lunes, 4 de octubre de 2010
De noche en el día
Ya en sus primeros acordes me cautiva. Algo dentro de mí despierta de un profundo letargo. Un piano, y un par de manos invisibles, me hipnotizan desde lejos. Quién sabe dónde, quién sabe cuándo: alguien que no conoceré jamás me regala un puñado de minutos de una emoción intensa, llena de matices. Indescriptible. Es el Nocturno en mi bemol de Frédéric Chopin. Lo escucho de día, y mi vigilia se llena de sueños.
