jueves, 17 de junio de 2010

Contactos telefónicos

Los celulares permiten dejar registrados nombres y números, a fin de facilitar el hacer un llamado. Se les conoce como contactos, y son una de las funciones básicas de cualquier teléfono móvil. Con el transcurso del tiempo, vamos agregando personas a nuestro listado. Lo que no es difícil: la mayoría de las veces lo hacemos en forma casi mecánica. Teniendo al nombre y número registrados, nos olvidamos del asunto hasta que necesitamos ubicar a la persona respectiva. Sin embargo, con el paso de las semanas, meses y años, también vamos sacando contactos de nuestro listado. Lo que tampoco es difícil: se busca la opción “borrar contacto”, se confirma la orden dada, y listo. Así salen de nuestros celulares aquéllos nombres y números que ingresaron a éstos provenientes de una vieja agenda telefónica o de otro celular. Así salen, asimismo, aquéllos que registramos en un simple rapto de entusiasmo pasajero, en uno de esos infaltables intercambios de número in situ, o en una de esas situaciones en que es necesario ubicar a alguien para algo puntual. Lo normal es que no se sienta nada al borrar un contacto telefónico. Pero hay casos en los que cuesta eliminarlos.

Borrar un contacto es como ordenar o limpiar una pieza, un departamento o una casa. Vale decir, es un acto rutinario, que hacemos sin pensarlo demasiado. No obstante, ocurre que cuando se ordena o se limpia un lugar, uno encuentra objetos que nos remiten a otros momentos de nuestra vida. Vienen entonces a la memoria situaciones y personas, sentimientos, anhelos y sueños del pasado. Lo mismo pasa con aquellos contactos de quienes nos fueron cercanos e importantes, o que prometían serlo. Dudamos ante los objetos encontrados al ordenar o limpiar un lugar, y que tienen una carga emocional. Lo boto, no lo boto… Algunas veces los salvamos, hasta el próximo orden o limpieza. Lo propio ocurre con los contactos telefónicos, de quienes no nos fueron indiferentes. Pero, como con los objetos, hay casos en los que sabemos que ya no tiene sentido mantenerlos guardados. Los motivos que llevan a borrar un contacto son tantos, que no vale la pena enumerarlos. Basta decir que los eliminamos. Y con algunos de ellos, se va un pedacito de nosotros.