Comiendo en un restorán, de una caleta de pescadores cercana a Viña del Mar, vi a una nutria flotando en la bahía. Estaba de espaldas, con la cabeza levantada y un par de moluscos sobre la guata. En una de sus manos tenía una piedra, que utilizaba para golpear las conchas que sostenía en la otra: así las abría y se comía el bichito del interior. A pesar de la distancia, podía distinguir perfectamente sus largos y tiesos bigotes mojados. Le pregunté a uno de los pescadores por la nutria flotante. Me contó que era un chungungo que había llegado hace unos días, y que se paseaba junto a otro más por la pequeña bahía. Mientras lo miraba abrir un molusco tras otro, dando cuenta de cada uno con fruición, pude ver la cabeza del otro chungungo que aparecía y desaparecía del agua: en distintos lugares, y sin ninguna regularidad.
Tiempo después, leyendo un artículo del diario, me enteré que el nombre científico del chungungo es lontra felina, y que tiene un pariente que habita más al sur que se llama huillín. Ambos miden aproximadamente setenta centímetros, de los cuales treinta o cuarenta son de cola. Mientras el primero prefiere las costas rocosas, el segundo opta por lugares con vegetación densa. El nombre científico del huillín es lontra provocax, y está en peligro de extinción debido a su caza ilegal y la destrucción de su hábitat. No es un animal particularmente bonito, aunque sí muy simpático de pinta. Como los chungungos que vi en la caleta de pescadores, cerca de Viña del Mar.
¿Por qué ameritaba el huillín un artículo periodístico? Por la sencilla razón que este mamífero, de nombre mapuche, ha impedido que una de las especies más dañinas introducidas en Chile se siga propagando: el pequeño, y tímido, visón. Debido a su voraz apetito, éste come huevos y crías de peces y aves, además de roedores, anfibios, crustáceos e insectos. O sea, devora la frágil fauna autóctona. Se ha hecho de todo para controlarlo, sin éxito. El avance del visón ha sido tal, que los especialistas llegaron a temer que lo único que lo podría detener es el desierto.
Hasta que se acordaron del huillín. Tanto éste, como el visón, tienen un hábitat y costumbres alimenticias similares. No obstante, los tres kilos del mamífero de América del Norte nada pueden contra los más de catorce de su pariente sureño. Ahora se piensa en reintroducir al huillín, primero en islas, y luego en el continente, a fin de hacer frente a la especie introducida. El huillín no va a erradicar al visón, pero ayudará a controlarlo. La simpática nutria local no será tan bonita ni lucrativa como su pariente nórdico, pero no se acompleja ante ella. Al contrario. Pareciera decir: aquí estoy yo, y que jué. Lo mismo que decían los simpáticos chungungos, de la caleta de pescadores.
