martes, 19 de octubre de 2010

Time Machine

9pm, en punto. El recital comienza con un griterío ensordecedor. Estoy en la cancha del Estadio Nacional, rodeado por tipos que van de los veintitantos a los cuarentitantos. En las pantallas gigantes del escenario se proyecta un video donde los integrantes de Rush se ríen de sí mismos. Atrás mío, alguien recita el diálogo del video, a viva voz: como un mantra. Los canadienses no alcanzan a completar un acorde de su primera canción, cuando el estadio se viene abajo. Por lo menos en la parte que estoy yo… Saltamos como niños chicos, cantando “The Spirit of Radio”. Entre medio, se escuchan alaridos de fans descontrolados. La segunda canción provoca euforia: es nada menos que “Time Stand Still”. Volvemos a saltar y cantar, entre el clamor general. “Freeze this moment a little bit longer”, dice Geddy Lee en el escenario. No puedo estar más de acuerdo.

La intensidad del recital no disminuye. Los asistentes, sin embargo, se tranquilizan un poco. Todo cambia con “Freewill”. Las dos canciones que vienen después, “Marathon” y “Subdivisions”, nos llevan a saltar y cantar una vez más. Por suerte, los músicos hacen un intermedio –muchos ya no estamos para estos trotes. Transcurren unos minutos, y un nuevo video anuncia que el recital se reanuda. Empieza “Tom Sawyer”: delirio en el Nacional. Esta segunda parte es sin concesiones. “Red Barchetta”, “YYZ”, "Limelight", "The Camera Eye", "Witch Hunt", "Vital Signs". Todo el “Moving Pictures”, uno de sus mejores discos. Un tipo al lado mío emite, de tanto en tanto, gritos guturales. Largas partes instrumentales son tarareadas, a todo pulmón, por el público. A esta andanada de temazos, sigue el solo de batería de Neil Peart. Un clásico. A mi izquierda, un fanático lo graba íntegro. Lo veo mirar la pequeña pantalla de su cámara, extasiado, anticipando las veces que lo volverá a ver. En su casa y, probablemente, en la oficina.

Alex Lifeson toca una guitarra acústica de doce cuerdas. Se alcanza a escuchar el principio de “Closer to the Heart”, cuando el estadio se viene nuevamente abajo. “2112 Overture” y “The Temples of Syrinx” nos hacen saltar otro poco más. Los canadienses anuncian que, con la próxima canción, se termina en Chile el tour que comenzaran en EEUU hace unos meses. Han pasado casi tres horas, y tengo parte del cuerpo agarrotado. Así y todo, los escucharía un par de horas más. Con gusto. Rush se va, pero vuelve al rato. Tocan “La Villa Strangiato”, y finalizan con “Walking Man”. No es su mejor canción, pero sí su primer éxito. La elección no deja lugar a dudas. El grupo confirma abiertamente su propuesta original: pesada y progresiva. Un tercer video se ríe de los fans, quienes a su vez se ríen de si mismos. Luces, y para la casa.

Salimos del Nacional más que contentos, a pesar no de haber oído todas las canciones que íbamos a escuchar. Tres horas de “Time Machine”, en las que se nos paseó de la década del ’70 al presente, ida y vuelta, no fueron suficientes. Quedamos con gusto a poco, y eso nunca es malo. ¿Exagero si digo que Rush es un ejemplo de consecuencia? No creo. Mal que mal, sus integrantes tienen casi sesenta años, y llevan más de treinta y cinco como grupo. No les interesa ser populares, sino hacer lo suyo –y hacerlo bien. Por lo mismo, generan adhesiones profundas. Son lo que son, y quieren seguir siéndolo. Eso se agradece. Hoy, más que nunca.