educados en Latinoamérica para no llorar, saben a lo que van. Las mujeres se acostumbran rápido, o se dedican a otra cosa. Para destacar en un trabajo inmerso en este mundillo masculino, a algunas no les quedará otra que mimetizarse con su entorno. Lo que tiene su costo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No son pocas las mujeres en Chile que deciden insertarse en un ambiente laboral competitivo, abrazando las características del mismo con la pasión que caracteriza a su género. Al poco andar, se transforman en la caricatura del original. Quién las puede culpar: son mujeres que construyen su coraza en base a esfuerzo, sacrificios y sufrimiento. A cada pequeño o gran fracaso, le agregan una nueva capa a su blindaje. Por desgracia, con el tiempo persona y personaje se hacen uno. En este caso, una. ¿Resultado? Siempre muy ocupada, de trato distante, con aires de importancia. Y, sobre todo, difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tener menos tolerancia al sarcasmo, esta mujer profesional va a desconfiar del humor en general, escudándose en la seriedad y la disciplina -con un toque de agresividad. En su afán por pertenecer al medio laboral &lt;em&gt;chilensis&lt;/em&gt;, y surgir en éste, no son pocas las mujeres profesionales que se transforman en profesionales a secas. Y éstas rara vez ríen con sinceridad. Achinando los ojos, bajando la guardia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-3062706139972363720?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3062706139972363720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3062706139972363720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/12/algunas-profesionales.html' title='Algunas profesionales'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-2635323453007773352</id><published>2010-10-19T14:53:00.000-07:00</published><updated>2010-10-21T05:47:06.877-07:00</updated><title type='text'>Time Machine</title><content type='html'>9pm, en punto. El recital comienza con un griterío ensordecedor. Estoy en la cancha del Estadio Nacional, rodeado por tipos que van de los veintitantos a los cuarentitantos. En las pantallas gigantes del escenario se proyecta un video donde los integrantes de &lt;em&gt;Rush&lt;/em&gt; se ríen de sí mismos. Atrás mío, alguien recita el diálogo del video, a viva voz: como un mantra. Los canadienses no alcanzan a completar un acorde de su primera canción, cuando el estadio se viene abajo. Por lo menos en la parte que estoy yo… Saltamos como niños chicos, cantando “&lt;em&gt;The Spirit of Radio&lt;/em&gt;”. Entre medio, se escuchan alaridos de &lt;em&gt;fans&lt;/em&gt; descontrolados. La segunda canción provoca euforia: es nada menos que “&lt;em&gt;Time Stand Still&lt;/em&gt;”. Volvemos a saltar y cantar, entre el clamor general. “&lt;em&gt;Freeze this moment a little bit longer&lt;/em&gt;”, dice Geddy Lee en el escenario. No puedo estar más de acuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La intensidad del recital no disminuye. Los asistentes, sin embargo, se tranquilizan un poco. Todo cambia con “&lt;em&gt;Freewill&lt;/em&gt;”. Las dos canciones que vienen después, “&lt;em&gt;Marathon&lt;/em&gt;” y “&lt;em&gt;Subdivisions&lt;/em&gt;”, nos llevan a saltar y cantar una vez más. Por suerte, los músicos hacen un intermedio –muchos ya no estamos para estos trotes. Transcurren unos minutos, y un nuevo video anuncia que el recital se reanuda. Empieza “&lt;em&gt;Tom Sawyer&lt;/em&gt;”: delirio en el Nacional. Esta segunda parte es sin concesiones. “&lt;em&gt;Red Barchetta&lt;/em&gt;”, “&lt;em&gt;YYZ&lt;/em&gt;”, "&lt;em&gt;Limelight&lt;/em&gt;", "&lt;em&gt;The Camera Eye&lt;/em&gt;", "&lt;em&gt;Witch Hunt&lt;/em&gt;", "&lt;em&gt;Vital Signs&lt;/em&gt;". Todo el “&lt;em&gt;Moving Pictures&lt;/em&gt;”, uno de sus mejores discos. Un tipo al lado mío emite, de tanto en tanto, gritos guturales. Largas partes instrumentales son tarareadas, a todo pulmón, por el público. A esta andanada de temazos, sigue el solo de batería de Neil Peart. Un clásico. A mi izquierda, un fanático lo graba íntegro. Lo veo mirar la pequeña pantalla de su cámara, extasiado, anticipando las veces que lo volverá a ver. En su casa y, probablemente, en la oficina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alex Lifeson toca una guitarra acústica de doce cuerdas. Se alcanza a escuchar el principio de “&lt;em&gt;Closer to the Heart&lt;/em&gt;”, cuando el estadio se viene nuevamente abajo. “&lt;em&gt;2112 Overture&lt;/em&gt;” y “&lt;em&gt;The Temples of Syrinx&lt;/em&gt;” nos hacen saltar otro poco más. Los canadienses anuncian que, con la próxima canción, se termina en Chile el &lt;em&gt;tour&lt;/em&gt; que comenzaran en EEUU hace unos meses. Han pasado casi tres horas, y tengo parte del cuerpo agarrotado. Así y todo, los escucharía un par de horas más. Con gusto. &lt;em&gt;Rush&lt;/em&gt; se va, pero vuelve al rato. Tocan “&lt;em&gt;La Villa Strangiato&lt;/em&gt;”, y finalizan con “&lt;em&gt;Walking Man&lt;/em&gt;”. No es su mejor canción, pero sí su primer éxito. La elección no deja lugar a dudas. El grupo confirma abiertamente su propuesta original: pesada y progresiva. Un tercer video se ríe de los &lt;em&gt;fans,&lt;/em&gt; quienes a su vez se ríen de si mismos. Luces, y para la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos del Nacional más que contentos, a pesar no de haber oído todas las canciones que íbamos a escuchar. Tres horas de “&lt;em&gt;Time Machine&lt;/em&gt;”, en las que se nos paseó de la década del ’70 al presente, ida y vuelta, no fueron suficientes. Quedamos con gusto a poco, y eso nunca es malo. ¿Exagero si digo que &lt;em&gt;Rush&lt;/em&gt; es un ejemplo de consecuencia? No creo. Mal que mal, sus integrantes tienen casi sesenta años, y llevan más de treinta y cinco como grupo. No les interesa ser populares, sino hacer lo suyo –y hacerlo bien. Por lo mismo, generan adhesiones profundas. Son lo que son, y quieren seguir siéndolo. Eso se agradece. Hoy, más que nunca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-2635323453007773352?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2635323453007773352'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2635323453007773352'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/10/time-machine.html' title='Time Machine'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-773453248472302278</id><published>2010-10-04T15:10:00.000-07:00</published><updated>2010-10-07T07:42:29.068-07:00</updated><title type='text'>De noche en el día</title><content type='html'>Ya en sus primeros acordes me cautiva. Algo dentro de mí despierta de un profundo letargo. Un piano, y un par de manos invisibles, me hipnotizan desde lejos. Quién sabe dónde, quién sabe cuándo: alguien que no conoceré jamás me regala un puñado de minutos de una emoción intensa, llena de matices. Indescriptible. Es el Nocturno en mi bemol de Frédéric Chopin. Lo escucho de día, y mi vigilia se llena de sueños.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-773453248472302278?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/773453248472302278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/773453248472302278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/10/de-noche-en-el-dia.html' title='De noche en el día'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-5227796277566391174</id><published>2010-09-18T19:44:00.000-07:00</published><updated>2010-09-21T07:16:57.468-07:00</updated><title type='text'>Refugio</title><content type='html'>En la parte de la Universidad Católica que da a la calle Portugal, quedó un ala inconclusa con su respectivo pasillo. Éste conecta uno de los lindos patios interiores del proyecto original, con la entrada a un acogedor y largo salón que pertenece a la Facultad de Derecho. Si bien sus extremos son agradables, el corredor mismo no lo es. Hasta el día de hoy se pueden ver el concreto y los ladrillos que lo conforman, sin revestimiento. Para aislarlo de la lluvia, se le agregaron unas nada bonitas vitrinas de vidrio. Toscos ladrillos y concreto pintado, a un lado, y horribles ventanas, al otro: en este inhóspito escenario fui testigo, años atrás, de un hecho trivial que me hizo darme cuenta de algo que nunca antes había pensado. Y que, desde entonces, he vuelto a pensar muchas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siendo un estudiante de pregrado, estuve una mañana entera esperando dar un examen oral en la sala ubicada al comienzo de este feo pasillo. De pronto, entró un gorrión. Como suelen hacer los pájaros, cuando ingresan al interior de una casa o departamento, comenzó a darse golpes contra las vitrinas. Trataba de salir al patio que podía ver a través de ellas. No había forma de ayudarlo. Si uno se acercaba, el gorrión se ponía nervioso y retomaba su infructuosa (y dolorosa) empresa. Lo único que se conseguía con esto, era hacer que el pajarito se pegue de nuevo contra el vidrio, y con mayor fuerza. Cuando el gorrión dejaba de darse contra las vitrinas hechizas, volaba a una saliente del muro, donde permanecía respirando con agitación. Hasta que descubrió uno de los arbustos raquíticos que la administración del campus había puesto en maseteros, a lo largo del pasillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo vi descender y posarse sobre una de sus ramitas. Se quedó ahí largo rato, indiferente a los alumnos que iban y venían por el pasillo, quienes tampoco reparaban en él. Lo vi tranquilizarse, descansar, ubicarse. Entonces, emprendió de nuevo el vuelo, y pudo encontrar la salida. Que un arbusto así de pequeño pueda servir de refugio, me pareció sorprendente. Para el gorrión, éste era lo más parecido al mundo que había dejado –y al que quería regresar. Entre sus ramas encontró el amparo, la claridad y la decisión que un pasillo rodeado de concreto, ladrillos y vidrio no le brindaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que los refugios no son otra cosa que eso. Un trozo de lo que dejamos, y donde queremos volver. Aunque sea por un rato. El suficiente para poder emprender de nuevo el vuelo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-5227796277566391174?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/5227796277566391174'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/5227796277566391174'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/09/refugio.html' title='Refugio'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-2102667911355804329</id><published>2010-09-02T21:55:00.000-07:00</published><updated>2010-09-07T09:59:40.855-07:00</updated><title type='text'>Swing y punch</title><content type='html'>Una amiga de otros tiempos decía que un buen candidato a pololo/novio/marido debía tener &lt;em&gt;swing&lt;/em&gt; y también &lt;em&gt;punch&lt;/em&gt;. Con esto quería decir que el tipo necesitaba tener onda y empuje, para ser considerado en serio. En otras palabras, quería alguien entretenido y trabajador. El sueño del pibe: en este caso, de la piba. El problema se presentaba cuando el candidato en cuestión le faltaba una de las características necesarias. Ahí nos poníamos a filosofar de lo lindo: ¿cuál de las dos características es no-negociable? Lo que los gringos llaman un &lt;em&gt;deal breaker&lt;/em&gt;… En otras palabras, ¿qué es peor? ¿La falta de &lt;em&gt;swing&lt;/em&gt; o la falta de &lt;em&gt;punch&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Difícil decisión. &lt;em&gt;Mister&lt;/em&gt; latero &lt;em&gt;v. monsieur&lt;/em&gt; flojo, en el caso de mi amiga; &lt;em&gt;miss&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;mademoiselle&lt;/em&gt;, en el mío. Antes de seguir, un punto no menor que requiere aclaración: un flojo o una floja no necesariamente se muere de hambre. Incluso le puede ir muy bien económicamente, por los más diversos motivos. Por otro lado, al fome o la latera tampoco tiene por qué irle bien en ese sentido. Habiendo precisado ese importante aspecto, debe abordarse otro, más relevante aún –tanto &lt;em&gt;mr&lt;/em&gt;/&lt;em&gt;ms&lt;/em&gt; fome, como &lt;em&gt;m&lt;/em&gt;/&lt;em&gt;mlle&lt;/em&gt; flojo/a, pueden ser excelentes personas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En breve: ¿qué solución tiene el problema? No hay una sola: la respuesta dependerá de cada cual. Lo que es tolerable para uno, bien puede ser inaceptable para otro. Mejor buscarse alguien con &lt;em&gt;swing&lt;/em&gt; y con &lt;em&gt;punch&lt;/em&gt;. Si es posible, claro... De lo contrario, habrá que hacer de tripas corazón.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-2102667911355804329?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2102667911355804329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2102667911355804329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/09/swing-y-punch_02.html' title='Swing y punch'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8592495309839664136</id><published>2010-08-19T20:33:00.000-07:00</published><updated>2011-05-29T20:06:01.814-07:00</updated><title type='text'>Subdesarrollo</title><content type='html'>Hace unas semanas, tomé un avión que iba de Panamá a Guatemala, con escala en Nicaragua. Ya sentado en mi asiento, me dispuse a aprovechar el viaje leyendo algunas páginas de un libro, sin interrupciones. Para mi sorpresa, unas filas más adelante, otro pasajero decidió poner música para toda la cabina con su hipertrofiado teléfono portátil. Empezó con algún cantante latino que yo no conocía. Soportable. Un par de canciones después, pasó a un reggaetón francamente insufrible. En cosa de minutos, el pequeño avión se transformó (en mi mente) en una de esas micros o buses de provincia cuyos pasajeros acarrean comistrajos varios y animales domésticos tipo gallinas, patos y otros plumíferos. Todo con música de fondo: no precisamente Béla Bartók. Como el vuelo hasta Managua era corto, opté por no decir nada para ver cuánto duraba el mini-concierto de reggaetón, y si alguien hacía algo al respecto. ¿Qué pasó? La música sólo se apagó en Nicaragua, donde se bajó tres cuartas parte del avión. Y nadie dijo nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se habla de subdesarrollo, se suele pensar en indicadores económicos, sociales y políticos. Se olvida, con frecuencia, que todos estos indicadores dependen del grado de evolución cultural de la sociedad respectiva. La desigualdad, la exclusión, el desamparo, la arbitrariedad, el abuso, la corrupción, el desorden, la inseguridad y la polución son formas de pobreza –en no pocos casos, de miseria- que provienen de una determinada mentalidad: esa que es insensible al malestar, al sufrimiento y al dolor ajeno. De cualquier ser vivo. Un estado donde no se respeta la vida humana es subdesarrollado. Pero también lo es uno que no protege el ambiente que rodea a la sociedad que regula. No hagas a los demás, lo que no quieres que te hagan a ti –y viceversa. Esa es la fórmula que resume una mentalidad orientada al desarrollo. Y la resume a tal punto, que cualquier sociedad se desintegra, necesaria y progresivamente, cuando sus miembros buscan satisfacer sus intereses, sin consideración alguna por los otros, y por lo otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El respeto integral hacia los demás, sea quien sea, es la clave que explica por qué hay países que han alcanzado determinados indicadores económicos, sociales y políticos, y otros que no los han logrado. Que no se me entienda mal: escuchar reggaetón es una opción tan aceptable como otras. Cosa de gustos. El problema se presenta cuando se le impone al resto. El Diablo está en los detalles.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8592495309839664136?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8592495309839664136'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8592495309839664136'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/08/subdesarrollo.html' title='Subdesarrollo'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-4201326213793492942</id><published>2010-08-08T19:48:00.000-07:00</published><updated>2010-08-31T13:35:49.278-07:00</updated><title type='text'>Lenguaje y derecho</title><content type='html'>A pesar de haber escuchado, una y otra vez, el nombre de Andrés Bello en mis estudios de pregrado, nunca me pregunté cómo es que este venezolano llegó a redactar el código civil chileno; ni por qué conocía tan bien el derecho romano; ni las razones que tuvo para escribir el primer tratado de derecho internacional en Latinoamérica: todo lo anterior, sin haber tenido instrucción jurídica formal en su juventud. Las respuestas a cada una de esas preguntas, que no me hice, las encontré en la excelente biografía de Iván Jaksić. Ahí descubrí que Bello comenzó su estudio del derecho en las Siete Partidas, a las que derivó de su análisis filológico del Cantar de Mio Cid; que su interés en el derecho internacional se originó en el ejercicio de sus cargos en las legaciones colombiana y chilena en Londres, y en el Ministerio de Relaciones Exteriores en Chile; y que la redacción del código civil chileno, basado en un derecho romano tardío, estuvo íntimamente ligada a sus estudios de gramática y ortografía. En el libro de Jaksić también descubrí que el gran motivo que llegó a Andrés Bello a emprender estos y otros desafíos intelectuales, era su afán por crear un orden sobre el cual las nuevas repúblicas latinoamericanas pudieran prosperar. Un orden que, según Bello, sólo se podía fundar en el reconocimiento de nuestras raíces hispánicas comunes, y de nuestra individualidad como estados autónomos. Lenguaje, derecho, soberanía y progreso quedaban, así, indisolublemente vinculados en el pensamiento de Andrés Bello, y en su obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Leyendo a Iván Jaksić recordé un episodio de mi adolescencia. Cuando estaba en educación media, cercano a egresar, nos llevaron junto a mi curso al teatro del colegio, a escuchar a un grupo de ex alumnos hablar sobre sus respectivas carreras. De ellos, sólo guardo en mi memoria a Enrique Barros, hoy presidente del Colegio de Abogados de Chile. En ese entonces no tenía idea quién era ese señor más bien serio, y si hoy me acuerdo de él -a diferencia de los otros invitados- es por una frase que dijo y me intrigó por años. No retuve los términos exactos que usó Barros ese día, pero sí el sentido de su frase: la poesía no puede serle ajena a un abogado. Ya en mi segundo año de derecho llegué a la temprana (y errada) conclusión que las humanidades estaban separadas del derecho. Sufría con esta aparente separación, y al recordar la frase de Enrique Barros, la encontraba carente de sentido –sonora, pero vacía. Casi irónica. Sólo una vez titulado, pude comprobar cuán acertada era su aseveración. Ejerciendo como abogado, me di cuenta que mi trabajo se podía resumir de la siguiente manera: interpretaba lo que leía de otros, y anticipaba la interpretación que podían dar éstos a lo que yo escribía. Comprobé, en otros términos, que los abogados no son otra cosa que profesionales de la palabra. Como tal, un licenciado en derecho que no se sienta atraído por la interpretación de la poesía, la más compleja y profunda de las manifestaciones de la palabra oral y escrita, no será más que un tinterillo, un empresario frustrado, un tecnócrata, un político de profesión, o un simple empleado o funcionario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso lo sabía Andrés Bello. Yo sólo lo vine a aprender tiempo después de haber memorizado buena parte de su código.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-4201326213793492942?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4201326213793492942'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4201326213793492942'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/08/lenguaje-y-derecho.html' title='Lenguaje y derecho'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-4483772760083191288</id><published>2010-07-20T15:05:00.000-07:00</published><updated>2010-08-26T10:12:00.564-07:00</updated><title type='text'>El email que no llega</title><content type='html'>Como muchas personas, vivo pendiente de mis cuentas de &lt;em&gt;email&lt;/em&gt;. Mientras trabajo, mantengo abierta la que más uso, y a la que están redireccionadas las otras. Me llegan varios correos al día: los voy contestando de a poco, según la urgencia de cada uno y el tiempo que dispongo para pensar la respuesta correspondiente. Es un buen número de &lt;em&gt;emails&lt;/em&gt; los que recibo, y sin embargo no son suficientes. Mientras leo o escribo algo, tengo un ojo puesto en esa página siempre abierta, a la espera de ese correo que podría cambiar el curso del día. Al volver a la oficina, lo primero que hago es revisar mis &lt;em&gt;emails&lt;/em&gt; –no importa que haya pasado un día o media hora, lo tengo que hacer. Por lo mismo me he negado a tener una &lt;em&gt;Blackberry&lt;/em&gt;. Estaría todo el día revisando mi cuenta, a cualquier hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿qué es este &lt;em&gt;email&lt;/em&gt; que tanto espero? No se relaciona a una persona en concreto, ni a un asunto en particular. Se trata simplemente de un correo que me venga a sacar de la inevitable modorra que produce la rutina. En otras palabras: un mensaje que me devuelva la vida que las obligaciones cotidianas, y el artificio social generalizado de hoy, me quitan poco a poco. Intuyo que no estoy sólo en esta espera. Que son muchos los que, como yo, se ilusionan con la idea de ese &lt;em&gt;email&lt;/em&gt; improbable. Pero posible.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-4483772760083191288?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4483772760083191288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4483772760083191288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/07/el-email-que-no-llega.html' title='El email que no llega'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8701388192347213974</id><published>2010-07-04T20:29:00.000-07:00</published><updated>2010-08-31T13:38:23.650-07:00</updated><title type='text'>Y que jué</title><content type='html'>Comiendo en un restorán, de una caleta de pescadores cercana a Viña del Mar, vi a una nutria flotando en la bahía. Estaba de espaldas, con la cabeza levantada y un par de moluscos sobre la guata. En una de sus manos tenía una piedra, que utilizaba para golpear las conchas que sostenía en la otra: así las abría y se comía el bichito del interior. A pesar de la distancia, podía distinguir perfectamente sus largos y tiesos bigotes mojados. Le pregunté a uno de los pescadores por la nutria flotante. Me contó que era un chungungo que había llegado hace unos días, y que se paseaba junto a otro más por la pequeña bahía. Mientras lo miraba abrir un molusco tras otro, dando cuenta de cada uno con fruición, pude ver la cabeza del otro chungungo que aparecía y desaparecía del agua: en distintos lugares, y sin ninguna regularidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiempo después, leyendo un artículo del diario, me enteré que el nombre científico del chungungo es &lt;em&gt;lontra felina&lt;/em&gt;, y que tiene un pariente que habita más al sur que se llama huillín. Ambos miden aproximadamente setenta centímetros, de los cuales treinta o cuarenta son de cola. Mientras el primero prefiere las costas rocosas, el segundo opta por lugares con vegetación densa. El nombre científico del huillín es &lt;em&gt;lontra provocax&lt;/em&gt;, y está en peligro de extinción debido a su caza ilegal y la destrucción de su hábitat. No es un animal particularmente bonito, aunque sí muy simpático de pinta. Como los chungungos que vi en la caleta de pescadores, cerca de Viña del Mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué ameritaba el huillín un artículo periodístico? Por la sencilla razón que este mamífero, de nombre mapuche, ha impedido que una de las especies más dañinas introducidas en Chile se siga propagando: el pequeño, y tímido, visón. Debido a su voraz apetito, éste come huevos y crías de peces y aves, además de roedores, anfibios, crustáceos e insectos. O sea, devora la frágil fauna autóctona. Se ha hecho de todo para controlarlo, sin éxito. El avance del visón ha sido tal, que los especialistas llegaron a temer que lo único que lo podría detener es el desierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que se acordaron del huillín. Tanto éste, como el visón, tienen un hábitat y costumbres alimenticias similares. No obstante, los tres kilos del mamífero de América del Norte nada pueden contra los más de catorce de su pariente sureño. Ahora se piensa en reintroducir al huillín, primero en islas, y luego en el continente, a fin de hacer frente a la especie introducida. El huillín no va a erradicar al visón, pero ayudará a controlarlo. La simpática nutria local no será tan bonita ni lucrativa como su pariente nórdico, pero no se acompleja ante ella. Al contrario. Pareciera decir: aquí estoy yo, y que jué. Lo mismo que decían los simpáticos chungungos, de la caleta de pescadores.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8701388192347213974?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8701388192347213974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8701388192347213974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/07/y-que-jue.html' title='Y que jué'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-2782633156181262986</id><published>2010-06-29T14:59:00.000-07:00</published><updated>2010-07-07T09:11:30.200-07:00</updated><title type='text'>Casa Central</title><content type='html'>La Casa Central de la Universidad Católica tiene tres patios cerrados por pasillos que dan a salas y oficinas, tanto en un primer como en un segundo piso. Son todo lo que se terminó del proyecto original, que se iba a llamar Palacio Universitario. El resto del campus actual es una colección de edificios construidos en años distintos, y que tienen muy poco que ver el uno con el otro. Están ubicados de tal manera que dejan al menos tres patios interiores más. Sin embargo, estos edificios posteriores están separados entre sí, por lo que la continuidad de los pasillos del proyecto original se perdió para siempre. Quien quiera ir, por ejemplo, de la Facultad de Medicina a la de Comunicación, o de ésta a la de Derecho, tiene necesariamente que pasar por el patio interno al que dan las respectivas Facultades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resultado es un campus que se ve muy bonito y homogéneo desde la Alameda. Dicha percepción se mantiene en los primeros patios, viniendo de esa entrada. No obstante, a medida que uno se interna en la Casa Central, yendo hacia Marcoleta, la desarmonía del conjunto, y la fealdad de algunos de sus rincones, se hacen cada vez más patentes. El campus Casa Central refleja así, involuntariamente, el alma nacional de un país en apariencia uniforme, racional y ordenado, pero que en verdad es fraccionado, arbitrario y desorganizado. A pesar de esto, y quizás por lo mismo, el campus y el país se cuelan en la memoria de los chilenos, y de algunos extranjeros. Ahí se quedan ambos, porfiadamente, de manera indefinida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-2782633156181262986?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2782633156181262986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2782633156181262986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/06/casa-central.html' title='Casa Central'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-4731093273783197827</id><published>2010-06-17T14:01:00.000-07:00</published><updated>2010-06-17T16:45:56.873-07:00</updated><title type='text'>Contactos telefónicos</title><content type='html'>Los celulares permiten dejar registrados nombres y números, a fin de facilitar el hacer un llamado. Se les conoce como contactos, y son una de las funciones básicas de cualquier teléfono móvil. Con el transcurso del tiempo, vamos agregando personas a nuestro listado. Lo que no es difícil: la mayoría de las veces lo hacemos en forma casi mecánica. Teniendo al nombre y número registrados, nos olvidamos del asunto hasta que necesitamos ubicar a la persona respectiva. Sin embargo, con el paso de las semanas, meses y años, también vamos sacando contactos de nuestro listado. Lo que tampoco es difícil: se busca la opción “borrar contacto”, se confirma la orden dada, y listo. Así salen de nuestros celulares aquéllos nombres y números que ingresaron a éstos provenientes de una vieja agenda telefónica o de otro celular. Así salen, asimismo, aquéllos que registramos en un simple rapto de entusiasmo pasajero, en uno de esos infaltables intercambios de número &lt;em&gt;in situ&lt;/em&gt;, o en una de esas situaciones en que es necesario ubicar a alguien para algo puntual. Lo normal es que no se sienta nada al borrar un contacto telefónico. Pero hay casos en los que cuesta eliminarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Borrar un contacto es como ordenar o limpiar una pieza, un departamento o una casa. Vale decir, es un acto rutinario, que hacemos sin pensarlo demasiado. No obstante, ocurre que cuando se ordena o se limpia un lugar, uno encuentra objetos que nos remiten a otros momentos de nuestra vida. Vienen entonces a la memoria situaciones y personas, sentimientos, anhelos y sueños del pasado. Lo mismo pasa con aquellos contactos de quienes nos fueron cercanos e importantes, o que prometían serlo. Dudamos ante los objetos encontrados al ordenar o limpiar un lugar, y que tienen una carga emocional. Lo boto, no lo boto… Algunas veces los salvamos, hasta el próximo orden o limpieza. Lo propio ocurre con los contactos telefónicos, de quienes no nos fueron indiferentes. Pero, como con los objetos, hay casos en los que sabemos que ya no tiene sentido mantenerlos guardados. Los motivos que llevan a borrar un contacto son tantos, que no vale la pena enumerarlos. Basta decir que los eliminamos. Y con algunos de ellos, se va un pedacito de nosotros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-4731093273783197827?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4731093273783197827'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4731093273783197827'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/06/contactos-telefonicos.html' title='Contactos telefónicos'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-171904388436729407</id><published>2010-06-02T20:05:00.000-07:00</published><updated>2010-06-08T19:36:17.446-07:00</updated><title type='text'>Más allá que acá</title><content type='html'>Tuve un &lt;em&gt;fox terrier&lt;/em&gt; muy simpático e inteligente. Por su personalidad, y larga convivencia con nosotros, pasó a ser uno más de la familia. Era común topárselo en la casa de mis papás, o en el patio de la misma. Una tarde de verano, cuando ya estaba muy viejito, lo encontré en un pasillo. Al principio, no me percaté de su presencia. La mirada fija de mi perro me sacó del aturdimiento que me producía, en ese momento, un televisor. Su cuerpo débil sostenía, a duras penas, un par de ojos vidriosos, opacos, intensos. Respiraba con dificultad: todo en él reflejaba cansancio. Al verlo, supe de inmediato que se estaba despidiendo. Fue un raro &lt;em&gt;farewell&lt;/em&gt;, sin los sollozos. Pocos días más tarde, mi &lt;em&gt;fox terrier&lt;/em&gt; no despertó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No mucho después, me enteré que Jorge Teillier daría una charla en la Universidad Católica. Por esos años yo iba a clases al campus Oriente, y decidí ir a conocerlo. Era, y sigue siendo, uno de mis poetas favoritos. La figura de Teillier me impresionó mucho. Se le veía pálido y decaído, indiferente a todo –frágil. Nos miraba con una fría dulzura, que venía de muy lejos. Me vino a la mente una estrofa de sus poemas. La que dice: “Daría no sé cuanto / por descansar en la tierra / con las frías monedas de plata de la lluvia / cerrándome los ojos”. Al igual que mi mascota, Teillier se despedía con la mirada; en ella se reflejaba ya el otro lado de la laguna Estigia. Un par de semanas más tarde, Jorge Teillier murió. Como mi &lt;em&gt;fox terrier&lt;/em&gt;, llevaba un buen tiempo haciéndolo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-171904388436729407?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/171904388436729407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/171904388436729407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/06/mas-alla-que-aca.html' title='Más allá que acá'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-3454621721363349485</id><published>2010-05-18T14:10:00.000-07:00</published><updated>2010-05-20T10:28:12.915-07:00</updated><title type='text'>Volver al mar</title><content type='html'>Ordenando papeles encontré un diario chileno, de los días posteriores a nuestro último terremoto. En él venía un reportaje distinto, poético sin proponérselo. Era sobre los pescadores de Boyeruca, Llico y Loanco, tres de esas localidades devastadas por el maremoto que destruyó numerosos poblados de la zona centro/sur de Chile. El periodista de la nota entrevistó a varios pescadores que lo habían perdido todo en la catástrofe. Ante las preguntas del reportero, uno tras otro terminaba por repetir la misma frase: el mar da y quita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A medida que avanzaba en la lectura del artículo, la sabiduría de esos hombres simples, sufridos, me llenaba de asombro. Uno de ellos señalaba no sentir rencor contra el mar, pero sí un poco de miedo. Otro indicaba que todo lo que tenía era gracias a éste, quien sólo había venido a reclamar lo que era suyo. Ninguno pedía, ni esperaba, limosna alguna. Lo único que querían era que se les ayude a financiar nuevas embarcaciones, para retomar su oficio. Porque -como agregaba uno de ellos- sólo se empieza a pescar, cuando se pasa la rompiente. Y para eso, claro, se necesita un bote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero se requiere algo más. La decisión de volver a ese mar, que tanto les ha dado y tanto les ha quitado, involucra coraje. Los pescadores de Boyeruca, Llico y Loanco, lo daban por descontado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-3454621721363349485?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3454621721363349485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3454621721363349485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/05/volver-al-mar.html' title='Volver al mar'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-854348057568775019</id><published>2010-05-04T20:20:00.000-07:00</published><updated>2010-05-27T07:35:24.035-07:00</updated><title type='text'>Final de viaje</title><content type='html'>El avión sobrevuela los Andes. Los pasajeros se asoman a sus ventanillas para mirar las montañas, nieves eternas, valles, ríos y lagunas que se suceden a sus pies. Unos lo hacen ruidosamente. Son turistas, o lugareños que se comportan como tales. Se paran, sacan fotos, y comentan a viva voz el suceso. Otros lo hacen en silencio. Entre ellos hay chilenos y extranjeros. No se levantan de sus asientos: van inmersos en las ideas y sensaciones que se agolpan a la vista de la cordillera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata de un paisaje singular, que anuncia la llegada a un destino único. Y que, sin embargo, no es el mismo para todos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-854348057568775019?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/854348057568775019'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/854348057568775019'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/05/episodio-aereo.html' title='Final de viaje'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-6913017414428909336</id><published>2010-04-27T21:34:00.000-07:00</published><updated>2010-06-01T06:29:07.174-07:00</updated><title type='text'>Lovaina</title><content type='html'>No recuerdo la primera vez que oí hablar de esta ciudad. En mi memoria, su nombre está indisolublemente ligado al de su universidad, y a los numerosos chilenos que han estudiado en ella. Por aquí han pasado sacerdotes, políticos, profesores universitarios, y un sinnúmero de profesionales nacionales. Y por aquí pasó el santo que estudió en mi Colegio y en mi Facultad: el Padre Alberto Hurtado. Lovaina es hoy la más antigua de las universidades católicas. Mejor dicho, es la más antigua de las que todavía tienen un vínculo con la Iglesia Católica. Fundada en 1425 por el Papa Martín V, su historia está llena de altibajos –como la historia de su país y del continente donde se ubica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las calles y edificios de Lovaina no son tan impresionantes como los de otras ciudades flamencas. Brujas, Gante, Amberes o Malinas no sufrieron tanto, como ésta, durante las guerras mundiales del siglo pasado. La ciudad fue reconstruida dos veces, con cuidado y con cariño. El resultado así lo atestigua. A cada paso que se da por Lovaina uno encuentra iglesias; antiguos colegios de la universidad; centros, institutos y facultades de la misma. También queda uno que otro seminario, se ve alguna que otra monja y cura pasar, y los nombres de sus calles y edificios aluden a santos, papas y religiosos en general. Lo que no es común en la Europa de hoy, menos en la del norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El idioma original de esta universidad era el latín. Sin embargo, el paso a las lenguas vernáculas aquí se dio al francés, en vez de al holandés. Esa era la lengua del nuevo estado belga y de su elite. Desde el siglo XIX, hasta fines de la década del ’60, las clases se siguieron impartiendo principalmente en ese idioma. Entonces el conflicto entre flamencos y valones, que todavía divide a este país en dos regiones que se miran con recelo, explotó con toda su fuerza en la pequeña capital de la provincia de Brabante. El resentimiento de los lugareños y de los profesores de habla holandesa hacia aquellos que enseñaban en francés, sumado al movimiento estudiantil de nacionalistas flamencos que alegaban discriminación en su propia tierra, produjo la caída del gobierno belga en 1968.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La solución al conflicto fue tan asombrosa, como ridícula. La universidad se dividió en dos: la parte flamenca permaneció en Lovaina, y la parte valona se fue a unos kilómetros de la frontera lingüística, donde se fundó otra universidad –Lovaina la Nueva. El absurdo llegó al paroxismo cuando las autoridades de la época no pudieron alcanzar una decisión sobre la forma de repartirse los libros de la biblioteca. ¿Resultado? En Lovaina quedaron los libros cuyo número de catálogo terminaba en impar, y a Lovaina la Nueva fueron a parar aquellos terminados en par. Este insólito conflicto se trasladó luego a Bruselas, donde la Universidad Libre también terminó por dividirse en dos. Es una historia que todavía está latente, a lo largo del país. Actualmente, en Lovaina todos los carteles están en holandés; rara vez se escucha hablar en francés a alguien; casi no hay cursos en ese idioma en la universidad; y la sección de libros en francés de las librerías es tan insignificante como las de los idiomas extranjeros a Bélgica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, la Lovaina flamenca ha sabido mantener el carácter internacional, que la ha enriquecido intelectualmente desde sus primeros años. Lo ha logrado a través de la docencia y la investigación en inglés, algo que han venido haciendo con mucho éxito las universidades de su vecino del norte: los Países Bajos. La Lovaina actual es una universidad moderna, pero fuertemente anclada en sus tradiciones, lo que todavía se puede ver en sus ceremonias. Recién llegado, me tocó asistir a una. Se la conoce como &lt;em&gt;Patroonsfeest&lt;/em&gt; –el día del santo patrón de la universidad. La ceremonia comienza en el &lt;em&gt;Universiteitshal&lt;/em&gt; o paraninfo. De ahí, parten caminando todos los doctores que son profesores de la universidad, con sus togas y birretes negros, y sus cintas de distintos colores, hacia la &lt;em&gt;Sint Pieterskerk&lt;/em&gt; -la Iglesia de San Pedro, el equivalente a la catedral de la ciudad, que queda a menos de dos cuadras de distancia. En ésta se lleva a cabo una misa, después de la cual los profesores vuelven caminando al paraninfo, mientras unos tipos vestidos con trajes de la baja edad media tocan sus trompetas desde el &lt;em&gt;stadhuis&lt;/em&gt;, el lindísimo edificio del ayuntamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viendo ese día pasar a los doctores, con sus atuendos, me vino a la memoria una ceremonia similar que viera en su momento en Leiden. La misma que se repite -con variaciones- en otros lugares de Europa, y que antes se repitiera en nuestras ciudades coloniales. Incluso en Chile, donde una ceremonia parecida tenía lugar en la antigua Universidad de San Felipe, en el pequeño Santiago de provincia que precedió a nuestra disfuncional metrópoli de hoy. Mirando a los profesores pasar por Lovaina, no pude menos que recordar la letra de un lindo fado, que habla de otra ciudad universitaria. Ese que tan apropiadamente dice: “&lt;em&gt;Coimbra dos doutores / Pra nós os seus cantores / A fonte dos amores és tu&lt;/em&gt;”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-6913017414428909336?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/6913017414428909336'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/6913017414428909336'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/04/lovaina_27.html' title='Lovaina'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-6829366678667189366</id><published>2010-04-14T19:35:00.000-07:00</published><updated>2010-05-04T10:10:14.095-07:00</updated><title type='text'>Quo vadis</title><content type='html'>Yendo a la universidad, en Lovaina, hay un viejo pórtico de ladrillo y piedra que dice “&lt;em&gt;Quo Vadis&lt;/em&gt;”. La frase viene de la pregunta que le hiciera San Pedro a Jesús, al verlo caminando en sentido contrario por la Via Appia. El primero venía saliendo de la ciudad, escapando de la persecución de los romanos a los cristianos, cuando se encontró con el segundo. San Pedro le preguntó - “&lt;em&gt;quo vadis, Domine&lt;/em&gt;?”. La frase original fue dicha, probablemente, en arameo. A nosotros nos llegó en latín. Traducida al castellano significa “¿adónde vas, Señor?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta de Jesús hizo al santo volver sobre sus pasos. Dijo -“voy a Roma, para que me crucifiquen de nuevo”. San Pedro sabía muy bien que al seguirlo tendría la misma suerte. Y así terminó: en Roma, crucificado. Es una historia que no me deja indiferente. Por desgracia, después que una vieja película utilizara por título la expresión “&lt;em&gt;quo vadis?&lt;/em&gt;”, ésta se banalizó, perdiendo toda fuerza. Al punto que hoy es un buen nombre para una pizzería, al lado de un pórtico, en Lovaina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿A dónde vas? Eso es lo que me preguntan siete letras, día a día, en un pasaje de esta ciudad universitaria. Como el niño que repite incesantemente “¿por qué?” a cada posible respuesta, nada es suficiente para contestar a esta pregunta, que me interpela en lo más profundo. Para dónde voy... Cuando se me acaban las respuestas, sólo queda una certeza. Avanzo, porque no hacerlo es retroceder.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-6829366678667189366?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/6829366678667189366'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/6829366678667189366'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/04/quo-vadis.html' title='Quo vadis'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-514544663190741487</id><published>2010-04-02T19:51:00.000-07:00</published><updated>2010-04-09T06:18:34.507-07:00</updated><title type='text'>A España</title><content type='html'>Mis antepasados vienen de Andalucía, Extremadura, Castilla, Valencia, Aragón, el País Vasco y Galicia, algunos de Escocia, y otros de Suiza. O sea, la mayoría vienen de España. Creo que, en mi caso, esa circunstancia es mucho más que un simple dato. La primera vez que visité este país sentí un continuo &lt;em&gt;déjà vu&lt;/em&gt;: esa extraña sensación de haber estado en un lugar antes. Sus pueblos y ciudades me recordaban paisajes vistos antes en Chile o en Argentina, en Ecuador, en Perú o en México. Recorriendo los caminos de España imaginaba a sus hijos, esos que emigraron siglo tras siglo para encontrar un nuevo hogar, en parajes tan parecidos al terruño que dejaron, muchas veces para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los nombres y el habla que pueblan la geografía de España se repiten, con pocas variaciones, en los pobladores actuales de América Latina. A tal punto, que ver un mapa de la península, transitar por sus caminos o sus ciudades, es como pasar una larga lista de curso, escuchar un viejo cancionero, u hojear un gran álbum de fotos. El viajero que avanza por sus calles, rutas y senderos va encontrando, en cada recodo, un recuerdo –personas y situaciones, apiladas en el desván de nuestra memoria. Los giros idiomáticos, las costumbres, todo hace que el criollo -y también el mestizo- se reconozca a si mismo en España y los españoles. Esto explica, asimismo, el desdén manifiesto del latinoamericano medio hacia la antigua metrópoli y sus habitantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en los años de nuestra independencia, los criollos que la guiaron hicieron sinónimo de atraso a España, y sinónimo de progreso a Francia. Sus descendientes, y los de los mestizos que han vivido a su imagen y semejanza, siguen pensando de la misma manera. Poco importa que hayamos reemplazado a Francia por EEUU, como modelo de desarrollo. Hasta el día de hoy, el latinoamericano no se siente en Europa, sino hasta que cruza los Pirineos. Los españoles son brutos, flojos, maleducados –escuchamos decir, evitando la pregunta de fondo que no nos atrevemos a hacer: ¿cómo van a ser desarrollados estos tipos, que tanto se parecen a nosotros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, sin embargo, venimos de España: nos guste o no. Más que adoptar una apolillada postura hispanista, se trata de constatar un hecho. Es cierto: en algunos lugares de América Latina, la influencia indígena será más acusada. Digo lugares, puesto que la distinta acentuación se da tanto entre países, como dentro de las fronteras nacionales. De provincia a provincia, de ciudad a ciudad. Y de barrio a barrio. Porque más que geográfica, la diferenciación es social –y, por tanto, cultural. Pero cualquiera sea el lugar que ocupemos en la geografía y sociedad latinoamericanas, todos tenemos un poco de español.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo digo con orgullo: hay algo mío en los campos y ciudades de España, y hay algo mío en su gente. Por eso, aunque nunca haya vivido en este país, y mis antepasados lo dejaran hace siglos, yo no vengo a España. Yo sólo vuelvo a ella.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-514544663190741487?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/514544663190741487'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/514544663190741487'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/04/espana.html' title='A España'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-2722155743793132939</id><published>2010-03-15T19:54:00.000-07:00</published><updated>2010-04-25T15:51:27.960-07:00</updated><title type='text'>Paraules d’amor</title><content type='html'>He leído buenos libros sobre el amor. El clásico “&lt;em&gt;The Four Loves&lt;/em&gt;” de Clive Staples Lewis; el excelente “La llama doble” de Octavio Paz; o el interesantísimo “&lt;em&gt;La plus belle histoire de l’amour&lt;/em&gt;”, editado por Dominique Simonnet. Sin embargo, es una frase del libro “&lt;em&gt;Feux&lt;/em&gt;”, de Marguerite Yourcenar, la que más recuerdo al respecto. Decía ahí la escritora belga:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cuando estás ausente, tu figura se dilata hasta el punto de llenar el universo. Pasas al estado fluido, que es el de los fantasmas. Cuando estás presente, tu figura se condensa; alcanzas las concentraciones de los metales más pesados, del iridio, del mercurio. Muero de ese peso, cuando me cae en el corazón".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro de la Yourcenar fue escrito a raíz de lo que ella denominó una “crisis pasional”. En concreto, el amor no correspondido que sintió por un editor. Esto explica otros pasajes del texto. Como éste: “El alcohol desembriaga. Después de beber unos sorbitos de coñac, ya no pienso en ti”. O éste: “¿A dónde huir? Tú llenas el mundo. No puedo huir más que en ti”. “Fuegos”, como su nombre lo indica, es un libro intenso. Habla de la pasión, y de qué manera. Sin embargo, no se refiere al verdadero amor: ese que es capaz de superar el desgaste que produce en nosotros el tiempo, y muchas veces el espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto, en el amor no hay reglas –pero sí hay algunas constantes. El amor pasional, que describe el libro de Marguerite Yourcenar, es una de ellas. Como esos ríos de montaña, cuyas aguas corren hacia abajo con rapidez, salpicando y haciendo ruido al chocar con piedras y rocas, el amor pasional es también joven. Le queda bastante camino por recorrer, antes de llegar al mar; y no todos lo hacen. El amor pasional suele extinguirse en su propia intensidad: para muchos, tiene un ritmo que resulta insostenible. Aún cuando la adrenalina de haberlo recorrido, difícilmente pueda olvidarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amor maduro, es otra de estas constantes. A diferencia del anterior, se parece a esos ríos caudalosos que se desplazan lentamente por las planicies. Al mirar su superficie, pareciera que apenas avanzan. Sin embargo, la potencia de sus aguas es tal, que no hay piedra ni roca que los pueda desviar. Avanzan con una fuerza hercúlea, pero apenas perceptible. Con toda tranquilidad y majestuosidad mueven sus aguas, que provienen de los numerosos ríos de montaña que lo alimentan. Por lo mismo, son navegables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay muchas definiciones de amor. O sea, no hay ninguna. Mejor es describirlo: el verdadero amor o es valiente, o no subsiste. Como dice Silvio Rodríguez, en una estrofa memorable de “Óleo de una mujer con sombrero”: “Los amores cobardes no llegan a amores / ni a historias, se quedan allí / Ni el recuerdo los puede salvar / ni el mejor orador conjugar”. Pero no basta sólo eso: el amor maduro tiene que basarse en una admiración y necesidad mutua, y en la generosidad. Lo que lo aleja del simple enamoramiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otras palabras, el amor verdadero es como una larga conversación de dos personas, tomadas de la mano. La necesaria (y tan caprichosa) atracción física no es suficiente. Tiene que haber un intercambio de sentimientos, ideas, sueños y secretos, a través de los años. Y en este intercambio, las palabras de amor “sencillas y tiernas”, de la canción de Serrat, no pueden faltar. Nunca.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-2722155743793132939?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2722155743793132939'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2722155743793132939'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/03/paraules-damor.html' title='Paraules d’amor'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-1937840054904292575</id><published>2010-03-01T13:57:00.000-08:00</published><updated>2010-03-07T11:12:14.911-08:00</updated><title type='text'>Terremoto a la distancia</title><content type='html'>Enterarse de una catástrofe que afecta a tu país, mientras se está en el extranjero, produce sensaciones encontradas. La primera de ellas es la natural preocupación por saber cómo están familiares y amigos -que conlleva una necesidad de comunicarse cuanto antes con alguno de ellos, para empezar a confirmar que están todos bien. La segunda es menos obvia: sobreviene en este tipo de situaciones un particular sentimiento de culpa por no haber estado allí con los tuyos, cuando la catástrofe tuvo lugar. Dan ganas de haber pasado por lo que ellos pasaron, de haber sentido lo que ellos sintieron, aunque la presencia de uno no sea de gran ayuda, ni cambie en algo el desenlace de los sucesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer terremoto que me ha tocó vivir fue el de 1985. Hasta ese momento me gustaban los temblores, tan corrientes en nuestra tierra. Después de vivir la incertidumbre que acompaña a un terremoto, esa de no saber cuánto va a durar o cuál va a ser su intensidad, ya no me gustan para nada. La amenaza permanente de un terremoto le agrega un cierto estoicismo al carácter del chileno. Detrás del exitismo y de la superficialidad y chabacanería pseudo-gringa, que inunda casi todo en nuestro país versión 2.0, hay un pueblo resistente, obstinadamente resistente a la desgracia. Como decía José Ortega y Gasset, Chile tiene algo de Sísifo –siempre empezando de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayoría de los chilenos hemos recibido nuestro bautizo telúrico, en algún momento de nuestras vidas. Sea en 1939; en 1960; en 1965 o 1971; en 1985; o ahora en el 2010. Y todos sabemos que nos tocará vivir otros terremotos más, aún cuando no estemos en Chile en ese momento. Entonces volveremos a sentir las palabras de Nicanor Parra, escritas a propósito del que destruyó Chillán en 1939:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que se levante el raudo viento azul de otoño,&lt;br /&gt;que aquí no pasa nada que puramente todo.&lt;br /&gt;Chillán existe como una rosa blanca&lt;br /&gt;sobre mi corazón húmedo y sin palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Chillán no está vencido, Chillán laurel alzado&lt;br /&gt;como el verde campo de los gentiles caballos.&lt;br /&gt;Que se levante el trueno vivo de los tambores&lt;br /&gt;y el hortelano alegre que se levante entonces.&lt;br /&gt;Chillán en cada gancho de lirio vibra&lt;br /&gt;como la espada abierta de la noche sombría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que se levante entonces como una bestia el día&lt;br /&gt;que aquí toda una llama que aquí nada ceniza.&lt;br /&gt;Que se levante el fuego como un caballo de oro&lt;br /&gt;que aquí no pasa nada que puramente todo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-1937840054904292575?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/1937840054904292575'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/1937840054904292575'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/03/terremoto-la-distancia.html' title='Terremoto a la distancia'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8933603944478106272</id><published>2010-02-22T20:48:00.000-08:00</published><updated>2010-05-17T08:30:01.038-07:00</updated><title type='text'>Un guante en el suelo</title><content type='html'>Caminaba por una vereda, cerca de mi departamento, cuando vi un guante botado en el piso. Era de lana, con un bonito diseño en tonos de un color café medio verdoso. Tenía su reverso hacia el suelo, y la palma hacia los transeúntes que pasaban por encima de él. La forma de la mano, que alguna vez cubrió, todavía era discernible. Su interior escondía el recuerdo del antiguo dueño: sus alegrías y dolores, sus esperanzas y desesperanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un guante en el suelo tiene una dignidad que no es fácil describir. Por más sucio y ajado que esté, sin importar lo irremisible de su destino, el guante huacho transmite vida, a la espera de la muerte. Y no sólo la propia. Un guante botado en el piso conlleva la condena de otro guante: la del que le sirve de par. Inevitablemente, los posibles destinos de todo guante huacho se reducen a uno –tarde o temprano va a parar al basurero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mientras agoniza, como éste, cuenta su historia. A quien quiera oírla. Ahí antes hubo una mano, que cubierta por él, hizo todo lo que una mano enguantaba puede hacer. Lo que no es poco. Puede empujar, levantar y cargar algo. Puede saludar y llamar la atención. Puede insultar y, ciertamente, puede golpear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero una mano enguantada puede también tocar con ternura a alguien, en la más romántica de las caricias posibles: aquella mediada por un guante. Algo que éste, probablemente nunca más vuelva a hacer. Y, no obstante, está todavía ahí en el suelo para contarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8933603944478106272?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8933603944478106272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8933603944478106272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/02/un-guante-en-el-suelo.html' title='Un guante en el suelo'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-3219187965082223602</id><published>2010-02-11T20:55:00.000-08:00</published><updated>2010-05-04T09:48:34.620-07:00</updated><title type='text'>Por la ciudad nevada</title><content type='html'>Hoy nevó en Lovaina. Yendo y viniendo por sus calles, pensaba en el efecto que producen los días como éste, en las ciudades y sus personas. Los pocos transeúntes que pasan, lo hacen abrigados, cubiertos y aislados por su propia ropa. Y por la nieve, que todo lo ilumina. Los copos caen lentamente, mientras los relojes se ajustan a la nueva cadencia. En ese ambiente onírico, entre gris y blanco, uno ve transitar autos, bicicletas y peatones. Quiéranlo o no, sin apuro: al ritmo de la armonía del invierno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-3219187965082223602?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3219187965082223602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3219187965082223602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/02/por-la-ciudad-nevada.html' title='Por la ciudad nevada'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8578818007593506619</id><published>2010-02-02T19:05:00.000-08:00</published><updated>2010-02-11T10:48:54.060-08:00</updated><title type='text'>Dos estatuas</title><content type='html'>En una de esas plazoletas escondidas de la comuna de Vitacura, hay una estatua olvidada. Es el busto de un tipo de unos cuarenta o cincuenta y tantos años, que apoya su cabeza en el brazo derecho, junto a un pequeño aparato eléctrico o mecánico, que le sirve de compañía. Apareció hace ya varios años, y casualmente fui uno de los primeros en notarlo. Con un amigo de infancia nos juntábamos en esa plazoleta a descansar de interminables paseos en bicicleta por el barrio. Más tarde, con el mismo amigo nos juntábamos a fumar y a conversar de nuestras preocupaciones, intereses y sueños de entonces. De un día para otro, alguien dejó en este refugio de infancia y de adolescencia un artefacto cubierto por una gruesa cubierta plástica, montado en un tosco pedestal de cemento. Pronto descubrimos que el plástico ocultaba una estatua a la espera de su inauguración oficial, lo que explicaba la falta de una placa que indicara el nombre del individuo representado. Los días y los meses siguieron sin que nada pasara, hasta que un buen día un niño u otro adolescente -quién sabe- sacó el plástico que la protegía. Quedó la estatua a descubierto, anónima y olvidada, en la intersección de la calle Candelaria Goyenechea con el pasaje Tivoli.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lejos de ahí, en otra plazoleta de Vitacura, rodeada de avenidas y al borde de Las Condes, hay una estatua ignorada. Se trata de un &lt;em&gt;moai&lt;/em&gt; color café, al lado de una gran bandera chilena, que se puede ver con toda facilidad cuando se sube en auto por la Kennedy, o cuando se cruza ésta desde Américo Vespucio. Es difícil que un santiaguino que transite habitualmente por estas avenidas no haya reparado en dicha estatua. No obstante, rara vez se la comenta; y cuando se hace, es sólo para señalar que es &lt;em&gt;kitsch&lt;/em&gt;, que no tiene nada que ver con el entorno, que está pesimamente mal ubicada, que ni siquiera se parece a los &lt;em&gt;moais&lt;/em&gt; originales de la Isla de Pascua. Todo eso es cierto. El &lt;em&gt;moai&lt;/em&gt; en cuestión recuerda aquéllos de un particular restorán ochentero, de &lt;em&gt;show&lt;/em&gt; en vivo y recargada decoración polinésica; además, se ve desubicado el pobre, entre los nada polinésicos pinos y edificios de la Kennedy que lo rodean; y, por último, está a tal punto aislado por las entradas y salidas de la avenida que lo circunda, que sólo se puede acceder a él con un poco de riesgo vital. Quizás por lo mismo, se le ignora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no hay una sola ciudad: hay tantas, como tantos son sus habitantes y visitantes. Y en mi Santiago ambas estatuas ocupan un lugar privilegiado. El otro día pasaba por la plazoleta escondida de Vitacura y vi a un gringo (alto, rosado, &lt;em&gt;shorts&lt;/em&gt; y gorro de expedición incluidos) acercarse a su anónima estatua. Probablemente buscaba, y con toda razón, una placa que indique quién es el tipo representado. “No la va a encontrar” –pensaba con picardía para mis adentros, mientras lo miraba examinar la estatua. Una desazón muy parecida va a acompañar al incauto que se atreva a acercarse al &lt;em&gt;moai&lt;/em&gt; de la Kennedy. Allí, un extraño muro café -posterior a éste y lleno de inscripciones, al parecer pascuenses- le dirá poco y nada al curioso de turno. Sin embargo, es justamente en lo que no dicen estas estatuas donde radica su importancia –al menos, para mí. La de Vitacura me sigue sonriendo con complicidad, sin develar qué es el aparato que la acompaña y que tanto orgullo le produce. La de la Kennedy, en tanto, sigue erguida y de espaldas a la Cordillera de los Andes, buscando con sus grandes ojos una isla que sólo puede imaginar desde su plazoleta santiaguina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son dos estatuas que nadie se detiene a mirar. O casi nadie.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8578818007593506619?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8578818007593506619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8578818007593506619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/02/dos-estatuas.html' title='Dos estatuas'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-2953094798433435945</id><published>2010-01-13T20:05:00.000-08:00</published><updated>2010-01-21T04:49:34.707-08:00</updated><title type='text'>Alumnos de ayer y de hoy</title><content type='html'>El otro día me encontré a la entrada de la Facultad con otro profesor de ésta, ya mayor. Al subir al ascensor, me dijo –“Ahí están los niños con sus papás”. Lo dijo con toda amabilidad, a propósito de los ex-alumnos de colegio que en ese momento se inscribían como estudiantes de Derecho. Le comenté que no dejaba de llamarme la atención que unos pocos años atrás, cuando me tocó realizar este trámite, habría sido impensable venir acompañado, a menos que fuera con la polola o con amigos. A la universidad se llegaba entonces como adulto, por más que fueran nuestros papás quienes siguieran costeándonos educación y mantención. Me señaló que en su época también habría sido impensable algo así, y que siempre se imaginó a las generaciones futuras como más maduras que las anteriores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensando lo impensable nos bajamos del ascensor, y nos dirigimos cada uno a su oficina de la misma Facultad –que ya no es la misma. Para bien, y para mal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-2953094798433435945?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2953094798433435945'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2953094798433435945'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/01/alumnos-de-ayer-y-de-hoy.html' title='Alumnos de ayer y de hoy'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-3019039703947083153</id><published>2010-01-03T19:01:00.000-08:00</published><updated>2010-01-13T05:29:08.994-08:00</updated><title type='text'>Arte y vida</title><content type='html'>La entrada principal del Campus Oriente, de la Universidad Católica, es imponente. Una vez dentro, se tiene cuatro opciones: una escalera y un pasillo, tanto a la derecha como a la izquierda. Los pasillos llevan hacia patios interiores, donde otros pasillos llevan hacia patios exteriores. Un gran edificio neo-románico de dos pisos da sentido y vida a dichos pasillos y patios. Es una construcción tosca y sólida en su factura. Fresca en verano, fría en invierno –acogedora en toda estación. Años atrás, estos pasillos y patios rodeaban a las Facultades de Derecho, Educación, Filosofía, Historia, Letras, y Teología. Hoy, todas estas facultades se han ido a otros campus de la misma universidad. Pero en el segundo piso, subiendo por la escalera de la derecha, tras la entrada principal, todavía se encuentra el Instituto de Estética. Su historia se remonta a la década del ’60, cuando un dominico croata llamado Raimundo Kupareo estableció, junto a otros profesores, el Centro de Investigaciones Estéticas. En 1971 el Centro se convirtió en Instituto, y se adscribió a la Facultad de Filosofía en 1982. En ese instituto pasé dos años de mi vida. Y ahí conocí a profesores como los que hoy quiero recordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fidel Sepúlveda era uno de ellos. No impactaba por su pinta –parecía un personaje sabio y bondadoso, sacado de algún desconocido mito chilote. Las clases de don Fidel me descolocaron al principio, tanto como el nombre de su curso: Arte y Vida. En ellas se paseaba lentamente por la sala, entre los bancos de los alumnos, poniendo los más variados temas, sin ningún orden aparente. El paseo se interrumpía momentáneamente en el banco del alumno a quien dirigía una de sus múltiples preguntas. Fidel Sepúlveda escuchaba atentamente las respuestas y sobre éstas hacía más preguntas. Así pasaba, de banco en banco, la mayor parte de la hora de clases. De esta manera, nos obligaba a pensar, a tomar posición: a asumir y defender una postura. Nadie se salvaba. Si un alumno no contestaba a la primera, don Fidel repetía la pregunta a otro estudiante. Más tarde volvía a ese alumno, con otra pregunta, antes del final de la clase. Con él, todos hablaban. No quedaba otra. Claro que no se podía decir cualquier cosa; había que pensar la respuesta, y sentirla. Sabiendo que en su clase hablaríamos sí o sí, desde el primer minuto empezábamos a reflexionar sobre los diversos temas que nos iba proponiendo. Yo ya tenía cuatro años de estudios de Derecho en el cuerpo, y nadie me había enseñado a pensar en forma crítica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a tener a Fidel Sepúlveda como profesor en un curso de literatura contemporánea. Con él leíamos un libro a la semana y escribíamos un ensayo por libro, el que era leído en voz alta en clase y comentado con don Fidel y los otros compañeros. Como en el curso anterior, sus preguntas volvían a hacernos pensar, y nos forzaban a definirnos. En ese tiempo conversé mucho con Fidel Sepúlveda, entonces director del Instituto. Me contó que egresó de Derecho en la Universidad de Chile, pero nunca dio el examen de grado. No me dijo que antes fue seminarista con los franciscanos. Cuando lo supe, no me extrañó. Si me contó que estudió pedagogía en castellano en la Universidad Católica y que después se doctoró en filología en la Universidad Complutense. Me lo dijo con toda sencillez, como era su estilo, a propósito de alguno de sus temas favoritos: esos que no son urgentes. Hacia el final de su vida don Fidel fue nombrado miembro de la Academia Chilena de la Lengua. Cuando lo supe, tampoco me extrañó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había algo en ese grupo de discípulos del Padre Kupareo que trascendía la sala de clases. Podría nombrar a otros profesores, como Jaime Blume, Radoslav Ivelic o Jorge Montoya, pero de seguro que estaría dejando a otros fuera del listado. ¿Qué es lo que hacía tan especial a ese Instituto de Estética? Por un lado, la genuina vocación educativa de sus académicos; por otro, el &lt;em&gt;esprit de corps&lt;/em&gt; que unía al Instituto en una verdadera comunidad de profesores y estudiantes. En esa pequeña &lt;em&gt;universitas magistrarum et scholarium&lt;/em&gt; aprendí a valorar lo propio -a salir de la estrecha visión eurocéntrica que nos condena a los latinoamericanos a ser una mala copia de un original gastado. En el Instituto de Estética comprendí, además, algo que antes había escuchado en áridos términos filosóficos, sin llegar realmente a entenderlo. Que la belleza, la bondad y el bien son manifestaciones de una misma realidad. O si se quiere, ventanas a través de las cuales contemplamos destellos de algo que no podemos ver por completo. Al menos por ahora.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-3019039703947083153?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3019039703947083153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3019039703947083153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2010/01/arte-y-vida.html' title='Arte y vida'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-3627200165036810976</id><published>2009-11-29T16:04:00.000-08:00</published><updated>2010-08-21T19:28:51.354-07:00</updated><title type='text'>Inca Kola</title><content type='html'>Cada vez que voy al centro de Santiago, y puedo, me compro una &lt;em&gt;Inca Kola&lt;/em&gt; desechable de medio litro. Me explico: nací en Perú, lo que según las leyes de ese país, me hace peruano. No recuerdo nada de mis primeros años en Lima, pero sí recuerdo los veranos posteriores que pasamos allá en la casa de unos amigos de mis papás. De esas visitas viene, en parte, mi gusto por la historia y literatura de Perú; la arquitectura y arte coloniales (y las artesanías en general); la incomparable comida peruana; la Chabuca Granda y la música andina; las llamas y caballos de paso; el olor a cedro, que impregnaba casas y departamentos –y la &lt;em&gt;Inca Kola&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por desgracia, los recuerdos de infancia y de juventud son intransferibles. Cuando estaba en el colegio, tres de mis mejores amigos de esos tiempos fueron a Perú de vacaciones. Al volver, lo primero que les pregunté es si habían probado la &lt;em&gt;Inca Kola&lt;/em&gt;. “¿Tomar esa hueá?” –me dijeron. “¿Tai mah hueón? Si parecía meao”. Quedé muy sorprendido con la respuesta (y algo ofendido, para qué negarlo). Años después, le repetí la pregunta a un amigo de la universidad, que también viajó a Perú. “Sí la probé, hueón” –me dijo. “Pero no era gran hueá”. Para mí, en cambio, sí lo era. Y lo sigue siendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay cosas que nos devuelven, aunque sea por unos minutos, a nuestra infancia. Entonces, la sensación de nostalgia puede ser embriagadora. La &lt;em&gt;Inca Kola&lt;/em&gt; tiene ese efecto en mí: es una de esas cosas. Hoy la venden no sólo cerca de la Plaza de Armas y en los restoranes peruanos esparcidos por todo Santiago. La venden también en los grandes supermercados, en botellas desechables de litro y medio. La primera vez que las vi, no lo pensé dos veces. Compré una con la secreta esperanza de alargar el agradable recuerdo embotellado que me ofrecía el envase de medio litro. Nueva sorpresa: mientras más tomaba de la &lt;em&gt;Inca Kola&lt;/em&gt; de litro y medio, más desaparecía dicha sensación. Pronto sólo quedó una bebida dulzona, más adecuada para el paladar de un niño, que el de un adulto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que la nostalgia se debe tomar en pequeños sorbos. De lo contrario, el recuerdo se banaliza. Pudiendo incluso resultar hostigoso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-3627200165036810976?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3627200165036810976'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3627200165036810976'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/11/inca-kola.html' title='Inca Kola'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-6558380010176842855</id><published>2009-11-01T19:28:00.000-08:00</published><updated>2009-12-01T16:34:57.367-08:00</updated><title type='text'>Lado B</title><content type='html'>Antes había dos tipos de discos. A los de 30 centímetros de diámetro, que permitían escuchar un total de 60 minutos de música, se les conocía formalmente como “álbumes”, “&lt;em&gt;long plays&lt;/em&gt;”, o “elepés”, por su abreviación en inglés de &lt;em&gt;LPs&lt;/em&gt;. A los más pequeños, que incluían una canción por lado, se les llamaba “&lt;em&gt;singles&lt;/em&gt;”: su venta determinaba, al menos en el extranjero, el lugar que ocuparía la canción respectiva en los &lt;em&gt;rankings&lt;/em&gt; musicales. Mientras el &lt;em&gt;LP&lt;/em&gt; se compraba para escuchar todas –o casi todas- las canciones que incluía a cada lado, el &lt;em&gt;single&lt;/em&gt; se adquiría exclusivamente por la canción del lado A. Para aprovechar el espacio que quedaba al reverso, los sellos discográficos agregaban una segunda canción, que sólo escuchaban los más curiosos o fanáticos. Rara vez eran buenas las canciones del lado B. Y cuando lo eran, normalmente respondían al gusto muy personal de cada uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lado B se utiliza hoy en Chile como metáfora, respecto de cosas y personas en general. Se dice, por ejemplo: “tal fulano (o fulana) tiene un lado B”. Lo que significa: hay en él (o en ella) rasgos desconocidos por la mayoría, que no se condicen con los que lo (o la) identifican externamente. Como en los &lt;em&gt;singles&lt;/em&gt; de antaño, el lado B puede ser bueno o malo –en cualquier caso, es una sorpresa. Solía pasar que junto a la canción del lado A, que tanto nos gustaba, venía otra en el B, que era un bodrio. Uno entonces se preguntaba: ¿cómo es posible que el mismo grupo del temazo, cante semejante porquería? Pero había ocasiones en que, junto a la canción del momento, venía otra completamente distinta, que nos cautivaba por completo. Para nuestro asombro, al mostrársela a otros, descubríamos que el lado B no era de gusto masivo -ni lo sería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curioso destino, el de los lados B. En los de antes reafirmábamos nuestra individualidad. En los de hoy, se esconde la vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-6558380010176842855?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/6558380010176842855'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/6558380010176842855'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/11/lado-b.html' title='Lado B'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-1278991448845220734</id><published>2009-10-24T15:39:00.000-07:00</published><updated>2009-10-25T04:11:14.243-07:00</updated><title type='text'>Parece que va a llover</title><content type='html'>Es un viernes de fines de octubre en Santiago. Hace frío y está nublado: corre viento. Pasan los alumnos por el patio de la Casa Central, preocupados de sus pruebas y sus fines de semana. En el cielo, los tonos de gris se suceden unos a otros. Desde la ventana de mi oficina veo el patio, y los edificios de la universidad. Me detengo en el pedacito de cerro que se ve por encima de éstos. Decido bajar a ese patio: necesito caminar. Quién sabe, quizás también necesito almorzar. No tengo hambre, pero es la hora de hacerlo. Bajo y paso entre los alumnos y sus preocupaciones, devolviendo saludos. Noto cariño y reconocimiento. Camino apenas sin pensar. Me llena una nostalgia rara, no sé bien de qué. Poco importa. Desprovisto momentáneamente de pasado y de futuro, me siento solo y acompañado, vacío y pleno. Todo a la vez. Paso entre la gente como en un sueño. Me cae una que otra gota, pero no llueve. Sólo parece que va a llover.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-1278991448845220734?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/1278991448845220734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/1278991448845220734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/10/parece-que-va-llover.html' title='Parece que va a llover'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-2350593241922509998</id><published>2009-10-03T12:39:00.000-07:00</published><updated>2010-03-09T14:50:15.330-08:00</updated><title type='text'>El crucifijo y la cruz</title><content type='html'>Todo ignaciano recibe, al egresar, un crucifijo de bronce. En un costado lleva el nombre del ex-alumno, y el año de egreso. El crucifijo, en si, no es bonito. Pero no es en su belleza, donde radica su valor para el ex-alumno del San Ignacio. Hay algo en la sencillez del Cristo de bronce que atrae, que cautiva. Nos contaba un cura del colegio que, años atrás, por algún motivo que ahora no recuerdo, se perdió el molde del crucifijo. Se le propuso a los alumnos uno nuevo: más bonito, más actual. Fueron varias las alternativas ofrecidas; ninguna tuvo éxito. Los alumnos querían el Cristo que habían recibido los anteriores egresados, no otro. Se rehizo entonces el molde. Hasta el día de hoy, se entrega el mismo crucifijo a todos los ex-alumnos del San Ignacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un profesor de la Facultad de Derecho de la UC, ex-alumno del colegio, me comentó lo siguiente, alguna vez: cuando estoy preocupado y confundido -me dijo- miro al Cristo de mi crucifijo, tratando de encontrarle un rostro. He intentado este ejercicio por mi cuenta varias veces, sin resultado. El Cristo de mi crucifijo sigue sin facciones definidas. Quizás ahí radica su fuerza y su magnetismo. Para mí, es un Cristo anónimo, que nos representa a todos, en algún momento de nuestras vidas. La cruz es inevitable. De ahí mi permanente asombro: el único que pudo eludirla, la eligió –por los demás. Y es en la entrega de ese Cristo, donde recuerdo la fe que adquirí con mis padres, y que fortalecí con los jesuitas. La misma que por momentos ha tambaleado, pero no he perdido: ni siquiera cuando me he visto expuesto a la desconcertante frialdad de los ambientes ateos, o a la enervante hipocresía de los entornos fariseos. Es la fe que resume muy bien el lindísimo poema atribuido a San Francisco Javier, que transcribo sin mayor preámbulo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me mueve, mi Dios, para quererte&lt;br /&gt;el cielo que me tienes prometido,&lt;br /&gt;ni me mueve el infierno tan temido&lt;br /&gt;para dejar por eso de ofenderte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú me mueves, Señor, muéveme el verte&lt;br /&gt;clavado en una cruz y escarnecido,&lt;br /&gt;muéveme el ver tu cuerpo tan herido,&lt;br /&gt;muévenme tus afrentas y tu muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,&lt;br /&gt;que aunque no hubiera cielo, yo te amara,&lt;br /&gt;y aunque no hubiera infierno, te temiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me tienes que dar porque te quiera,&lt;br /&gt;pues aunque lo que espero no esperara,&lt;br /&gt;lo mismo que te quiero te quisiera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-2350593241922509998?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2350593241922509998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2350593241922509998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/10/el-crucifijo-de-mi-colegio.html' title='El crucifijo y la cruz'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8920345222839259944</id><published>2009-09-20T11:23:00.000-07:00</published><updated>2009-09-26T06:59:48.975-07:00</updated><title type='text'>Viendo la parada militar</title><content type='html'>El 19 de Septiembre es el Día de las Glorias del Ejército de Chile. Tenemos un desfile todos los años, y el del 2009 prometía ser el más grande nuestra historia: comenzamos a celebrar el Bicentenario. Me senté frente al televisor, dispuesto a ver la parada completa; hace tiempo que quería hacerlo. Me paré tres horas más tarde, medio mareado de tanta marcha, y tanto milico. En esas tres horas aproveché de pensar un poco más sobre Chile, algo que vengo haciendo desde que tengo memoria. “Lindo país esquina, con vista al mar”: así lo describía con humor la compañía de teatro &lt;em&gt;Ictus&lt;/em&gt;, en los nada simpáticos años ‘80. La verdad es que me intriga mi lindo país, y lo quiero. Quizás por eso, también me duele. A veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Objetivamente, la parada militar es fome. Como cualquier otro desfile de estas características, se le puede calificar de monótono, con toda justicia. En mi caso, es un gusto adquirido. Cuando era chico no había TV por cable. El 19 de Septiembre se miraba la parada, o no se veía tele. Así de simple. Como sea, nuestro desfile militar siempre me ha impresionado, y me llena de orgullo. “Ya, seguro que este gallo es medio facho”, pensará más de alguno. Nada de eso: fui formado en el diálogo y en las razones; tanto como lo fui en la expresión de los sentimientos. De ahí que me resulte ajeno e incómodo el régimen autoritario que impera en los cuarteles –el mismo que rigió al país entero por 17 largos años. Pero me agrada el orden; soy chileno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es coincidencia que nuestro día nacional sea el 18 de Septiembre, y el del ejército el 19. Concuerdo con la tesis de Mario Góngora, en su “Ensayo histórico…”: la nación chilena se construyó en base a su Estado. Habría que agregar que el Estado se construyó en torno a una elite. Como en el resto de Latinoamérica, y tantos otros países descolonizados. Al gobierno de los peninsulares, siguió el de los criollos. Nuestra elite, eso si, fue exitosa. Y parte importante de ese éxito se lo debe a su ejército. A través de las fuerzas armadas, el pueblo se incorporó paulatinamente a la nación chilena. Otras estructuras estatales vinieron a complementar esta labor integradora. Por eso somos un país ordenado, legalista, fomeque –asfixiantemente homogéneo, como un regimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes del desfile militar, aparece un grupo de huasos y huasas que ofrecen un esquinazo. Después viene un puñado de mapuches a hacer lo suyo. Más tarde empieza la parada. ¿Hay mucha diferencia entre el huaso, el mapuche, y el militar? Aparte de las respectivas tenidas, ninguna. O casi ninguna. ¿Es que eligen tipos parecidos, a propósito? No, somos así no más: un pueblo mestizo, tanto del punto de vista racial, como cultural. Lo que demuestra la artificialidad del conflicto reciente en la Araucanía. Esos supuestos indios que uno ve en la tele, o en los diarios, son tan chilenos como cualquiera de nosotros. En fin, lo de los huasos y los mapuches es un aperitivo medio latero antes del plato de fondo: la parada misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta comienza con las escuelas de las distintas ramas de nuestras fuerzas armadas. Primero viene la Escuela Militar, que marcha al son de “&lt;em&gt;Radetzky&lt;/em&gt;”, una pieza austriaca, usando uniformes prusianos (paso de ganso incluido). Nada de lo anterior es chocante en Chilito –ya es parte de nuestras tradiciones. Sigue la Escuela Naval, muy &lt;em&gt;british&lt;/em&gt;, con una alegre marcha en base a instrumentos de percusión y de viento, que hacia la mitad se pone bastante más pesada. Después viene la Escuela de Aviación. Siempre me han parecido los más deslucidos de todos. No es por falta de marcialidad, sino por esos trajes pseudo-gringos, que nunca me han convencido. Los que sí me impresionan, y mucho, son los pacos. Perdón, la Escuela de Carabineros. El profesionalismo de estos tipos es asombroso. Hablar de la policía chilena me tomaría una entrada entera de este &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt;. Y seguro que quedo al debe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto empieza bien, y va mejorando de a poco, a medida que pasan los distintos regimientos. Mirar los trajes, las armas y los accesorios que llevan me entretiene. Pero más me gusta ver cómo marchan. Hablo de soldados y oficiales mayores, experimentados, curtidos, que avanzan con toda la soltura y el aplomo que no tiene -ni puede tener- un cadete o grumete de escuela. Es aquí donde tocan mi marcha favorita: “Los Viejos Estandartes”. Me emociona mucho escucharla. Imagino ese desfile decimonónico, en las postrimerías de la Guerra del Pacifico, que narra la canción que acompaña a su melodía. Y me dan ganas de cantarla. La seguidilla de aviones, camiones, &lt;em&gt;jeeps&lt;/em&gt;, tanques, etc., que pasan junto a las divisiones, no me llama mayormente la atención. Distinto es respecto a los caballos y perros que acompañan a ciertos regimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué es lo que más me gusta de todo el desfile? Ver pasar al “Chacabuco”: el Séptimo de Línea. Marchan con los uniformes del ’79, del conflicto que nuestros vecinos insisten porfiadamente en recordar. Mirando el conjunto de nuestras fuerzas armadas pasar, me queda clarísimo por qué ganamos entonces. Y de la manera que lo hicimos: por paliza. Justamente lo que no nos perdonan –ni nos van a perdonar. Sonará ridículo, pero viendo la parada me siento muy chileno. El desfile militar me recuerda que todavía hay gente en este país que elige su pega por vocación, no por las lucas. Comprobar que quedan chilenos con genuina vocación de servicio, y que no son pocos, me llena de esperanza. La parada también me recuerda que, pase lo que pase más allá de nuestras fronteras, en nuestro volátil continente, puedo dormir tranquilo dentro de ellas. Y eso, no es poco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8920345222839259944?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8920345222839259944'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8920345222839259944'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/09/mirando-la-parada-militar.html' title='Viendo la parada militar'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-3112837050229506814</id><published>2009-09-12T12:34:00.000-07:00</published><updated>2010-01-07T10:34:06.605-08:00</updated><title type='text'>La Antigua</title><content type='html'>Mi primer recuerdo de esta ciudad se remonta a una película argentina basada en el libro de una escritora chilena. La película y el libro son olvidables –no así el lugar donde se sitúa la historia. La Antigua fue fundada como Santiago de los Caballeros de Guatemala, capitanía general que comprendía los actuales El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Vale decir, toda la Centroamérica española. La ciudad creció y se desarrolló hasta el siglo XVIII, cuando diversos terremotos destruyeron gran parte de ella y provocaron la fundación de otra capital: la Nueva Guatemala de la Asunción, hoy conocida simplemente como Ciudad de Guatemala. Las autoridades de entonces ordenaron el abandono de Santiago de los Caballeros. Pero no todos se fueron. Así nació la Antigua Guatemala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los mismos terremotos que llevaron a la decadencia de la ciudad, son los que terminaron por salvarla. La Ciudad de Guatemala sufrió todos los embates del nefasto afán modernizador que cruzó Latinoamérica en el siglo XX, y que causó la destrucción de una parte importante de nuestro patrimonio arquitectónico. La Antigua Guatemala, en cambio, se mantuvo incólume. A la sombra de la nueva capital, el poblado languideció en una larga siesta de más de dos siglos. Hoy, es una de las pocas ciudades coloniales que quedan en nuestro continente. Año tras año, llegan los visitantes atraídos por su clima, su entorno, su arquitectura, su artesanía, y su gente. Casi la totalidad de sus calles conforman cuadras, en las cuales se alzan principalmente solares, con sus respectivos patios interiores. Cada puerta es una invitación a descubrir los pequeños mundos que se ocultan tras los zaguanes. Irresistible, para el curioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diferencia de tantos otros lugares turísticos, la Antigua no se caracteriza por sus iglesias o conventos, sino por sus ruinas. Los terremotos botaron las numerosas construcciones religiosas esparcidas por la ciudad. Algunas han sido reconstruidas, pero la mayoría siguen derrumbadas. Caminando por estas ruinas recordaba las palabras de Marguerite Yourcenar, en “&lt;em&gt;Le temps, ce grand sculpteur&lt;/em&gt;". A propósito de las esculturas griegas, decía: “Estatuas rotas, sí, pero rotas de una manera tan acertada que de sus restos nace una obra nueva, perfecta por su misma segmentación”. Eso es justamente lo que pasa con las ruinas de los edificios de la Antigua. Los arcos, capiteles, columnas, relieves y ornamentaciones restantes se destacan de una manera que, en el conjunto de la construcción entera, quizás nunca habríamos notado. Atraído desde siempre por la belleza romántica, gocé intensamente cada minuto de la visita a cada una de estas ruinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paseando por las calles de la Antigua di con una especie de reserva de agua, al final de una bonita plaza. No recuerdo su nombre, pero sí que estaba al lado de las ruinas del Convento de Santa Clara. En ella, las mujeres todavía lavan su ropa, y la de sus familias. Como en la Colonia. Mirándolas trabajar, me acordé de una historia que me contó un antropólogo sobre un pueblito chileno, muy pobre, al que llegó un día el agua potable. Según me dijo, las autoridades regionales estaban muy contentas, porque ahora las mujeres no iban a tener que bajar al río a lavar, acarreando de ida y de vuelta la ropa de toda la familia. Ahora, razonaban, cada una podría trabajar en sus casas. Lo que las autoridades no pudieron prever fue el aumento considerable de depresiones que esto produjo entre las mujeres del pueblito. Lavando solas en sus hogares, ya nadie las acompañaba. El agua potable había terminado con sus copuchados días de lavandería junto al río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A un lado de la Catedral de la Antigua está el edificio donde funcionó la Universidad de San Carlos Borromeo, una de las primeras de América. Fundada en el siglo XVII, fue traslada más tarde a la Ciudad de Guatemala, donde con el tiempo se transformó en otra de esas instituciones aquejadas de todos los males que corroen actualmente a la educación pública en Latinoamérica. Junto a la universidad, estaba lo que fuera el Colegio Tridentino. Allí se educaba a los futuros sacerdotes de la diócesis. Un poco más allá, el Palacio de los Capitanes, desde donde se gobernaba la Capitanía General; la Plaza de Armas; y el Ayuntamiento, a cargo de la ciudad. Todo muy barroco. Recorriendo las calles de la Antigua, imaginaba la vida de sus años coloniales. Reconstruía en mi mente iglesias, conventos, palacios y casas. Desaparecían los autos, y volvían los caballos y las carrozas. La ropa se hacía menos cómoda, pero más bonita. Como hoy, se veía riqueza; por desgracia, también había demasiada pobreza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaba por las calles sin rumbo fijo, dispuesto a dejarme sorprender por la ciudad. Acompañada por sus volcanes, ésta no me defraudaba. No me había ido, y ya quería volver a la inolvidable Antigua Guatemala.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-3112837050229506814?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3112837050229506814'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/3112837050229506814'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/09/la-antigua.html' title='La Antigua'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-7848997951160154</id><published>2009-08-29T16:17:00.000-07:00</published><updated>2009-10-27T05:55:10.277-07:00</updated><title type='text'>A propósito de un relato</title><content type='html'>Una leyenda quiteña, de la época colonial, cuenta la historia de un franciscano conocido por su picardía y desfachatez. La protagoniza un tal Padre Almeida, quien ingresó al convento de San Diego a los diecisiete años; más por un desengaño amoroso, que por vocación. Allí, en la soledad de su celda, trató en vano de aplacar su naturaleza inquieta a través de la oración. Un día, otro fraile tocó a su puerta, y le contó de sus escapadas nocturnas del convento, y de sus andanzas por Quito. La promesa de aventuras pudo más que las plegarias. Bastó una salida para que el joven franciscano se hiciera adicto a las noches de desenfreno que se ofrecían fuera de las tapias conventuales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saltaba el muro, y estaba en la ciudad. Al principio se escapaba con otros compañeros. Iban a fiestas concertadas por los mismos frailes con desinhibidas mujeres. ¿Cómo y cuándo las acordaban? Nada menos que al momento de recoger las limosnas, en las misas. Al Padre Almeida lo ayudaban su buena facha y simpatía, así como su habilidad con la guitarra y buena voz. No era, entonces, casualidad que sobresaliera entre los otros franciscanos, y los dominicos y agustinos que también llegaban a las alegres jornadas. El entusiasmo del Padre hizo que pasara de participante a promotor de las escapadas. No había noche que no saliera. Pronto, el fraile a cargo del convento comenzó a sospechar e hizo levantar sus muros, para dificultar las salidas clandestinas. Los díscolos frailes no se atrevieron a seguir con su agitada vida nocturna. Esto complicó al Padre Almeida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocurrente y empeñoso, encontró una salida –la ventana de la capilla que daba a una plazoleta. Para alcanzarla, el Padre debía trepar a través de una escultura de un Cristo crucificado. Apoyándose en sus hombros, llegaba a la ventana; una vez allí, saltaba a la placita. Terminada su ronda diaria, volvía a entrar por la misma ventana. Así lo hizo muchas veces, hasta que el Cristo se cansó. Una noche como otras, al apoyarse en los hombros de la figura, le escuchó decir: “¡Hasta cuándo, Padre Almeida!”. El interpelado guardó silencio por un buen rato. Luego contestó: “¡Hasta la vuelta, Señor!”. La noche siguiente se repitió la escena. Y así, sucesivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una madrugada, mientras el fraile volvía al convento con varios tragos de más, se encontró con un cortejo fúnebre. Curioso, se acercó al difunto y levantó la manta que lo cubría. Se vio, entonces, a si mismo muerto. El impacto que esto le produjo fue brutal. Volvió al convento corriendo, y se trepó por la ventana de la plazoleta. Al apoyarse en los hombros del Cristo crucificado, oyó la frase tantas veces escuchada. Sin responder, el fraile entró al convento para nunca más salir. Por lo menos, en las noches. Agrega la historia, que a partir de ese día el fraile llevó una vida monástica ejemplar, que lo acercó a la mismísima santidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es simpático el relato, qué duda cabe. Pero, ¿es realmente una leyenda? En otras palabras, ¿el escenario es histórico, y los personajes y sucesos bordean lo fantástico? El convento quiteño de San Diego existe; la capilla ahí está todavía. Sin embargo, el que una escultura hable es, por decir lo menos, poco probable. Para un no-creyente, será derechamente imposible. No así para alguien que tiene fe, y que cree en milagros. El verse a si mismo muerto, también se puede interpretar de diversas maneras. Efectos del alcohol, dirán unos. Para otros, habrá un nuevo elemento sobrenatural involucrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ¿qué hay de la repentina y definitiva conversión del descarriado franciscano? El asunto no es menor. Si el fraile modificó en forma radical su vida únicamente por el temor que dicha visión le produjo, el relato no resulta creíble. No hay cambio verdadero que provenga del miedo. Por el contrario, si la visión gatilló en él una conversión que se venía incubando, quién sabe desde cuándo, la historia resulta verosímil –y profunda. Sólo en este último caso, se podría hablar con propiedad de la leyenda del Padre Almeida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-7848997951160154?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7848997951160154'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7848997951160154'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/08/proposito-del-padre-almeida.html' title='A propósito de un relato'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8972846357225086661</id><published>2009-08-12T14:08:00.000-07:00</published><updated>2010-01-06T05:35:37.743-08:00</updated><title type='text'>Crónicas panameñas (o condenado al mall)</title><content type='html'>Dos noches: con eso tendría casi tres días para conocer Panamá a mis anchas. En mi cabeza se mezclaban las calles de la Habana Vieja y los edificios nuevos de Miami, junto al Canal y su zona -con sus barcos, esclusas y barrios gringos transplantados. Todo rodeado de un agradable clima tropical permanente. Cuando me decían que Panamá era un excelente lugar para ir de compras, que estaba lleno de centros comerciales, sólo respondía con una sonrisa diplomática, breve y silenciosa. ¿Irme a meter a un &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt;, en Panamá? Si ya los evito en Santiago (difícil tarea, pero no imposible), ¿qué interés podría tener en encerrarme en uno, estando en semejante lugar? Así pensaba. Y con esas antojadizas ideas llegué a Panamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes que al país, conocí a su &lt;em&gt;duty free&lt;/em&gt;. Mi destino final era Guatemala y, al viajar en Copa, tuve que cambiar de avión en Panamá. En la espera de más de dos horas que esto involucró, aproveché de pasearme por las tiendas de su aeropuerto. Aparatos eléctricos varios; trago a granel; algo de ropa y bolsos de marca; perfumes, cremas y demases; y uno que otro recuerdito del país. Para mi sopresa, ningún libro. ¿Habrá mejor lugar para leer que un avión, que un aeropuerto? Días después, volviendo de Guatemala, conocí por fin la ciudad. Ahí tuve mi primer encuentro con el insoportable calor húmedo de Panamá. A la salida del aeropuerto tomé una &lt;em&gt;minivan&lt;/em&gt; a la ciudad&lt;em&gt;,&lt;/em&gt; cuyo conductor insistió porfiada e infructosamente en sobrepasar a los otros conductores entrampados en la colapsada autopista. Durante todo el trayecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me gustó lo que vi entonces por la ventana: construcciones de cemento toscas y sucias, veredas maltrechas que no invitan a ser caminadas. Centros comerciales al aire libre, tipo gringo, se sucedían de tanto en tanto. La ciudad misma no me pareció mejor. Aparte del sector de edificios altos y modernos que están frente al mar, los barrios de Panamá tienen un exceso de cemento y esa pátina tropical, corrosiva, que provocan las manchas de humedad. Mientras miraba sin entusiasmo por la ventana, trataba de ubicarme con mi mapa de la ciudad. Noté que pasaríamos por la Universidad de Panamá. Siempre que puedo, visito alguna institución de educación superior de la ciudad donde estoy. Busco las universidades tradicionales, y voy a sus edificios más antiguos, los que normalmente albergan hoy oficinas administrativas. No pocas veces, se encuentra en ellos todavía a sus facultades de derecho. Una pequeña caminata por los pasillos de estas universidades me sirven para tomarle el pulso intelectual a la ciudad de turno. Sin embargo, cuando pasamos por la afueras del campus de la Universidad de Panamá, mi desilusión fue mayúscula. En su entrada se erguía una edificación horrible, llamada nada menos que “Paraninfo”. Flanqueándola, había otras construcciones mal envejecidas y manchadas. Hasta ahí no más llegó mi interés por conocer la Universidad de Panamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hotelito donde tenía mi reserva estaba bien ubicado. No me demoré mucho en estar de vuelta en la calle, patiperreando. El transporte público se veía poco promisorio, así que opté por un taxi y me fui al centro, a lo que los panameños llaman el Casco Viejo. Me bajé frente a la Catedral, en una bonita plaza. Recorrí por un buen rato las pocas cuadras que componen esta parte de la ciudad. El Casco Viejo me recordó a Cádiz –un Cádiz venido a menos, es cierto, pero no por eso sin su encanto. Lo que se hereda, no se hurta. Mirando edificios y placitas, me detuve en la costanera que da al Océano Pacífico, que en Panamá todavía se conoce como “Mar del Sur”. El opresivo calor húmedo pudo más que mi entusiasmo. Para mi sorpresa, terminé el primer día de mi estadía pidiéndole a un taxista que me llevara a un &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt;. No es que quisiera ir de compras. Quería un lugar con aire acondicionado. Me recomendó el “Multiplaza”, y ahí partimos. Poco se puede decir de un &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt;, que no se pueda decir de otro. Si tuviera que describirlo para chilenos, diría que es un equivalente al “Alto Las Condes”, aunque más pequeño. El mismo tipo de tiendas, el mismo tipo de marcas, y la misma cantidad de gente, en un fin de semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, partí a la Zona del Canal. Me pasó a buscar el mismo chofer tropical del aeropuerto. Lo dejé en el Centro de Visitantes, saludando efusivamente a cuanto guardia, guía, o funcionario se le cruzara por delante. Desde la terraza de la azotea del edificio miré pasar un par de enormes buques por el sistema de esclusas. Fue una media hora muy entretenida, a pleno sol panameño. Miraba la operación del canal y pensaba: pronto cumplirá cien años, y funciona en forma ininterrumpida veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Imaginar su construcción, y los innumerables barcos que han pasado por ese mismo punto desde su inauguración, me llenaba de asombro y me hacía olvidar el calor y la humedad. Pero no por mucho rato. De vuelta en la &lt;em&gt;minivan&lt;/em&gt;, recorrí la Zona del Canal. En el territorio que lo rodea, los gringos construyeron de todo. Había un tren, un aeropuerto, hangares, barracas, campos de entrenamiento, estadios, bodegas, depósitos, y oficinas administrativas. También había barrios residenciales enteros, que incluían colegios, hospitales, bombas de bencina y de bomberos, almacenes, cines, e incluso un &lt;em&gt;McDonalds&lt;/em&gt;. Un verdadero enclave gringo, dentro de un país creado por ellos con el único objetivo de construir una conexión a su pinta entre el Pacifico y el Atlántico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tour por la Zona del Canal terminó… en otro &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt;. Enorme. Se llama &lt;em&gt;Albrook&lt;/em&gt;, tiene alrededor de un kilómetro de largo, y está construido en antiguas bodegas gringas. A diferencia del “Multiplaza”, aquí las tiendas son principalmente &lt;em&gt;outlets&lt;/em&gt;. Sin interés por bucear la “ganga” en las interminables hileras de objetos que se ofrecían tienda tras tienda, ni de volver al calor húmedo de la ciudad de Panamá, decidí ver una película. La oferta del cine de este mall se reducía, principalmente, a las últimas versiones de "Harry Potter" y "La Era de Hielo". Recordé una película que me tincó el día anterior en el “Multiplaza”. Y para allá me fui, no sin antes parar en otro &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt; más: el “Multicentro”. Todo sea por matar el tiempo en lugares con aire acondicionado. En el trayecto entre uno y otro, pude mirar de cerca el barrio financiero, del que están tan orgullosos los panameños. Mucho edificio alto y nuevo, pero uno pegado al lado de otro, sin espacios verdes entre medio. Tan pobre planificación urbana me hizo pensar en lo que serán las terminaciones de estos edificios y la vejez del conjunto en ese clima, en unos años más. Con estos pensamientos volví al “Multiplaza”, a ver “&lt;em&gt;State of Play&lt;/em&gt;” y comer cabritas. Saladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé mi último día temprano. Me quedaban por ver las ruinas de la primera ciudad, fundada por los españoles en plena conquista. La había imaginado mil veces, a propósito de recurrentes lecturas de historia latinoamericana. Se paseaban en mi mente los Pizarro, y otros aventureros que iban y venían del Perú; el riquísimo arte del Imperio Inca y de su gente, transformado en anónimos lingotes que financiarían desastrosas guerras europeas; curas, frailes y monjas, entrando y saliendo de las infaltables iglesias, monasterios y conventos. Sabía que el poblado había sido evacuado y destruido, a raíz del ataque del pirata Henry Morgan en el siglo XVII. Lo que no sabía era lo poco que quedaba de esa primera ciudad. Panamá la Vieja es hoy un par de parques, con ruinas reconstruidas, y un puentecito &lt;em&gt;idem&lt;/em&gt; sobre un pequeño estero maloliente. Con medio día a mi disposición, habiendo visto todo lo que me interesaba, y sin ganas de repetirme nada, opté por volver al lugar más agradable que había visitado en esos días: el &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt; “Multiplaza”. Eran las 10:30 de la mañana, y tenía que esperar hasta las cinco de la tarde, hora en que me pasarían a buscar para ir al aeropuerto. ¿Qué hacer? Miré los horarios de las películas: la primera tanda empezaba a las 12pm; la segunda, a las 2:30. Alcanzaba a ver dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tener que matar el tiempo en un &lt;em&gt;mall,&lt;/em&gt; que ya se conoce bien, es todo un desafío. Y un peligro. De puro aburrido uno empieza a encontrar ofertas, y uno termina por llevarse cosas que no tenía pensado comprar. Pronto me enteré que, por ser lunes, el cine no abría a las 12pm, sino que a las 2. Mejor me compro un libro, pensé. Pero ¿dónde? En el “Multiplaza” no hay una librería. De hecho, vi sólo tres en Panamá: una vendía únicamente libros evangélicos; las otras dos eran el equivalente a la única librería que encontré en su momento en Castro, Chiloé. Ninguna estaba en ese mall. Me acordé de haber visto unos pocos libros en un &lt;em&gt;Sanborns&lt;/em&gt;, una tienda de departamento gringa. Entre diccionarios, guías de viaje, textos de estudio escolar, &lt;em&gt;best sellers&lt;/em&gt;, libros esotéricos y de autoayuda, de &lt;em&gt;marketing&lt;/em&gt; y de liderazgo, encontré algo de literatura y de historia. Me compré una biografía de Mario Benedetti y, con mi nueva adquisición, busqué un lugar donde poder sentarme a leer. Encontré un banquito disponible en un pasillo del segundo piso. Mientras leía sobre la infancia y juventud del escritor uruguayo en su país natal, no podía dejar de sentirme raro. Era uno de los pocos jetones en el &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt; con un libro en la mano, uno de los poquísimos que lo teníamos abierto, y probablemente el único que no lo estaba hojeando de pie, sino que se había sentado derechamente a leerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De tanto en tanto, levantaba la vista y veía pasar a la gente por el pasillo. Para un lado, para el otro. Cada vez que retomaba la lectura, me parecía que hacía algo clandestino, casi obsceno. Es una sensación que no había tenido antes, leyendo en otro lugar público. Claro que nunca antes me había instalado a leer en un &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt;. Sin ganas de cuestionarme el por qué de esa sensación, seguí con mi lectura hasta que llegó la hora de comprar la entrada para la función de las 2:30pm. Esta segunda película era un bodrio, nada que ver con la del día anterior. Pareciera que la vida tiende al equilibrio hasta en los más ínfimos detalles. Llegada la hora, volví al hotel, donde el inefable chofer de la &lt;em&gt;minivan&lt;/em&gt; me llevó por el mismo taco de la venida –esta vez, en sentido contrario, y escuchando a Rubén Blades. El de “Pedro Navaja”. Y el de las propagandas de una Panamá que en nada se parece a la que conocí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8972846357225086661?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8972846357225086661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8972846357225086661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/08/cronicas-panamenas-o-condenado-al-mall.html' title='Crónicas panameñas (o condenado al mall)'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8706265788995646035</id><published>2009-06-22T14:07:00.000-07:00</published><updated>2010-01-13T06:02:39.004-08:00</updated><title type='text'>Once minutos y medio</title><content type='html'>La felicidad no es un estado permanente y accesible como tal. Lo sabemos, o al menos lo intuimos. Y, sin embargo, la buscamos obstinadamente, en esos términos. Al hacerlo, olvidamos que la felicidad está compuesta de momentos, no siempre ligados entre si, que se presentan sin ninguna regularidad. Se puede intentar atraerla, pero nada nos asegura que venga, ni que vuelva. La felicidad no es sólo arbitraria, sino también contradictoria: es injusta y, al mismo tiempo, profundamente igualitaria. En otras palabras, le llega a todos a lo largo de la vida –en forma más o menos recurrente, en pequeñas o grandes dosis; no importa mucho lo que hagamos. Sin respetar posición social u económica, reloj ni calendario alguno, la felicidad viene cuando quiere, y a menudo lo hace de la mano de las personas, cosas y situaciones menos esperadas. O sea, también es lúdica, y puede llegar a ser cruel. Es posible enseñar a reconocer los momentos que la constituyen. Pero, como toda enseñanza, depende de nosotros aprenderla. Si bien nada nos asegura su ocurrencia, hay actitudes que ayudan en dicho reconocimiento. Hablo de esos comportamientos que involucran pequeñas y grandes decisiones, tomadas a diario, y que nos llevan a un determinado estado mental, en el que somos –por así decirlo- más yo que circunstancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve uno de esos momentos en Londres, hace un par de años. Había ido a un seminario, terminado el cual decidí pasear un rato. Caminando a la altura de &lt;em&gt;Piccadilly Circus&lt;/em&gt;, se desató una de esas lluvias que tan bien describe la palabra aguacero. Entre empaparme innecesariamente o entrar a matar el tiempo en la tienda &lt;em&gt;Virgen Records&lt;/em&gt;, que daba a la famosa esquina, opté por lo obvio. Me fui derecho a la sección de música clásica. Separada por vidrios de la estridencia del resto de la tienda, dotada de acogedores sillones donde escuchar con toda tranquilidad los discos recién llegados, y con menos clientes que puedan amenazar la interrupción de lo que prometía ser un buen rato, fue una elección fácil. Escogí un rincón cualquiera para esperar que el caprichoso clima londinense me permitiera volver a mi paseo. El aparato ubicado al lado del sillón ponía varios discos a mi disposición. Me decidí por el que tenía la “Fantasía sobre Temas de Carmen de Bizet”, de Pablo de Sarasate. Sentado frente a un ventanal que daba a la calle, me puse los negros y voluminosos audífonos, y apreté &lt;em&gt;play&lt;/em&gt;. Fueron once minutos y medio inolvidables, en los que rodeado por un violín y una orquesta omnipresentes, miré la lluvia caer sobre &lt;em&gt;Oxford Street&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inexplicablemente, no compré entonces el &lt;em&gt;compact disc &lt;/em&gt;-después me arrepentí. Por un buen tiempo no volví a verlo, hasta que lo encontré en una disquería, ya de vuelta en Santiago. Esta vez no lo dudé: compré la versión de Sarasate, pero no lo escuché. Me faltaba la lluvia, y ésta se hizo de rogar. La espera, y la anticipación que siempre la acompaña, aumentaron mis ganas de escuchar el disco. Cuando finalmente llovió en Santiago, la ciudad estaba fría, y estaba gris. Todo era perfecto. Sentado frente a una ventana que da a un patio de la Casa Central, puse el &lt;em&gt;compact disc&lt;/em&gt; en mi computador, y apreté &lt;em&gt;play&lt;/em&gt;. Por once minutos y medio, me envolvieron las melodías de Bizet, en la adaptación de Sarasate, llevándome en la mente a aquella tarde en Inglaterra. Visualizaba el ventanal de la tienda londinense, mientras mi vista se posaba en esa punta del Cerro Santa Lucía, que se ve desde mi oficina de la Facultad de Derecho. La música y la lluvia me proporcionaban una felicidad que mezclaba con delicadeza el recuerdo y la vivencia. Fue, claro, una felicidad distinta a la sentida en &lt;em&gt;Piccadilly Circus&lt;/em&gt;. No obstante, fue sorprendentemente parecida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8706265788995646035?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8706265788995646035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8706265788995646035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/06/once-minutos-y-medio.html' title='Once minutos y medio'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-5536524550548482657</id><published>2009-06-03T20:35:00.000-07:00</published><updated>2009-06-15T19:04:57.224-07:00</updated><title type='text'>Chile Mestizo</title><content type='html'>Ese es el nombre de una excelente exposición sobre arte colonial latinoamericano en el Centro Cultural Palacio La Moneda. Incluye pinturas y esculturas religiosas. Incluye también otros objetos de devoción: hay retablos, custodias, relicarios, fanales. Todos provienen de iglesias, museos, y colecciones privadas nacionales. Sorprende encontrar semejante variedad y riqueza, en lo que fuera uno de los rincones más pobres y remotos del Imperio Español. Poco visible y esparcida, es cierto, pero riqueza al fin. La exposición se organiza así: en la sala ubicada al oeste del centro cultural están los objetos de piedad privada; en la sala ubicada al este, están los de piedad pública. No es una división ficticia. Si bien la fe es una, se manifiesta de distintas maneras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay piezas hechas en el Cusco y en Quito, en la Audiencia de Charcas y en Chiloé. Algunas son renacentistas y otras barrocas; todas lo son a su manera. En eso radica su originalidad. Las elaboraron manos indígenas, mestizas, criollas y europeas. Los rígidos modelos de la metrópoli, impuestos por una cruz que con frecuencia adquiría la forma de una espada, cedieron ante el embrujo americano. En el arte colonial se funden las culturas que convergen en nuestro continente. Su imaginería es un reflejo de la vida en ese mundo cosmopolita en el que se mezclan aborígenes, europeos, africanos y asiáticos. Es justamente en esta época que se sientan las bases de lo que será la exuberante cultura de Latinoamérica, con todas sus contradicciones. Esa cultura que todavía estamos construyendo. Y descubriendo, gracias a exposiciones como ésta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cada pieza de arte colonial se desborda el ser encorsetado del latinoamericano. La historia narrada viene de lejos, pero la forma de narrarla es nuestra. Los personajes bíblicos toman la fisonomía de los habitantes del entorno indiano, y se les rodea de la vegetación y fauna autóctonas. Esta imaginería, con sus colores audaces y sus contornos imposibles, nos recuerda que el adjetivo que acompaña a nuestro territorio no es aleatorio. Es un nuevo mundo, qué duda cabe: aquí lo español se americaniza, y lo indígena se europeíza. El resultado es un mestizaje caprichoso, desordenado; por lo mismo, lleno de vida. El arte colonial canaliza las pulsiones trascendentes de una cultura que ya se anuncia como peculiar, como propia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay algo que distingue a esta exposición de otras. Las piezas expuestas no son simples obras de arte –son objetos de devoción. Muchas de estas imágenes provienen de comunidades cuya identidad se ha creado en torno a ellas. El cariño y el orgullo colectivo las acompañan, y les confieren una dignidad y una nobleza que no se adquiere en subasta alguna. Esta particularidad la tienen tanto las imágenes de piedad pública, como las de piedad privada. Son cuadros y figuras a las que se les reza, se les conversa y también se les llora, se les pide perdón y se les agradece. Las piezas expuestas son obras a las que no se venera por sus cualidades artísticas, sino por representar a personajes que viven en la fe, y de la fe, de sus devotos. Es lo que las hace especiales. Mejor dicho, únicas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-5536524550548482657?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/5536524550548482657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/5536524550548482657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/06/chile-mestizo.html' title='Chile Mestizo'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-6940606272318244013</id><published>2009-05-23T15:16:00.000-07:00</published><updated>2009-06-18T14:32:30.060-07:00</updated><title type='text'>La presencia de una ausencia</title><content type='html'>A mi título de abogado le falta una firma. Lo noté casi al momento de recibirlo. Tiene todas las otras, y no son pocas. Pero no cubren ese espacio vacío. ¿Cómo llenarlo? ¿Ubicar al ministro de la Corte Suprema, cuya licencia médica lo libró de garabatear un montón de títulos profesionales de desconocidos? Y una vez ubicado, ¿pedirle que firme el mío, como lo hizo más de alguno de los que juraron ese día? Rechacé esa solución en su momento por absurda, por obsesiva. Todo tiene un límite. Sin embargo, no pude olvidar la firma ausente. Había allí un significado que no podía descifrar. Ese espacio vacío me sugería que algo faltaba al final de mis estudios de pregrado. Y que algo faltaba al inicio de mi carrera profesional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como tantos otros, elegí estudiar derecho por descarte. Antes pensé en ingeniería comercial, carrera-comodín de los vocacionalmente desorientados. Un buen profesor de mi colegio insistió en que no me apresurara, que pensara en otras posibilidades, que no descartara las humanidades. Con toda ignorancia, opté por una ciencia social. Mi encuentro con la enseñanza proto-medieval &lt;em&gt;chilensis&lt;/em&gt; del derecho fue traumático. Perdí el escaso interés que tenía por la carrera. Confundido, frustrado, pensé que quizás me había equivocado de universidad. Pronto comprobé que en la otra Facultad potable, del Santiago de entonces, se enseñaba igual el derecho. Seguí mis estudios sin entusiasmo, digamos con estoicismo, refugiándome en las humanidades que no encontré en mi carrera. Leí bastante de historia y literatura en esos años. Pero no de derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Memorización &lt;em&gt;ex ante&lt;/em&gt; + repetición &lt;em&gt;in situ&lt;/em&gt; = nota - olvido &lt;em&gt;ex post&lt;/em&gt;. Esta ecuación se repitió una y otra vez en mis años de pregrado. En gran medida los resume, y explica mi decisión de estudiar estética en la Facultad de Filosofía, en paralelo a derecho. Explicación parcial, por cierto, pues debo esa decisión también al fantasma de la promesa incumplida de derecho, a las humanidades que ahí no encontré. En el Instituto de Estética, de la Universidad Católica, recuperé mi condición de individuo pensante. Nunca más volví a responder en forma irreflexiva, por complacer. Y me volvió el alma al cuerpo. Obtuve mis grados de licenciado en estética y de licenciado en derecho. En ese orden, y con meses de diferencia. Obtuve también mi título profesional, al año siguiente, y con su firma faltante. Trabajé un par de años como abogado en una empresa. Al poco andar, mi pega se tornó monótona, rutinaria. Mecánica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese contexto, opté por ir a estudiar un magíster afuera. Elegí especializarme en derecho internacional en los Países Bajos. Contra la opinión de todos, o casi todos. En clases socráticas, a orillas del Mar del Norte, me reencontré con mi carrera. Descubrí entonces, y para mi sorpresa, un desconocido interés por el derecho. Al cabo de un año, regresé a Chile, y retomé mi trabajo de abogado en un estudio jurídico. Y ahí seguía la firma ausente... Volví a vincularme a la universidad donde estudié el pregrado. Fui ayudante e instructor de derecho internacional. Después me fui nuevamente de Chile. Esta vez a un doctorado, a Escocia y por tres años. En la investigación, al otro extremo del Mar del Norte, confirmé mi interés por los problemas derivados de la regulación social. Los mismos que años antes me habían sido tan distantes, tan ajenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy trabajo en la Facultad de Derecho. Y a mi título de abogado le sigue faltando una firma. Pero ya no me molesta –descifré su significado. Ese espacio, al parecer vacío, está colmado de preguntas por hacer, y por hacerme. La firma ausente me recuerda que sin un espíritu crítico, sin inquietudes y desvelos, un título profesional no es más que un papel impreso y rayado, enmarcado y colgado: una simple condecoración, por una batalla olvidada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-6940606272318244013?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/6940606272318244013'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/6940606272318244013'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/05/chile-mestizo.html' title='La presencia de una ausencia'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-4402247403767605488</id><published>2009-05-10T11:08:00.000-07:00</published><updated>2010-08-21T19:49:10.330-07:00</updated><title type='text'>Crisis y fiestas</title><content type='html'>Leí por ahí que el último Carnaval de Rio de Janeiro no se vio afectado por la actual crisis económica. ¿Irresponsabilidad carioca? Para nada. Quien llegue a esa conclusión no conoce o no entiende la naturaleza de la fiesta. Octavio Paz la expone maravillosamente en su ensayo de 1950, titulado “El Laberinto de la Soledad”. Allí sostiene que la pobreza de una sociedad puede medirse por la riqueza de sus fiestas. Da como ejemplo a su país. Se pueden dar otros, sin tener que salir de Latinoamérica. Como dice el autor mexicano:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Las fiestas son nuestro único lujo; ellas sustituyen, acaso con ventaja, al teatro y a las vacaciones, al &lt;em&gt;week end&lt;/em&gt; y al &lt;em&gt;cocktail party&lt;/em&gt; de los sajones, a las recepciones de la burguesía y al café de los mediterráneos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Mejor una fiesta que un espectáculo o una de esas reuniones hoy llamadas “evento”? ¿Mejor incluso que el fin de semana –ojalá largo- y las vacaciones? Así es. A través del espectáculo o del evento buscamos diversión, entretención; descanso por medio de la evasión. Lo mismo que buscamos a través de las vacaciones, del fin de semana y de los feriados. En la fiesta, en cambio, el tiempo se detiene: deja de ser sucesión y, por tanto, recupera su significado originario. Esto es, de un presente donde el pasado y el futuro se reconcilian. La fiesta permite volver, en forma momentánea, al tiempo mítico que tan bien describiera Mircea Eliade. Hablo de ese tiempo fuera del tiempo que, más que anteceder a nuestra temporalidad, la genera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las jerarquías y las distinciones sociales desaparecen en la fiesta verdadera. El orden tradicional de la sociedad se altera, y se anula temporalmente la estructura normativa imperante. De esta forma, el exceso reemplaza a la moderación impuesta por las reglas, y lo imposible pasa a ser posible. Joan Manuel Serrat describe lo anterior en una canción que se llama, justamente, “Fiesta”. En ella habla de un olvidarse que cada uno es cada cual. Así “[…] el noble y el villano / el prohombre y el gusano / bailan y se dan la mano / sin importarles la facha”. Tras la fiesta y sus excesos, retorna la normalidad. En toda su crudeza. Como señala Serrat, se despierta el bien y el mal, y “[…] con la resaca a cuestas / vuelve el pobre a su pobreza, / vuelve el rico a su riqueza / y el señor cura a sus misas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre fiesta y fiesta, vivimos en un año regido por el reloj y el calendario. Durante esos largos días, somos individuos, separados los unos de los otros. Con la fiesta, esa sensación de vivir aislados se desvanece. Pasamos a ser parte de un todo social, en cuya participación adquirimos finalmente sentido. Octavio Paz lo describe como “una comunidad viva en donde la persona humana se disuelve y rescata simultáneamente”. En la fiesta salimos de nuestro encierro, poniéndonos en contacto con los otros, con lo otro y, en ocasiones, con el Otro. En contraposición al ente lleno de vida que constituye el pueblo en fiesta, se encuentran las masas modernas. Paz las califica como simples aglomeraciones de solitarios. Explica que en los países ricos no hay tiempo, ganas, ni necesidad de festejar de verdad. Basta con juntarse, en grupos pequeños, a evadirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los países pobres, esta evasión en cómodas cuotas, sin interés, no es factible. La única manera de soportar la miseria del día a día es la perspectiva de una fiesta. Dicha perspectiva sirve de evasión; la fiesta misma, de catarsis. Y es la liberación, que ofrece la catarsis, lo que falta en los espectáculos, eventos, vacaciones, fines de semana y feriados del mundo contemporáneo. Se entiende, por tanto, lo del Carnaval de Rio. La fiesta no es negociable: las crisis vienen y se van, pero el efecto de la fiesta permanece. Es lo que las hace tolerables. El gasto que a primera vista parece excesivo, no es tal. Concuerdo con el escritor mexicano en que, lejos de ser un derroche, la fiesta es una inversión, una trampa mágica a través de la cual se espera atraer la abundancia por contagio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El Laberinto de la Soledad” está lleno de estas y otras ideas, expresadas en palabras precisas que describen con profundidad realidades complejas. Un texto así no puede sino dejarnos pensando. Y cuestionarnos. Por ejemplo, ¿es el 18 de Septiembre una verdadera fiesta? Pareciera que no. En el mejor de los casos, nuestra festividad nacional es una ocasión más para pasar un buen rato en familia o con amigos. En el peor, una pura tomatera carente de todo significado. Como sea, no tenemos otra celebración que se acerque al concepto de Octavio Paz. A medio camino entre un país pobre y uno rico, Chile tiene hoy espectáculos, eventos, vacaciones, fines de semana y feriados de todo tipo. En otras palabras, tiene evasiones varias, pero no una fiesta. Quizás por lo mismo nos hemos llenado de farmacias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-4402247403767605488?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4402247403767605488'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4402247403767605488'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/05/fiesta.html' title='Crisis y fiestas'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-1831642942419881652</id><published>2009-04-19T20:01:00.000-07:00</published><updated>2009-10-30T06:41:17.261-07:00</updated><title type='text'>La cobardía de los prepotentes</title><content type='html'>La residencia de estudiantes donde viví en Holanda tenía forma de U. Era un edificio antiguo, con prestancia, enorme. Al centro tenía un lindo patio, celosamente cuidado por el dueño de la casita ahí emplazada. El patio, y los bordes superiores de la U que conformaba el edificio, daban a un canal. Mi pieza estaba en el segundo piso, en el borde superior izquierdo de esta U. Daba tanto al canal como al patio. Se podía llegar a ella de dos maneras: a través de dicho patio, o dando una larga vuelta dentro del edificio. El acceso por el patio tenía un problema: ahí vivía una pareja de gansos. La primera vez que los vi me parecieron simpáticos, incluso bonitos. Pero las apariencias suelen engañar. A los pocos días me quedó clarísimo que eran insoportables, particularmente el macho; la hembra hacía de comparsa. Ambos pasaban, la mayor parte del tiempo, en el patio o en el canal. A los que cruzábamos por su territorio nos miraban de reojo. Y nos miraban feo. De tanto en tanto, vaya uno a saber por qué, levantaban el cuello y el pecho, y empezaban a graznar agresivamente, batiendo sus alas y acercándose en dirección de quien osara cruzar por el patio. Entonces no quedaba otra que dar media vuelta y optar por el largo rodeo por el interior del edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos patos y un cisne completaban mi pequeño zoológico doméstico. Los patos eran parte del elenco permanente de este escenario conformado por un patio y su canal. El cisne, en cambio, era un artista invitado -en este caso, autoinvitado. Mientras los patos eran regularmente correteados por los gansos, el cisne aparecía y desaparecía por el canal sin ninguna regularidad. Nadaba sin apuro, con toda elegancia. Era un macho blanco y, en más de una oportunidad, vino acompañado por una hembra. Lo veía acercarse desde mi ventana. Algunas veces en las mañanas, otras en las tardes, siempre imponente. Su figura y sus movimientos me hipnotizaban. El largo cuello curvado, la cúpula de plumas que formaba en su lomo con las alas, la gracia indescriptible que lo rodeaba... Esa rara mezcla de fuerza y fragilidad, que antes cautivara a los bardos de la mitología griega, germana, celta y nórdica, volvía para fascinarme a mí. Por unos minutos entendía la obsesión de Luis II de Baviera, ilustrada en el nombre y decorado de su castillo de &lt;em&gt;Neuschwanstein&lt;/em&gt;. Apenas llegaba el cisne, los gansos desaparecían del patio y del canal. Y una vez que se iba, volvían a aparecer. La prepotencia de los gansos quedaba, por tanto, convenientemente restringida a patos y estudiantes despistados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que me topo con un arrogante, y por Dios cómo abundan, recuerdo esta pequeña historia de patos, gansos, y de un cisne.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-1831642942419881652?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/1831642942419881652'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/1831642942419881652'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/04/la-cobardia-de-los-prepotentes.html' title='La cobardía de los prepotentes'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-9046156563987460378</id><published>2009-04-06T12:36:00.000-07:00</published><updated>2009-04-25T19:19:32.845-07:00</updated><title type='text'>Los cuadros de la estación Moneda</title><content type='html'>Un día de fines del 2007, después de haber pasado tres años fuera de Santiago, me bajé en la estación Moneda del Metro. Mi sorpresa fue grande. Un cuadro enorme me transportó mentalmente a la Reñaca de mi infancia. Volví a estar parado en la arena, frente a las rocas y las olas rompientes, de espaldas al entonces incipiente bullicio de esa playa. Los colores del cuadro evocaban de manera inconfundible la costa chilena -esa playa no podría haber estado en ningún otro lugar. Al darme vuelta y mirar hacia el andén opuesto, me encontré con otro cuadro del mismo tamaño que me llevó a los Andes, al atardecer. El macizo andino estaba bañado en ese inconfundible color plomizo, a veces púrpura, que adquiere la cordillera a la altura del Valle Central, a cierta hora del día, en cierta época del año. Ambos cuadros representaban los dos límites de Chile que mejor conozco. Al centro quedaban los carriles del Metro, flacos y largos como mi país. Había más cuadros en la estación. Hacia el oriente estaban representados paisajes del norte de Chile. Hacia el poniente, los del sur. La Portada de Antofagasta, el Valle del Elqui, la cordillera de Nahuelbuta, y el lago Llanquihue, entre otros lugares. Estaba también Santiago. Era una visión nocturna del sector de edificios altos y modernos que conforman un barrio disfuncional y que alguien bautizó, con ingenio y agudeza, como “Sanhattan”. No pude dejar de preguntarme quién había pintado estos cuadros, que reproducían con tal precisión paisajes tan chilenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué al cuadro de la playa y vi el nombre de su autor: Guillermo Muñoz Vera. Nacido en Concepción, en 1956, Muñoz Vera estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Vive actualmente en España, donde tiene una fundación y una escuela de arte en Chinchón, en las afueras de Madrid. Sus cuadros de la estación Moneda son catorce. El tema central es, a no dudarlo, el Chile de hoy. Sus paisajes me recordaron aquellos de Madrid que pintara Antonio López García, el gran realista español contemporáneo, en la década de los ‘60. Pero hay una diferencia. Los cuadros de López García carecen de vida. En ellos no se ven personas, ni se siente su presencia. El Madrid que nos muestra es una ciudad desierta y desolada, espectral. Y, por lo mismo, perturbadora, e imposible de olvidar. Los cuadros de Muñoz Vera, en tanto, no carecen de vida. En ellos no se ven personas, pero se siente su presencia. El Chile que nos muestra es un país más que poblado –es un país habitado. Como las pinturas de López García, las de Muñoz Vera son realistas. Hiper-realistas, si se quiere. No por eso dejan de tener valor artístico. Los cuadros de uno y otro no son simples afiches de paisajes conocidos. El Madrid de López García sólo existe en sus cuadros, así como el Chile de Muñoz Vera en los suyos. Son imágenes oníricas, que no reproducen la realidad, sino que al evocarla, la crean. No sorprende que el pintor chileno haya reconocido la influencia del eximio pintor español. Sí sorprende, en cambio, su exposición permanente de la estación Moneda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-9046156563987460378?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/9046156563987460378'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/9046156563987460378'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/04/los-cuadros-de-la-estacion-moneda.html' title='Los cuadros de la estación Moneda'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-8752226886984377409</id><published>2009-03-24T12:13:00.000-07:00</published><updated>2009-04-07T08:42:26.271-07:00</updated><title type='text'>La inocencia de los distraídos</title><content type='html'>Cada vez que puedo me doy una vuelta por las liquidadoras de libros. Ahí van a parar aquellos ejemplares que no han podido venderse en las librerías. Hay algunas mejores que otras, pero todas tienen ese dejo salobre de las orillas adonde llega lo que queda de los naufragios. Entre objetos inútiles, inevitablemente emergen tesoros insospechados. El “Manual del Distraído” es uno de éstos. Lo encontré en una liquidadora del centro de Santiago. Su autor es Alejandro Rossi, un ítalo-venezolano, nacionalizado mexicano, que vivió en Argentina, el Reino Unido y otros países, y que actualmente trabaja como profesor de filosofía en la UNAM. Es una excelente colección de ensayos, del tipo que tan bien ha escrito en nuestro país otro profesor de filosofía -en este caso, ex-profesora y de la Universidad Católica: Carla Cordua. Entre los ensayos de Rossi, hay un conjunto de textos cortos e independientes, que el autor tituló como “Sorpresas”. Uno de éstos dice lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Cuando yo era adolescente pensaba que los grandes escritores eran personas incapaces de maldad. Mi razonamiento era a la vez simple y falso: la bondad acompaña a la comprensión, a la inteligencia, sin la cual –creía- es imposible escribir una página que valga la pena."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo también pensé lo mismo, alguna vez. Creí que la posibilidad de entenderse con la gente dependía de la inteligencia y la paciencia de los interlocutores. No había personas inteligentes que fueran malas. Sólo había personas inteligentes con quienes nadie se había tomado la molestia, y el tiempo, de razonar. Bastaba un simple silogismo para concluir que la maldad no sólo dependía del desamparo intelectual. También dependía del número de dedos de frente de cada individuo. ¿Se puede ser más ingenuo? Tan disparatadas ideas me llevaron a sobrevalorar la inteligencia en los demás, por sobre otras cualidades. Digo “la” inteligencia, porque para mí había una sola: la capacidad de entender y de comprender, de aprender, de utilizar adecuadamente el lenguaje y la lógica, de crear. La experiencia se encargó de derrumbar este castillo de naipes. Me demostró que la maldad no dependía de la capacidad intelectual de la gente, y que la inteligencia supera con creces dicha capacidad. Descubrí que las personas verdaderamente inteligentes son intuitivas, se adecuan al cambio, y conocen y respetan lo que los franceses llaman &lt;em&gt;savoir vivre&lt;/em&gt; -ese conjunto de reglas de convivencia que permiten disfrutar de cada momento, sin pasar a llevar a los otros. En fin, aprendí que la maldad es una de esas ideas difíciles de definir en abstracto, pero fáciles de reconocer en la práctica. Una vez que nos hemos visto enfrentados a ellas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-8752226886984377409?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8752226886984377409'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/8752226886984377409'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/03/la-inocencia-de-los-distraidos.html' title='La inocencia de los distraídos'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-9062195726694149888</id><published>2009-03-13T10:15:00.000-07:00</published><updated>2009-05-23T16:08:53.716-07:00</updated><title type='text'>Internalizar el derecho</title><content type='html'>En más de alguna oportunidad me he preguntado por qué Latinoamérica está como está. Mejor dicho, por qué nunca pasamos de ser una promesa. ¿Cómo no va a prometer una región que encierra todos los recursos imaginables? Nos rodea una riqueza geográfica, zoológica y botánica envidiable. Nuestra riqueza humana no es menor. En Latinoamérica comenzó la mezcla de razas y culturas que ha configurado el mundo globalizado en el que vivimos. Si nuestra diversidad es la mecha, nuestra juventud es la chispa que nos debiera llevar a grandes alturas. Sin embargo, en vez de despegar, explotamos. Y seguimos siendo subdesarrollados. Con diferencias, pero subdesarrollados. ¿Cómo se explica esto? Múltiples fórmulas dan respuesta a esta pregunta. Todas se reducen a un concepto: internalizar el derecho. Hart lo da a conocer en “&lt;em&gt;The Concept of Law&lt;/em&gt;”. En su libro, el autor inglés se refiere a la tensión entre dos grupos, que se puede presentar en toda sociedad que se rige por reglas. El primer grupo lo conforman quienes aceptan y cooperan voluntariamente con las normas. El segundo agrupa a quienes las rechazan, cumpliéndolas sólo ante la eventualidad de un castigo. En otras palabras, Hart habla de la tensión entre quienes internalizan la regla, y quienes sólo la siguen en forma externa. Su argumento se puede extrapolar a la sociedad internacional, formada principalmente por Estados nacionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvamos a Latinoamérica. Oímos decir que en Chile estamos, comparativamente y a rasgos generales, mejor que nuestro vecindario. Frías cifras avalan este comentario. Las nada frías descripciones de quienes viven o han vivido en otros países de la región también lo confirman. Nuevamente, explicaciones hay varias. La más simplista y pobre, basada en la ignorancia y ceguera del que la emite, interpreta nuestra relación con la norma en términos raciales. Somos tan europeos que nos comportamos como tales. Basta un corto paseo por cualquiera de las calles de nuestras ciudades y pueblos para comprobar lo europeos que somos... Otro argumento apunta a nuestra excepcionalidad histórica. Somos una isla, alejados del continente por desierto, cordillera y mar. Sin llegar a endosar absurdos descomunales, como nuestro pretendido carácter británico, no se puede negar que nuestra geografía ha determinado nuestro desarrollo. Vivimos en la &lt;em&gt;finis terrae&lt;/em&gt;. Más &lt;em&gt;finis&lt;/em&gt; que esto imposible. Después de nosotros están las ballenas y los pingüinos. La lejanía y la carencia de oro y plata nos condenaron a la pobreza. Las guerras y los terremotos vinieron a templarnos el carácter. Y la condena se convirtió en bendición. Cumplimos las reglas desde antes de la independencia. A la mala, con importantes excepciones, pero las cumplimos igual. Por lo menos, la mayoría de ellas. Si hay que esperar, esperamos. Si hay que apechugar, apechugamos. Incluso, si hay que callar, callamos. En resumen, Pedro Urdemales convive con nosotros, pero no nos gobierna. La corrupción ha corroído las sociedades latinoamericanas. Ésta aún no ha logrado erosionar nuestra estructura nacional. Todavía internalizamos el derecho. Es nuestra peculiaridad, y nuestro mayor capital.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-9062195726694149888?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/9062195726694149888'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/9062195726694149888'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/03/internalizar-el-derecho.html' title='Internalizar el derecho'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-1586429288150246504</id><published>2009-03-05T11:16:00.000-08:00</published><updated>2009-09-27T19:42:35.075-07:00</updated><title type='text'>Bitácoras y botellas</title><content type='html'>Al crear este &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; se me preguntó si aceptaría comentarios a mis entradas. Dije en ese momento que no. Más de algún amigo me ha preguntado desde entonces por qué no. Uno, en particular, ha insistido en que un &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; debe necesariamente tener una opción para que sus lectores hagan comentarios. Dice que es de la naturaleza del &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; entrar en diálogo, &lt;i&gt;online&lt;/i&gt;, con otros. Debo reconocer que esta figura me resulta ajena, incómoda. No me gusta la cultura del debate por el debate en la que estamos inmersos. Vengo del cálido mundo de los libros, donde la relación entre el escritor y su lector se forja en la palabra impresa. Es una relación que no reconoce límites temporales ni espaciales. A través de la lectura conocemos personas que habitaron otras tierras y otros años, pero que nos hablan con una cercanía que muchas veces no encontramos entre quienes nos rodean físicamente y a diario. El vínculo que se crea entre el escritor de libros y sus lectores es fuerte. Hay una intimidad que ninguna relación proto-judicial, de réplica y dúplica a través de &lt;em&gt;internet&lt;/em&gt;, puede homologar. Pero no es un libro lo que escribo, sino un &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt;. ¿No tendrá razón mi amigo? La única forma de determinarlo es contestando a otra pregunta.&lt;br /&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;¿Qué es un &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt;? Convengamos en que dan para todo y sirven para casi todo. Para algunos será una forma de dar a conocer gustos, intereses, u opiniones. Para otros será una especie de diario en línea. Según leí por ahí, la palabra “&lt;em&gt;blog&lt;/em&gt;” es la abreviación de “&lt;i&gt;weblog&lt;/i&gt;”, que traducido al castellano vendría a ser algo así como una bitácora de internauta. Esta figura se acerca a mi idea de &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt;, y se emparenta con otra que me atrae mucho: la del mensaje en una botella arrojada al mar. Tengo claro que nadie, o muy pocas personas, hacen esto hoy en día. Me consta, sin embargo, que la figura no ha perdido vigencia. Pero, ¿qué tienen que ver un mensaje, una botella, un mar, una bitácora, y la &lt;em&gt;internet&lt;/em&gt;? Poco y mucho. El cuaderno de bitácora es el libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación de un barco. Mi &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; es, en parte, eso. No pretende, ciertamente, ser un recuento exhaustivo de los pensamientos y sentimientos acumulados en mi anónimo viaje, que empezara en Lima allá en la década del ’70. Sólo busca compartir algunos de estos pensamientos y sentimientos, con quién se anime a leerlos. Es, así, un cuaderno de bitácora incompleto, compuesto de esbozos. Es, asimismo, un cuaderno de bitácora en una botella, en un mar. La botella es mi &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt;, y el mar, la &lt;em&gt;internet&lt;/em&gt;. No quisiera que fuera de otra manera. Quizás nunca conozca a quien reciba este cuaderno, en quién sabe qué orilla, de quién sabe qué playa. Y si lo o la conozco, quizás nunca sea del todo. Pero hay estarán mis mensajes, y aquí estará mi botella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-1586429288150246504?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/1586429288150246504'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/1586429288150246504'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/03/bitacoras-y-botellas.html' title='Bitácoras y botellas'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-4597948153346273310</id><published>2009-02-25T11:08:00.000-08:00</published><updated>2009-03-17T06:54:47.407-07:00</updated><title type='text'>Aprender otros idiomas</title><content type='html'>Una mañana, saliendo de la residencia de estudiantes donde vivía en Leiden, en los Países Bajos, se me acercaron dos niñitos de no más de 6 o 7 años, quienes me preguntaron algo en holandés. De la pregunta, sólo entendí &lt;em&gt;zwart&lt;/em&gt; (negro) y &lt;em&gt;hond&lt;/em&gt; (perro). Ante la imposibilidad de dar una respuesta mínimamente decente en holandés, opté por el inglés, disculpándome ante mis pequeños interlocutores por no hablar su idioma. Para mi sorpresa, éstos repitieron la pregunta, en un inglés de libro: buscaban a un perrito negro, que se les había perdido. La anécdota me quedó dando vueltas en la cabeza largo rato. ¿Qué hace que los holandeses hablen tan bien el inglés, desde tan chicos? Es muy raro encontrarse con alguien en los Países Bajos que no se dé a entender con soltura en otro idioma, sin ser extranjero. Poca gente habla el holandés y eso lo saben los nacionales de los Países Bajos. Prácticos, con ese olfato comercial que los ha caracterizado desde su independencia del Imperio Español en el siglo XVII, los holandeses no se hacen problemas. Saben que no pueden ni podrán competir con otras lenguas europeas más extendidas, como el inglés, el castellano, o el francés. ¿La solución? Estudiar estos idiomas, y otros. Pero una cosa es estudiar. Y otra es aprender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viví en Holanda, la principal provincia de los Países Bajos, entre los años 2000 al 2001. Fui a estudiar un magíster. Además de especializarme en derecho internacional, hice muy buenos amigos, y conocí un país precioso y una cultura fascinante. Sin embargo, no aprendí casi nada de holandés. ¿Por qué? Falta de necesidad, falta de oportunidad y, sobre todo, falta de interés. No sólo el magíster que estudié se impartía íntegramente en inglés, sino la mayoría de mis amigos y conocidos en Holanda eran tan extranjeros como yo. Nuestra &lt;em&gt;lingua franca&lt;/em&gt; era el inglés… cuando no el castellano. Tampoco ayudaba el que los holandeses hablen tan bien el inglés, y tengan una inmejorable disposición a hacerlo. Mientras estuve en los Países Bajos, más de alguna vez intenté una frase en holandés. La respuesta vino invariablemente en inglés, acompañada de una sonrisa de reconocimiento. Lo anterior explica la falta de necesidad y la falta de oportunidad, pero no la falta de interés. Eso ya es algo personal. Como hablante de castellano, el esfuerzo que me requería aprender holandés era demasiado alto, en términos comparativos. Otras lenguas romances me ofrecían -y me siguen ofreciendo- satisfacciones con las que el holandés simplemente no puede competir. Más aún, por una fracción del esfuerzo que me significaría estudiar este idioma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De ahí que no aprendiera casi nada de holandés. No obstante, por más que no haya tenido la necesidad, la oportunidad, o el interés de aprender este idioma, el vivir inmerso en una cultura estructurada a partir de una lengua que no entendía, cambió mi forma de ver el aprendizaje de otros idiomas. Mientras el castellano me permitía comunicarme con mi familia y mis amigos en Chile, y con varios de mis amigos y conocidos en Holanda, el inglés me permitía comunicarme con el resto de mis amigos y conocidos, así como con los holandeses con quienes me tenía que entender día a día. Sin embargo, ninguno de estos idiomas me permitía retener el nombre de las calles ni comprender el contenido de los diarios y revistas, los programas y la propaganda de las radios, la descripción y las instrucciones de los productos en el supermercado, entre otras cosas. Por otro lado, ninguno de estos idiomas me permitía comprender las conversaciones que me rodeaban en la universidad, en las calles, en las tiendas, en los mismos supermercados, en las estaciones, o en los trenes. Para qué hablar de los giros idiomáticos, que dan vida a una sociedad y su cultura. Me estaban vedados. La exposición permanente al holandés me llevó a aprender palabras y frases sueltas que facilitaron mi vida en los Países Bajos. Estas pocas palabras y frases me acercaron algo a la sociedad y a la cultura holandesa. Pero fueron las innumerables palabras y frases que no entendía, las que terminaron por dejarme irremediablemente fuera de éstas. E, irónicamente, me acercaron a otras lenguas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al lado del holandés, idiomas como el francés, el italiano y el portugués, me parecieron facilísimos. Me pareció, asimismo, una falta inexcusable de mi parte no haber intentado aprender alguna de estas lenguas romances, que hablaban amigos y conocidos. A mi vuelta a Santiago, no tuve la necesidad de hacerlo. Si tuve, en cambio, la oportunidad y el interés de aprender alguno de estos idiomas. Decidí empezar por el francés. Lo estudio desde entonces, a intervalos más o menos regulares. ¿Qué me hizo optar por este idioma? Podría decir que fue la importancia del francés en el área del derecho a la que me dedico. Pero no se trató de eso. Mi decisión se debió, en un comienzo, a todas esas frases sin traducción, esparcidas en diversos libros de arte, literatura, historia, o ensayo, que encontraba con frecuencia en mis lecturas en castellano y en inglés. Después, ya no fueron simples frases. Quise leer, en su idioma original, todos esos libros escritos en francés que cautivaron mi imaginación y mis sentidos, y que había leído en traducciones hechas al castellano o al inglés. La lectura, en francés, de Guy de Maupassant o de Albert Camus, por nombrar unos pocos, pasó a ser mi objetivo. Hoy, quiero independizarme del pesado diccionario. También quiero hablar y escribir en un francés que no por lacónico, que no por espartano, deje de ser francés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hablo ya de aprender otro idioma; hablo de aprender bien ese idioma. ¿Cómo se hace esto? Todo estudio requiere de uno o más objetivos para que sea efectivo. Y las lenguas se aprenden estudiando. La necesidad, la oportunidad, y el interés determinan los objetivos de aprendizaje de un idioma. Éstos pueden ser extrínsecos o intrínsecos. ¿A qué? Mejor dicho, ¿a quién? Al que tiene que aprender el idioma, o al que quiere hacerlo. Tener que y querer no son lo mismo. En los Países Bajos no tuve que aprender holandés, ni lo quise. En Chile no tengo que aprender francés, pero quiero hacerlo. Tampoco tengo que aprender portugués ni italiano. Interés, sin embargo, no me falta. Leer a Fernando Pessoa y a Dino Buzzati en sus idiomas es, para mí, motivo más que suficiente. Los objetivos extrínsecos nos llevan a hacer muchas cosas. &lt;em&gt;Necessitas caret leges&lt;/em&gt;. La necesidad carece de leyes -en su versión popular, la necesidad tiene cara de hereje. Como sea, sólo se aprende bien un idioma cuando hay, al menos, un objetivo intrínseco. El interés es irrenunciable. ¿Y la oportunidad? Se presenta por si misma. O uno se la hace.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-4597948153346273310?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4597948153346273310'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/4597948153346273310'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/02/aprender-otros-idiomas.html' title='Aprender otros idiomas'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-2160927763528019910</id><published>2009-02-16T15:18:00.000-08:00</published><updated>2009-03-17T06:50:59.099-07:00</updated><title type='text'>Derecha, izquierda, y viceversa</title><content type='html'>Propongo un juego. Dejemos de lado, por un momento, la monotonía y pequeñez del debate político nacional. Sugiero dar un paso al lado, tomar un poco de distancia y con esa perspectiva, hacernos la siguiente pregunta: ¿qué queda de la distinción entre derecha e izquierda, hoy? Ya lo sé, no es muy novedoso el asunto. La respuesta, en cambio, sorprenderá a más de alguno. Hay cosas que de puro viejas resultan nuevas. Hablamos de Derecha e Izquierda desde los inicios de la Revolución Francesa. De designar una ubicación física, la díada pasó pronto a designar una ubicación ideológica. Para esto, se apoyó en una tríada. Concretamente, en los dos primeros conceptos del lema revolucionario de los franceses –&lt;em&gt;liberté&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;égalité&lt;/em&gt;. De la &lt;em&gt;fraternité&lt;/em&gt;, nadie se acordó nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Norberto Bobbio se basa en la igualdad para distinguir entre izquierda y derecha. Mientras la primera acentúa aquellos aspectos que nos igualan, la segunda hace lo contrario. Eso dice en &lt;em&gt;"Destra e Sinistra"&lt;/em&gt;. ¿Y la libertad? En su esquema, ésta puede ser tanto de derecha como de izquierda. Difiero. Así como el dar mayor importancia a la igualdad define a la izquierda, el dar mayor importancia a la libertad determina a la derecha. Dónde pone el acento cada postura define, a su vez, cómo se relaciona con el poder. Para gozar de libertad, o alcanzar la igualdad, se requiere un orden y éste presupone una autoridad. Por naturaleza, la izquierda tiende hacia el poder. A mayor autoridad, mayor igualdad. Por naturaleza, la derecha desconfía del poder. A mayor autoridad, menor libertad. En la regulación de toda sociedad se distinguen aspectos políticos, económicos, y aquellos que se conocen en Chile como valóricos. En cada uno de ellos se puede ser de izquierda o de derecha. ¿Cómo? Según se le dé mayor importancia a la igualdad o la libertad. O si se quiere, según uno se acerque o se aleje de la autoridad. Esto es, de un poder centralizado, fuerte e interventor. Esa es la clave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apliquemos este último esquema a los principales partidos políticos de Chile. Más a lo que han hecho que a lo que han dicho. En esto consiste el juego. Partamos por la así llamada Izquierda Chilena. Primero, los socialistas. Pasado: filo-marxista. Hoy: cualquier cosa. El Partido Socialista todavía tiende a la jerarquía en lo político, o sea, a la autoridad, y a la regulación en lo económico. En eso siguen siendo de izquierda. El cambio está en lo valórico: se acabó la moral oficial. Resultado: izquierda 2; derecha 1. Segundo, el Partido por la Democracia o PPD. Pasado: instrumental. Presente: ídem. ¿Instrumental a qué? A llegar al gobierno y mantenerse en él. Desconfían de la autoridad en lo político: tienden al caudillismo, olvidando que el caudillo termina por acumular poder y restringir la libertad. En lo económico, se inclinan a la regulación. Pero a diferencia de los socialistas, siempre han desconfiado de la autoridad en lo valórico. Resultado: izquierda 1; derecha 2.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos al así llamado Centro. Tercero, la Democracia Cristiana. Pasado: jerárquico, corporativista y de moral oficial. Hoy: casi cualquier cosa. En lo político, todavía se apoyan en las jerarquías. Tienden a la regulación en lo económico, y todavía recurren a la autoridad en lo valórico, aunque con menos convicción. Resultado: izquierda 3; derecha 0. Nos queda la así llamada Derecha Chilena. Cuarto, Renovación Nacional. Pasado: individualista y conservador. Presente: individualista y punto. En lo político, desconfían de la autoridad y se apoyan en caudillos. No son amigos de la regulación en lo económico, y se han ido desligando lentamente de la autoridad en lo valórico. Resultado: izquierda 0; derecha 3. Quinto, la Unión Demócrata Independiente o UDI. Pasado: filo-franquista. Hoy: un club cosista de moral oficial. Se inclinan a la autoridad en lo político, pero desconfían de ésta en lo económico. Se apoyan fuertemente en ella, eso sí, en lo valórico. Resultado: izquierda 2; derecha 1.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué nos queda? Vaya sorpresa. Los partidos políticos chilenos se clasificarían en de izquierda –Democracia Cristiana-; en más de izquierda que de derecha –Socialistas, y la UDI-; en más de derecha que de izquierda –PPD-; y en de derecha –Renovación Nacional. ¿Discutible? Sin duda. Todo juego parte de supuestos y simplifica la realidad. Por lo mismo, no hay juego que deje contento a todos sus participantes y seguidores. Sin embargo, tenemos que jugar. No sólo somos el &lt;em&gt;homo politicus&lt;/em&gt; aristotélico. Somos también el &lt;em&gt;homo ludens&lt;/em&gt; de Johan Huizinga.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-2160927763528019910?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2160927763528019910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/2160927763528019910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/02/derecha-izquierda-y-viceversa.html' title='Derecha, izquierda, y viceversa'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-5207470955288241629</id><published>2009-02-05T14:27:00.000-08:00</published><updated>2009-02-26T20:31:53.194-08:00</updated><title type='text'>Buenos y malos profesores</title><content type='html'>La Universidad Católica ofrece, a través de su Centro de Desarrollo Docente, numerosas charlas, talleres y otras actividades de capacitación para sus profesores. Por primera vez, éstas se han estructurado en un programa de duración anual llamado de inserción académica en docencia. A fines del año pasado, postulé y quedé en dicho programa, junto a otros ocho profesores de distintas facultades y escuelas de la universidad. Tuvimos una jornada introductoria en enero, en el campus San Joaquín. Fue un provechoso día, en el que conversamos largo y tendido sobre los buenos y los malos profesores. El diálogo entre los participantes del programa, sus organizadores, otros profesores e investigadores, alumnos y ex-alumnos de la universidad, fue fluido. Y algo catártico. Me sorprendió ver que personas provenientes de áreas tan disímiles como arquitectura, biología, construcción civil, derecho, educación, física, ingeniería, medicina, música, teatro, psicología, y química, coincidan en lo que distingue a un buen profesor de uno malo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecemos por los malos profesores. Sin interés por el curso que dan, y sin interés por sus alumnos, la docencia es para ellos un trámite. Su lista de prioridades está copada por otras obligaciones, todas más importantes. Puesto que el curso les quita tiempo y les significa un esfuerzo extra, los alumnos debieran estarles agradecidos de tenerlos en su sala de clases. Pueden conocer bien su especialidad, pero no saben o no quieren transmitir adecuadamente estos conocimientos. Por lo general, imponen en forma unilateral un bloque de ideas y conceptos inalterados e inalterables, cuyas posibles relaciones están previa y terminantemente establecidas. De esta manera, relegan a los alumnos al triste papel de meros receptáculos de dogmas apolillados. Algunos malos profesores son distantes. Sea por la falta de interés ya mencionada, o porque se consideran tan buenos en lo que hacen, rara vez bajan de su Olimpo propio. Otros, en cambio, son cercanos. Pero demasiado. Están también los que agregan a su cóctel el mal trato a los alumnos. ¿Cómo se hace esto? Una alternativa es descalificarlos en público, a fin de mantener a raya preguntas que pongan en evidencia la mala preparación de las clases, o la inconsistencia de posturas seguidas por conveniencia, no por convencimiento. Otra opción es acentuar los aspectos negativos de cada estudiante y del conjunto de éstos, generalizándolos. Una tercera alternativa es hacer distinciones arbitrarias y, muchas veces, descaradas entre los alumnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los buenos profesores son otra cosa. Una particular disposición hacia su especialidad, la docencia, y sus alumnos, los caracteriza. Un buen profesor es aquel que siente pasión por lo que hace y así lo demuestra, tanto en clases como fuera de ellas. No por nada, es un experto en su área. Y, sin embargo, es generoso y comparte lo que sabe con humildad. Sus clases son participativas. El buen profesor involucra a los alumnos en su propia educación, centrando ésta en el aprendizaje, no en la enseñanza. A cada paso pregunta, y se pregunta, el por qué y el para qué de las materias impartidas. O sea, ejercita y promueve el pensamiento crítico, sin el cual no hay evolución posible en el conocimiento humano. Desde esta perspectiva, el buen profesor transmite valores, sin caer en el proselitismo, e incorpora el humor en la clase, sin convertirse en un payaso. Su preocupación por los alumnos es sincera. De ahí que sea tolerante y respetuoso, en el entendido que tales características son exigibles, a su vez, en el trato entre estudiantes, y entre éstos y el profesor. En resumen, es una autoridad para los alumnos, y como tal se comporta. Por lo mismo, no es autoritario. Tener carisma ayuda, obviamente, pero no es lo que define a un buen profesor. Su pasión genuina por la especialidad respectiva, y la educación en general, es lo que hace la diferencia. Todo lo demás tiene arreglo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-5207470955288241629?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/5207470955288241629'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/5207470955288241629'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/02/buenos-y-malos-profesores.html' title='Buenos y malos profesores'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-7654685437904767700</id><published>2009-01-27T16:15:00.000-08:00</published><updated>2009-03-17T09:43:56.867-07:00</updated><title type='text'>La Leyenda del Santo Bebedor</title><content type='html'>A mediados del año pasado fui invitado por el Centro de Extensión de la Universidad Católica a comentar en un ciclo de cine esta coproducción italiano/francesa de 1988. Los párrafos que siguen son la transcripción de lo que dije ese día:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como se indica al comienzo la película, “La Leyenda del Santo Bebedor” se basa en una novela corta del escritor austro-húngaro Joseph Roth (1894-1939). Leerla es un placer, tanto como ver la película de Ermanno Olmi. Es este uno de esos rarísimos casos en los que uno no sabe si inclinarse por el libro o la película. Joseph Roth nació en Brody, hoy Ucrania, y estudió en Viena, hoy Austria. No terminó estos estudios, ya que se presentó como voluntario para pelear por el Imperio Austro-Húngaro en la I Guerra Mundial. En 1920 se fue a Berlín, Alemania, donde trabajó como periodista, recorriendo gran parte de Europa como corresponsal de un diario de Frankfurt. Su obra está cruzada por la nostalgia de un pasado más tolerante que conoció bajo el reinado de los Habsburgo, y que desapareció con el advenimiento del Nacional Socialismo. En 1933, el día que Hitler asumió el poder, Joseph Roth se mudó a Paris, una ciudad que amó intensamente. Se dice que allí se convirtió al catolicismo, sin renegar nunca de sus orígenes judíos, por lo que habría tenido dos funerales distintos: uno católico y otro judío. “La Leyenda del Santo Bebedor” fue escrita y publicada el año de la muerte de Roth en Paris, donde pasó sus últimos días exiliado y alcoholizado. Un poco como Andreas Kartak, el protagonista de su libro. Sin embargo, la novela corta de Joseph Roth no es una simple autobiografía. En otras palabras, Kartak es un poco Roth, pero es también un poco cualquiera que tenga el sentido de honor de Kartak y que se encuentre en sus circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ¿quién es Andreas Kartak? Nosotros lo vemos en Paris, ya un vagabundo, durmiendo bajo los puentes. Un hombre sin pasado, al parecer sin futuro, viviendo el eterno presente que ofrece el alcohol. De sus recuerdos descubrimos que es un minero polaco de la región de Silesia, que se fue a trabajar a Francia, donde lo recibe un amigo, a quien engaña con su mujer y termina por matarlo accidentalmente. Esto le significa ser apresado por las autoridades francesas y expulsado del país. No obstante, sigue deambulando por Francia. Lo cierto es que Andreas no ha sido sólo expulsado de este país, sino de la vida en general. Se pasea por Paris más muerto que vivo, tomando e intentando olvidar. Andreas sobrevive a su modo lo que el poeta peruano César Vallejo llama “los heraldos negros” y que describe con las siguientes palabras:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé.&lt;br /&gt;Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,&lt;br /&gt;la resaca de todo lo sufrido&lt;br /&gt;se empozara en el alma... Yo no sé!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras&lt;br /&gt;en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.&lt;br /&gt;Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;&lt;br /&gt;o los heraldos negros que nos manda la Muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las caídas hondas de los Cristos del alma,&lt;br /&gt;de alguna fe adorable que el Destino blasfema.&lt;br /&gt;Esos golpes sangrientos son las crepitaciones&lt;br /&gt;de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como&lt;br /&gt;cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;&lt;br /&gt;vuelve los ojos locos, y todo lo vivido&lt;br /&gt;se empoza, como charco de culpa, en la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!"&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabemos en la primera escena de la película qué desgracia cayó sobre Andreas, pero bien podemos intuir que alguna lo ha llevado a vivir en la calle, a dormir bajo los puentes. El señor que se acerca a Andreas también lo intuye y le ofrece, con mucha delicadeza, mostrarle el camino, ya que Dios lo ha puesto en el suyo. Andreas se extraña que un señor como éste, le pida un favor a alguien como él. Después de dudar, acepta, y vemos aparecer en el protagonista, por primera vez en quién sabe en cuanto tiempo, el orgullo de un hombre hasta entonces derrotado. El favor es simple: tiene que devolver los 200 francos a Santa Teresa de Lisieux, en la Iglesia de Sainte Marie de Batignolles, cuando buenamente pueda. Andreas se compromete a hacerlo un domingo. Lo que parece ser un simple favor se va a convertir, con el paso de los días, en una odisea personal, marcada por pequeños reveses y milagros, y por la irrupción de su pasado, que será coronada -no sin esfuerzo- con el mayor de los éxitos para Andreas: su redención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La película de Olmi tiene aspectos notables. No por nada ganó el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia de 1988, el más antiguo del mundo. El París donde transcurre la acción es una ciudad fuera del tiempo, inundada por nubes bajas y personajes que aparecen y reaparecen en la vida de Andreas como en un sueño. La actuación de Rutger Hauer, quien hace el papel del protagonista, es de antología. Hauer actúa con cada parte de su rostro, de su cuerpo, para encarnar a un Andreas lleno de vida –el del pasado-, y a un Andreas lleno de muerte –el que nosotros encontramos. No por nada ganó Hauer el premio al mejor actor en el Festival Internacional de Cine de Seattle de 1989, el más grande de Estados Unidos. Las actuaciones de Anthony Quayle, como el señor elegante y misterioso que le pide el favor a Andreas; de Sophie Segalen, como la fría mujer que lleva a Andreas a su desgracia y reaparece dificultando el cumplimiento de su promesa, de Jean-Maurice Chanet, como Daniel Kanjak, el bondadoso y delicado boxeador que trae un poco del calor de hogar perdido a Andreas; o de Dominique Pinon, como Woitech, personaje pequeño y mezquino en cuya presencia la estatura moral de Andreas sólo se resalta más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el transcurso de la película, Andreas se transforma de un vagabundo a la deriva, en un hombre que reencuentra su historia y su dignidad paso a paso. Así vemos a Andreas recuperar sus gustos, su imagen personal, su nombre, su oficio, y su familia, en una serie de escenas memorables. Por ejemplo, cuando Andreas recuerda a sus padres a través del reloj que le regalaran al partir de Silesia y que entonces marcaba la 1:20, el cual volverá a estar a la misma hora al momento de ver por última vez a sus padres en el sopor del vino del Tari-Bari; o cuando decide que bien puede ser su cumpleaños el día que recibe los 200 francos, puesto que es jueves y el nació un jueves; o cuando se compra un diario, se toma un café y va a que lo afeiten después de tanto tiempo; o cuando vuelve a ganarse unos francos trabajando, en la mudanza del sastre y de su señora; o cuando le mira las piernas a la vendedora de la tienda, tentándolo a volver a estar con una mujer; o cuando duerme en un hotelucho, pero hotel al fin; o cuando va un restaurant elegante acompañado por una mujer bonita, aunque fatal; o cuando descubre a su amigo Daniel Kanjak, quien lo ubica en un hotel decente, donde vuelve a darse un baño caliente, cambiando su viejo traje por uno nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su camino a la Iglesia de Sainte Marie de Batignolles, Andreas se ve enfrentado a numerosas tentaciones. La mayor de ellas es el trago. Andreas pierde dinero tomando en varias oportunidades, con la ayuda de los diligentes mozos del Tari-Bari y del bar “Le Paradoxe”, al frente de la iglesia. La segunda de ellas son mujeres y hombres que terminan por hacerle daño. Como Caroline, con quien cayó en desgracia, claro que cada uno a su manera; o como la simpática y vivaz bailarina, que finalmente le roba sus francos a Andreas; o como Woitech, quien se aprovecha de su credulidad para seguir tomando. Cada una de estas tentaciones aleja a Andreas del camino señalado por el señor que le presta los 200 francos al principio de la película. No obstante, de cada una saldrá Andreas con la ayuda de milagros -pequeños, pero milagros al fin- que lo podrán de nuevo en ruta y le irán confirmando que hay algo más que suerte en lo que le sucede. Son siete veces en total, el número de oportunidades en que recibe dinero en la película. Dos veces se lo da el señor elegante y misterioso, e incluso la propia Teresa de Lisieux se lo entrega hacia el final de la película. Andreas reconoce no merecer todas estas oportunidades. Ya ha fracasado tantas veces… Ni él ni nosotros tenemos respuesta para esta pregunta. Sólo cabe recordar que la redención se caracteriza por su gratuidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-7654685437904767700?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7654685437904767700'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/7654685437904767700'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/01/la-leyenda-del-santo-bebedor.html' title='La Leyenda del Santo Bebedor'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6668353669750151691.post-532787789051697259</id><published>2009-01-17T19:57:00.000-08:00</published><updated>2009-10-30T07:00:03.177-07:00</updated><title type='text'>La Orquesta Sinfónica de Chile</title><content type='html'>Siempre me ha gustado el "Concierto de Aranjuez", pero nunca había tenido la oportunidad de escucharlo en vivo. Un anuncio en el diario me permitió hacerlo. Después de un largo y caluroso día de trabajo estival, partí desde la Casa Central de la Universidad Católica al Teatro de la Universidad de Chile. Se celebraban los 68 años de su Orquesta Sinfónica. El programa no sólo prometía el mencionado concierto. Prometía también la Sinfonía No. 8 de Antonin Dvorak. Y algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La concurrencia era de lo más variopinta -del más flaite al más pituco, todos esperábamos en nuestras butacas el comienzo del concierto. Entró la orquesta y entró su director, un rucio grandote y medio desgarbado. Una pequeña pieza musical, de gran fuerza, abrió la jornada. Todo el cansancio del día, el calor y un incipiente dolor de cabeza, desaparecieron más por arte que por magia. Terminada la pieza, una mujer subió al escenario e invitó a éste al rector de la Universidad de Chile. En el intertanto, le pedí el programa a la señora del asiento de adelante. Habíamos escuchado la "Danza Fantástica", compuesta nada menos que por un compositor chileno: Enrique Soro. Primera sorpresa de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rector dio un corto, pero emotivo discurso. Nos contó que la Orquesta Sinfónica recorría el país tocando en pueblos y en las principales ciudades, así como en las poblaciones de estas últimas. Nos contó también cómo la gente humilde, la de barrios apartados y olvidados, concurría con sus mejores pilchas a escuchar con profundo respeto a la orquesta. Esa sola imagen me trajo a la memoria un sinnúmero de otras de un Chile que tuve la suerte de conocer. Recordé al país que fui descubriendo de niño, de adolescente, y de joven universitario. Ese mundo sencillo y limitado, pero tanto más auténtico que el de ahora. Recordé esos años en que todavía importaba el aspecto social de nuestra incipiente economía de mercado. En fin, recordé mi país pre-sociedad de mercado, esa república amordazada y temerosa en la que me tocó crecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El orgullo y la pasión de la Orquesta Sinfónica son contagiosos. A esas alturas, no se trataba más de la orquesta de la Chile, sino de nuestra orquesta, de mi orquesta, la de Chile. La "Rapsodia Española" de Maurice Ravel siguió al discurso del rector. Un breve descanso y entró en escena Carlos Pérez, el solista que tocaría la esperada obra de Joaquín Rodrigo. Segunda sorpresa de la noche. Conozco el "Concierto de Aranjuez" al revés y al derecho. Y la interpretación que vi y escuché ese día no tiene nada que envidiar a otras más empingorotadas que he oído. Otro descanso y a la Sinfonía No.8. Qué jornada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tocaba la Orquesta Sinfónica pensaba en su actual director. Por lo que alcancé a leer en el programa prestado, es un polaco bastante joven. Antes dirigió en Gdansk y, al parecer, promete y en serio. Mientras lo miraba, me preguntaba qué hace este tipo en Chile. Su generosa sonrisa, sus gestos, lo mostraban cómodo con su orquesta sudaca y su público &lt;em&gt;idem&lt;/em&gt;. Lo miraba y pensaba en Domeyko, otro polaco que llegó a estas latitudes. Rector de la Universidad de Chile, como antes lo fuera Bello, la quintaesencia del extranjero chilenizado. Lo miraba y pensaba en mi república. Esa que, a pesar de todo, aún subsiste en instituciones como la Orquesta Sinfónica de Chile.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6668353669750151691-532787789051697259?l=sebastianlopezescarcena.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/532787789051697259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6668353669750151691/posts/default/532787789051697259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://sebastianlopezescarcena.blogspot.com/2009/01/la-orquesta-sinfnica.html' title='La Orquesta Sinfónica de Chile'/><author><name>Sebastián</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15699966229732840292</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_pbDYnYtUrPU/Sj-wtHFvjtI/AAAAAAAAAKA/Wwxc5Uw7aF8/S220/Chef+2.jpg'/></author></entry></feed>
