lunes, 3 de enero de 2011

Ese alumno

Estudia en una universidad de segunda, o quizás de tercera, y lo sabe. No estuvo en un buen colegio, no vive en un buen barrio, pero sí tiene buenos amigos y una mejor familia (a veces, ni eso). Se levanta temprano todos los días de la semana, va a clases pase lo que pase, toma apuntes y aprovecha de hacer preguntas a los profesores, cada vez que puede. Para sus compañeros, es un bicho raro. En cada curso al que asiste es uno de los dos, tres o cuatro alumnos (a lo más) que tienen interés por aprender la materia. A los otros treinta, cuarenta o cincuenta estudiantes de la sala, sólo les interesa pasar el ramo, terminar la carrera, y chao. No comparte esa visión: por lo mismo, lo encuentran medio ahuevonao. ¿Qué tanto afán por ir a clases, tomar apuntes, hacer preguntas, y estudiar? Muchos de sus compañeros pertenecen a la primera generación de sus respectivas familias que llega a la universidad. Detrás suyo hay hombres y mujeres que se sacrifican día a día para que el pequeño príncipe (o princesa) tenga mejores oportunidades que las que ellos tuvieron. Pero eso no importa: a la universidad se va a pasarlo bien, y a recibir un cartón que habilite para ganarse unas lucas, que permitan el día de mañana pasarlo mejor todavía.

De tanto en tanto, aparece un pesado de universidad tradicional que lo mira a huevo, y se lo hace sentir (o se lo dice derechamente a la cara). Ese alumno sabe que su grado académico, así como su título profesional, valdrán poco en un mercado cada vez más competitivo, cada vez más saturado. Ya empieza a vislumbrar que tendrá que trabajar el doble (y ganar la mitad) durante sus primeros años de vida laboral. Está consciente de no tener buenos pitutos, y que por lo mismo no está en la misma situación que el alumno de privada precordillerana. Al momento de graduarse, tendrá que trabajar en lo que encuentre, y de ahí irse cambiando de pega (y de a poco). Ese alumno intuye, además, que tendrá que volver a estudiar en las tardes, después del trabajo y de su bolsillo, para agregar un postgrado a un débil currículum. Mientras tanto, apura el paso para llegar temprano a la próxima clase. Indiferente a un entorno mediocre, hace lo que tiene hacer, contra viento y marea.

No exagero si digo que ese alumno, me resulta simplemente heroico.