Propongo un juego. Dejemos de lado, por un momento, la monotonía y pequeñez del debate político nacional. Sugiero dar un paso al lado, tomar un poco de distancia y con esa perspectiva, hacernos la siguiente pregunta: ¿qué queda de la distinción entre derecha e izquierda, hoy? Ya lo sé, no es muy novedoso el asunto. La respuesta, en cambio, sorprenderá a más de alguno. Hay cosas que de puro viejas resultan nuevas. Hablamos de Derecha e Izquierda desde los inicios de la Revolución Francesa. De designar una ubicación física, la díada pasó pronto a designar una ubicación ideológica. Para esto, se apoyó en una tríada. Concretamente, en los dos primeros conceptos del lema revolucionario de los franceses –liberté y égalité. De la fraternité, nadie se acordó nunca.
Norberto Bobbio se basa en la igualdad para distinguir entre izquierda y derecha. Mientras la primera acentúa aquellos aspectos que nos igualan, la segunda hace lo contrario. Eso dice en "Destra e Sinistra". ¿Y la libertad? En su esquema, ésta puede ser tanto de derecha como de izquierda. Difiero. Así como el dar mayor importancia a la igualdad define a la izquierda, el dar mayor importancia a la libertad determina a la derecha. Dónde pone el acento cada postura define, a su vez, cómo se relaciona con el poder. Para gozar de libertad, o alcanzar la igualdad, se requiere un orden y éste presupone una autoridad. Por naturaleza, la izquierda tiende hacia el poder. A mayor autoridad, mayor igualdad. Por naturaleza, la derecha desconfía del poder. A mayor autoridad, menor libertad. En la regulación de toda sociedad se distinguen aspectos políticos, económicos, y aquellos que se conocen en Chile como valóricos. En cada uno de ellos se puede ser de izquierda o de derecha. ¿Cómo? Según se le dé mayor importancia a la igualdad o la libertad. O si se quiere, según uno se acerque o se aleje de la autoridad. Esto es, de un poder centralizado, fuerte e interventor. Esa es la clave.
Apliquemos este último esquema a los principales partidos políticos de Chile. Más a lo que han hecho que a lo que han dicho. En esto consiste el juego. Partamos por la así llamada Izquierda Chilena. Primero, los socialistas. Pasado: filo-marxista. Hoy: cualquier cosa. El Partido Socialista todavía tiende a la jerarquía en lo político, o sea, a la autoridad, y a la regulación en lo económico. En eso siguen siendo de izquierda. El cambio está en lo valórico: se acabó la moral oficial. Resultado: izquierda 2; derecha 1. Segundo, el Partido por la Democracia o PPD. Pasado: instrumental. Presente: ídem. ¿Instrumental a qué? A llegar al gobierno y mantenerse en él. Desconfían de la autoridad en lo político: tienden al caudillismo, olvidando que el caudillo termina por acumular poder y restringir la libertad. En lo económico, se inclinan a la regulación. Pero a diferencia de los socialistas, siempre han desconfiado de la autoridad en lo valórico. Resultado: izquierda 1; derecha 2.
Vamos al así llamado Centro. Tercero, la Democracia Cristiana. Pasado: jerárquico, corporativista y de moral oficial. Hoy: casi cualquier cosa. En lo político, todavía se apoyan en las jerarquías. Tienden a la regulación en lo económico, y todavía recurren a la autoridad en lo valórico, aunque con menos convicción. Resultado: izquierda 3; derecha 0. Nos queda la así llamada Derecha Chilena. Cuarto, Renovación Nacional. Pasado: individualista y conservador. Presente: individualista y punto. En lo político, desconfían de la autoridad y se apoyan en caudillos. No son amigos de la regulación en lo económico, y se han ido desligando lentamente de la autoridad en lo valórico. Resultado: izquierda 0; derecha 3. Quinto, la Unión Demócrata Independiente o UDI. Pasado: filo-franquista. Hoy: un club cosista de moral oficial. Se inclinan a la autoridad en lo político, pero desconfían de ésta en lo económico. Se apoyan fuertemente en ella, eso sí, en lo valórico. Resultado: izquierda 2; derecha 1.
¿Qué nos queda? Vaya sorpresa. Los partidos políticos chilenos se clasificarían en de izquierda –Democracia Cristiana-; en más de izquierda que de derecha –Socialistas, y la UDI-; en más de derecha que de izquierda –PPD-; y en de derecha –Renovación Nacional. ¿Discutible? Sin duda. Todo juego parte de supuestos y simplifica la realidad. Por lo mismo, no hay juego que deje contento a todos sus participantes y seguidores. Sin embargo, tenemos que jugar. No sólo somos el homo politicus aristotélico. Somos también el homo ludens de Johan Huizinga.
