martes, 18 de mayo de 2010

Volver al mar

Ordenando papeles encontré un diario chileno, de los días posteriores a nuestro último terremoto. En él venía un reportaje distinto, poético sin proponérselo. Era sobre los pescadores de Boyeruca, Llico y Loanco, tres de esas localidades devastadas por el maremoto que destruyó numerosos poblados de la zona centro/sur de Chile. El periodista de la nota entrevistó a varios pescadores que lo habían perdido todo en la catástrofe. Ante las preguntas del reportero, uno tras otro terminaba por repetir la misma frase: el mar da y quita.

A medida que avanzaba en la lectura del artículo, la sabiduría de esos hombres simples, sufridos, me llenaba de asombro. Uno de ellos señalaba no sentir rencor contra el mar, pero sí un poco de miedo. Otro indicaba que todo lo que tenía era gracias a éste, quien sólo había venido a reclamar lo que era suyo. Ninguno pedía, ni esperaba, limosna alguna. Lo único que querían era que se les ayude a financiar nuevas embarcaciones, para retomar su oficio. Porque -como agregaba uno de ellos- sólo se empieza a pescar, cuando se pasa la rompiente. Y para eso, claro, se necesita un bote.

Pero se requiere algo más. La decisión de volver a ese mar, que tanto les ha dado y tanto les ha quitado, involucra coraje. Los pescadores de Boyeruca, Llico y Loanco, lo daban por descontado.