La Casa Central de la Universidad Católica tiene tres patios cerrados por pasillos que dan a salas y oficinas, tanto en un primer como en un segundo piso. Son todo lo que se terminó del proyecto original, que se iba a llamar Palacio Universitario. El resto del campus actual es una colección de edificios construidos en años distintos, y que tienen muy poco que ver el uno con el otro. Están ubicados de tal manera que dejan al menos tres patios interiores más. Sin embargo, estos edificios posteriores están separados entre sí, por lo que la continuidad de los pasillos del proyecto original se perdió para siempre. Quien quiera ir, por ejemplo, de la Facultad de Medicina a la de Comunicación, o de ésta a la de Derecho, tiene necesariamente que pasar por el patio interno al que dan las respectivas Facultades.
El resultado es un campus que se ve muy bonito y homogéneo desde la Alameda. Dicha percepción se mantiene en los primeros patios, viniendo de esa entrada. No obstante, a medida que uno se interna en la Casa Central, yendo hacia Marcoleta, la desarmonía del conjunto, y la fealdad de algunos de sus rincones, se hacen cada vez más patentes. El campus Casa Central refleja así, involuntariamente, el alma nacional de un país en apariencia uniforme, racional y ordenado, pero que en verdad es fraccionado, arbitrario y desorganizado. A pesar de esto, y quizás por lo mismo, el campus y el país se cuelan en la memoria de los chilenos, y de algunos extranjeros. Ahí se quedan ambos, porfiadamente, de manera indefinida.
