jueves, 5 de marzo de 2009

Bitácoras y botellas

Al crear este blog se me preguntó si aceptaría comentarios a mis entradas. Dije en ese momento que no. Más de algún amigo me ha preguntado desde entonces por qué no. Uno, en particular, ha insistido en que un blog debe necesariamente tener una opción para que sus lectores hagan comentarios. Dice que es de la naturaleza del blog entrar en diálogo, online, con otros. Debo reconocer que esta figura me resulta ajena, incómoda. No me gusta la cultura del debate por el debate en la que estamos inmersos. Vengo del cálido mundo de los libros, donde la relación entre el escritor y su lector se forja en la palabra impresa. Es una relación que no reconoce límites temporales ni espaciales. A través de la lectura conocemos personas que habitaron otras tierras y otros años, pero que nos hablan con una cercanía que muchas veces no encontramos entre quienes nos rodean físicamente y a diario. El vínculo que se crea entre el escritor de libros y sus lectores es fuerte. Hay una intimidad que ninguna relación proto-judicial, de réplica y dúplica a través de internet, puede homologar. Pero no es un libro lo que escribo, sino un blog. ¿No tendrá razón mi amigo? La única forma de determinarlo es contestando a otra pregunta.

¿Qué es un blog? Convengamos en que dan para todo y sirven para casi todo. Para algunos será una forma de dar a conocer gustos, intereses, u opiniones. Para otros será una especie de diario en línea. Según leí por ahí, la palabra “blog” es la abreviación de “weblog”, que traducido al castellano vendría a ser algo así como una bitácora de internauta. Esta figura se acerca a mi idea de blog, y se emparenta con otra que me atrae mucho: la del mensaje en una botella arrojada al mar. Tengo claro que nadie, o muy pocas personas, hacen esto hoy en día. Me consta, sin embargo, que la figura no ha perdido vigencia. Pero, ¿qué tienen que ver un mensaje, una botella, un mar, una bitácora, y la internet? Poco y mucho. El cuaderno de bitácora es el libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación de un barco. Mi blog es, en parte, eso. No pretende, ciertamente, ser un recuento exhaustivo de los pensamientos y sentimientos acumulados en mi anónimo viaje, que empezara en Lima allá en la década del ’70. Sólo busca compartir algunos de estos pensamientos y sentimientos, con quién se anime a leerlos. Es, así, un cuaderno de bitácora incompleto, compuesto de esbozos. Es, asimismo, un cuaderno de bitácora en una botella, en un mar. La botella es mi blog, y el mar, la internet. No quisiera que fuera de otra manera. Quizás nunca conozca a quien reciba este cuaderno, en quién sabe qué orilla, de quién sabe qué playa. Y si lo o la conozco, quizás nunca sea del todo. Pero hay estarán mis mensajes, y aquí estará mi botella.